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Mónica Domínguez, en la explotación que tiene en Peromingo.
El movimiento 'Slow food' llega a Salamanca: «En unos años sabremos si mereció la pena»

El movimiento 'Slow food' llega a Salamanca: «En unos años sabremos si mereció la pena»

Los jóvenes ganaderos Roberto Morato y Mónica Domínguez acaban de empezar desde Peromingo la comercialización de carne, como ya hacen con la miel

Susana Magdaleno

Salamanca

Jueves, 20 de junio 2024, 20:58

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Mónica Domínguez es ganadera de «veintitantos» años y tiene junto a su pareja, Roberto Morato, una explotación de vacuno y apícola en Peromingo, un municipio en el que residen menos de 100 vecinos pero que tiene la peculiaridad de que los jóvenes «se han ido y han vuelto». Es el caso de Mónica, hija y nieta de ganaderos, y que tenía claro desde pequeña que quería formarse en algo relacionado con el campo, de ahí que decidiera estudiar ingeniería agrícola. Después, a finales de 2022, empezó con su propia explotación mixta. Tiene junto a Roberto las colmenas y unas 90 vacas, más terneros y tres sementales, con una clara apuesta en ellos por los limusines puros.

El toque diferente lo dieron las ganas de tener una ganadería sostenible, con productos de calidad «que sean valorados». Con ese objetivo comenzaron la comercialización de la miel hace dos años y llevan ya dos meses con la venta directa también de la carne de vacuno que producen. Desde hace unos 4 años enseñan todo su trabajo en redes sociales para que sea considerado por la sociedad «porque a día de hoy -dice Mónica- el trabajo en el campo no se valora». También forman parte de la comunidad Slow Food constituida en la Ruta de la Plata. «La hemos creado con otros compañeros, todos jóvenes emprendedores, y se trata de un movimiento que está en Barcelona, Galicia... pero que aún no había llegado aquí. Buscamos como objetivo producir alimentos buenos, de calidad, con precios justos al consumidor y al productor y sostenibles con el medio ambiente».

Mónica incide en que en su explotación se cuida mucho la rotación de parcelas del vacuno con el objetivo de que sean rentables para las reses y, además, que el suelo pueda regenerarse. «Buscas un equilibrio con el ecosistema, con la flaura, la flora... y que sea más rentable».

En todo este camino, a Mónica le han sorprendido las dificultades burocráticas. «Llega un punto en el que, aunque tengas una base, resulta muy complicado avanzar», dice. «Si tienes un poco de formación te puedes defender un poco pero la gente mayor...».

Le ha sorprendido también lo diferente que es el mercado del vacuno de vida del de vacuno de carne. «No es sencillo y no tiene nada que ver», dice. De momento no se marcan objetivos de venta, y trabajan en cierto modo a demanda. Con la miel ya tienen mercados abiertos en tiendas gourmet y, a partir de la trashumancia, producen miel milflores, de retama, la del bosque y de encina, «que es el producto estrella».

«¿Cómo se hace esto? Pues durmiendo muy poco, no teniendo vida... Dentro de unos cuantos años podremos ver si mereció la pena. A día de hoy sale porque le ponemos muchas ganas y nos gusta lo que hacemos. Si no te gusta, no aguantas ni medio mes en el campo porque no es sencillo. Intentamos estar el máximo de horas funcionando porque nos gusta y apasiona esto».

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