06 diciembre 2019
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La ruta más refrescante (y natural) de Salamanca

La Sierra de la Quilama, uno de los espacios naturales más bellos de la provincia, nos brinda la posibilidad de hacer un recorrido por las pozas con las aguas más cristalinas y refrescantes

Valero /
20 ago 2019 / 13:53 H.

El verano comienza a enfilar su recta final, pero los días de calor intenso todavía nos acompañarán, incluso cuando las piscinas municipales hayan cerrado sus puertas. Tranquilos, hay alternativas. Una de ellas son las playas fluviales y piscinas naturales con las que cuenta la provincia de Salamanca. Ya hablamos de ellas en esta información. Pero se puede ir un paso más. Mezclar una atractiva ruta de senderismo con un recorrido por algunas pozas y zonas de baño naturales en las que podremos aplacar las altas temperaturas con la mayor tranquilidad del mundo. Viajamos a uno de los parajes naturales más bellos y especiales de Salamanca, la Sierra de la Quilama.

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Los lamentos de la reina Quilama se siguen escuchando entre unas verdes montañas que parece dibujadas por el mejor pintor realista. La amada del rey don Rodrigo sigue atrapada en su cárcel de piedra de la Cueva de la Mora. Los restos de la fortaleza en el que dieron rienda suelta a su amor se diseminan por el enigmático pico del Castillo. Y descendiendo hacia el valle nos encontramos Valero. Una localidad que, aunque se haya despojado en parte de su arquitectura tradicional, puede presumir de tener un entorno casi de ciencia ficción. En la carretera que une el paraje de las Puentes del Alagón con Valero comienza esta ruta de senderismo por las pozas de la Sierra de la Quilama. Un itinerario destinado a aquellos que están acostumbrados a caminar por el campo y que requiere ir pertrechado de botas de senderismo, bastones, ropa cómoda (pantalón largo a ser posible) y protección solar. El agua ya la ponen los arroyos de las Quilamas, Horcajo y La Palla.

La ruta más refrescante (y natural) de Salamanca

Podemos dejar el coche en uno de entraderos que hay en la carretera, muy cerca de la desembocadura del arroyo de las Quilamas en el río Alagón. Caminaremos por la carretera durante tres kilómetros con precaución hasta llegar a Valero. Allí podremos darnos el primer chapuzón en su piscina natural, una de las mejores de Salamanca. Un pequeño paraíso que a primera hora de la mañana estará, a buen seguro, en total soledad. Tras este parón comenzaremos a ascender por el llamado Camino de los Nogales que sale justo enfrente de la piscina, al otro lado de la carretera que sube hasta San Miguel de Valero. Es el tramo más duro del recorrido porque la subida es constante, aunque cómoda. Poco a poco nos adentraremos en la vegetación característica de la Sierra de la Quilama donde destacan las encinas, los robles, las jaras y los madroños.

Una vez que culminemos la ascensión nos toparemos con una de las postales de la ruta. Se trata de El Robledillo, una zona de altísimos pinos de repoblación donde los rayos del sol entran con timidez. Dejaremos el sendero principal girando a la izquierda por uno que apenas es visible por culpa de las jaras y de la maleza. Al no estar señalizado es fundamental llevar GPS y el track de Wikiloc que acompaña a esta información. De esta manera no habrá ninguna pérdida.

La ruta más refrescante (y natural) de Salamanca

Comenzamos a descender y, tras cruzar los regatos de La Barbancha y del Mosquito (que probablemente estarán secos), transitaremos en paralelo al arroyo del Horcajo. Es momento de parar en alguna de las pozas que veremos perfectamente desde la ruta para darnos un chapuzón en sus aguas totalmente cristalinas. Hay al menos tres con una profundidad suficiente para disfrutar del siempre reconfortante baño en la naturaleza.

La ruta más refrescante (y natural) de Salamanca

El sendero sigue por un paisaje verdaderamente hechizante donde los roquedos se convierten en auténticas obras de arte. La esencia de la Sierra de la Quilama. El arroyo del Horcajo desemboca en el de la Palla, que nos acompaña en el tramo final de la ruta. Lo veremos desde las alturas. Habrá que estar pendientes porque a nuestra derecha aparecerá la joya de la corona del trayecto. La chorrera de Gancho Bermejo en el arroyo de la Palla. Una doble cascada que forma una gran poza de aguas frías y transparentes. La bajada es bastante complicada y un tanto peligrosa. Sólo al alcance de montañeros y senderistas experimentados. Por lo tanto, si hay dudas, mejor disfrutarla desde las alturas y seguir adelante.

La ruta más refrescante (y natural) de Salamanca

La ruta concluye en un olivar que cruzaremos para regresar a la carretera de las Puentes del Alagón donde hemos dejado el vehículo. Si queremos rematar la faena, nada mejor que darse un nuevo chapuzón, esta vez en el paraje del Piélago donde el arroyo de la Palla muere en el río Alagón.

La ruta más refrescante (y natural) de Salamanca

De esta manera ponemos fin a una de las rutas más atractivas que se pueden hacer en Salamanca. Un trayecto no señalizado en el que, nunca está de más decirlo, habrá que actuar con absoluta responsabilidad y respeto al medio natural. Estamos ante una auténtica joya de nuestra provincia que hay que admirar y preservar.

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