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Eduardo Velasco, con su tractor. ALMEIDA
El agricultor que intenta no faltar a una tractorada: «Donde nos sentimos muy queridos es en Madrid»

El agricultor que intenta no faltar a una tractorada: «Donde nos sentimos muy queridos es en Madrid»

Eduardo Velasco fue con su tractor desde Salamanca hasta la capital y recuerda momentos «inolvidables». Supone que influye que allí no están acostumbrados a tractores, también Ayuso y Almeida...

Susana Magdaleno

SALAMANCA

Martes, 19 de marzo 2024, 11:30

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Dice que lo de menos ha sido el gasto. Calcula que en ir con el tractor desde Salamanca a Madrid se dejó 200 euros «o ni llega». «Te dejas dinero pero tampoco es un gasto que no puedas asumir», dice Eduardo Velasco, agricultor de Aldeatejada, que no hace más que sumar actos de protesta. Se manifestó el 6 y el 8 de febrero en Salamanca, luego el 21 en Madrid, en Babilafuente, el pasado viernes en Valladolid, estuvo también en el puerto de Santander... y si no acudió a más actos, como el del pasado domingo a Madrid, fue porque no pudo. «Pero sí que lo sentí».

Para él es importante seguir en las calles los próximos días. De momento, con lo que se queda es con el apoyo de la gente. Y la espina clavada es la menor asistencia a las últimas, sobre todo a la de Babilafuente y Valladolid. «En Salamanca el sector es mayor y se nota. Iba hacia Valladolid esperando ver tractores que se unieran y esperé una hora a un chico que venía de Martinamor y en ese rato no vi pasar un tractor. Fue desilusionante. Luego, al llegar a Valladolid, un hombre venía de Medina de Rioseco con un tractor de hace 30 años y pensaba en el esfuerzo que había hecho, con 3 ó 4 horas de viaje y sentado sobre una piedra».

Ya en Valladolid lo que notó y le sorprendió luego por las calles fue la «indiferencia» de la sociedad. «Será porque están más acostumbrados a tractores». En las tractoradas de Salamanca sí notó en todo momento el cariño de la gente, aunque lo que le sorprendió de verdad fue Madrid. «Donde nos sentimos muy queridos es en Madrid. Lo que he vivido en Madrid, en la calle Princesa, no lo olvido. Eso parecía la vuelta a España, con todo el mundo aplaudiéndonos. Veías gente joven, hasta tengo el recuerdo de una chica que salió de la peluquería con los rulos y el papel albal para aplaudirnos. No sé si sería por la sorpresa, porque no estén acostumbrados a ver tractores... Supongo que también influye la cantidad de votos que tienen allí Ayuso o Almeida. No sé. Fue increíble, inolvidable».

Eduardo cree que las protestas han servido para que la sociedad valore a los agricultores. «Antes nos veían un poco como los tontitos», dice este delineante que nunca se dedicó a esa profesión porque lo que le gustaba era el campo.

«Cuando alguien me pregunta a qué me dedico, le digo que a producir la cebada para la cerveza que se está tomando; a producir el cereal para engordar el cerdo que se va a comer... Como no cultivamos brócoli, productos de huerta, reconozco que cuesta ver qué hacemos, no se ve tan directo, y hay que explicarlo. Les digo, si tuvieras que alimentar a tu cerdito o a la vaquita, no podrías vender seguros o ejercer de abogado y para eso estamos nosotros».

En relación a que tienen tractores grandes, que también se lo han dicho, Eduardo contesta que «si siguiéramos con los tractores de mi padre, les digo que no conseguiríamos darles de comer tan barato y tanto, porque la producción sería mucho menor. La tecnología del tractor es superior a la de cualquier otro vehículo». Por eso, unido a esto, advierte de lo endeudado que está el campo. «Cada tractor vale mucho».

A la hora de hacer balance de las protestas, otra cosa es lo que se ha conseguido a nivel no de imagen, de soluciones. Según Eduardo, poco. Insiste en que las propuestas «no convencen» y explica que van dirigidas a los pequeños agricultores, «no a los agricultores profesionales». Él cree que lo fundamental es conseguir precios justos. Sobre si las administraciones les apoyan, tiene claro que más la Junta de Castilla y León que el Gobierno «pero también porque le damos más al Gobierno que a la Junta. Si le diéramos a la Junta, veríamos a ver si nos apoyaban».

Eduardo señala que el campo está en peligro. En su pueblo, Aldeatejada, cuando empezó él a los 20 años eran 17 agricultores y ahora quedan 7. Y en su caso, la esperanza de que alguien siga con la explotación, ya montada, está en un niño de 12 años porque sus sobrinos ya han dicho que no quieren trabajar en el campo.»Yo espero jubilarme aquí. Soy animoso. Tengo esperanza. Solo pedimos que nos dejen trabajar», y habla de la burocracia y de las trabas medioambientales... «No quiero ni la PAC», dice.

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