15 diciembre 2019
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La Arribes más auténticas. Ruta por los miradores de Aldeadávila

Recorremos las mejores vistas del cañón del Duero en el entorno de la localidad ribereña

20 nov 2019 / 13:37 H.

Una de las grandezas de las Arribes del Duero es la diversidad de su paisaje. El río siempre avanza encajonado sirviendo como frontera natural entre España y Portugal, pero es muy diferente contemplarlo en el salto de Saucelle que en el de Aldeadávila. En el primero, el cañón se ‘desparrama’ dejando espacio a cultivos como las vides, los olivos y los cítricos. Sin embargo, junto a la imponente presa de Aldedávila la roca granítica se despoja de la vegetación y forma unas monumentales paredes de hasta 500 metros de altura.

Esta ruta se adentra en ese paisaje vertical que sigue siendo un gran desconocido para muchos. A lo largo de 16 kilómetros, caminamos por uno de los senderos que nos ofrecen una visión más completa y auténtica de las Arribes. Salimos de Aldeadávila de la Ribera del camino que parte de la ermita de La Santa en dirección a los miradores de Rupitín, Rupurapay y Lastrón. Nuestra compañía serán los huertos, los olivares y algún naranjo que encuentra el hábitat perfecto en la agradable temperatura que se registra por estos lares.

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En la primera intersección giraremos a la izquierda en dirección a Rupitín y Lastrón y aparecerán ante nuestros ojos algunos robles y más campos de olivos y de almendros. Todavía el Duero y sus Arribes se harán de rogar. En el siguiente cruce empezaremos a ver los mástiles con marcas blancas y verdes que nos acompañarán durante el resto de la ruta. Cruzaremos un puente y giraremos a la derecha siempre en dirección a Rupitín y Lastrón. El descenso será casi vertiginoso y a nuestra derecha comenzaremos a intuir el cañón del Duero y los bancales donde brotan vigorosos olivos y almendros aprovechando su abrigo.

Llegaremos a un punto donde el camino se bifurca entre las direcciones al mirador de Lastrón y al de Rupitín. Tomaremos la segunda y a partir de ese momento las vistas del Duero cogerán el protagonismo. Sobran las palabras, porque nos sentiremos unos auténticos privilegiados. En un día claro o con una niebla leve, el escenario será idílico. Imposible no enamorarse de este paisaje después de contemplar semejante espectáculo natural.

Una vez que lleguemos al mirador de Rupitín, la pista concluye y comienza lo bueno. Siguiendo los mástiles con las marcas verdes y blancas, tomaremos un sendero que sigue descendiendo hasta llegar prácticamente a pie de río. Veremos perfectamente la orilla portuguesa y tocará recargar fuerzas para comenzar el tramo más duro de la ruta. El sendero inicia su ascensión por la ladera del cañón zigzagueando entre matorrales bajos, algún pino y rocas cubiertas de musgo.

La Arribes más auténticas. Ruta por los miradores de Aldeadávila

Encontraremos una bifurcación en la que habrá que seguir por la derecha. Subiremos un poco más para comenzar a caminar por la zona más alta del cañón entre grandes domos graníticos, sin apenas vegetación. Ensimismados con la espectacularidad de la vista y contemplando la silueta de la freguesía portuguesa de Bruçó, llegamos hasta uno de los miradores más espectaculares de las Arribes del Duero. Para alcanzar el Picón de Felipe nos tendremos que desviar unos metros del sendero. Merecerá la pena. Asomarse en sus balcones al cañón del Duero es una experiencia única y no apta para personas que sufran vértigo. Contemplaremos la presa de Aldedávila y podremos imaginarnos a Felipe, el ribereño enamorado de una joven portuguesa que acudía cada día a este paraje con intención de derribarlo y que las rocas le permitieran cruzar al lado luso para ver a su amada. Una leyenda que otorga mayor misticismo y encanto al paraje.

Volveremos sobre nuestros pasos con la opción de seguir la ruta hasta el mirador del Fraile (lo que nos obligaría a hacer casi 20 kilómetros) o regresar a Aldeadávila por una cómoda pista que enlaza con la Senda del Duero. Un consejo es acudir posteriormente en coche al mirador del Fraile ubicado justo encima de la presa y cuyas vistas son también excepcionales.