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Juan del Álamo, toreando la verónica a un carretón. LAYA
Juan del Álamo: «No vivo del toro pero estoy más ilusionado que nunca con el toreo»

Juan del Álamo: «No vivo del toro pero estoy más ilusionado que nunca con el toreo»

En julio cumplirá trece años de alternativa y le han vuelto a dejar fuera de San Isidro, en el que no torea desde 2019, dos ciclos después de su puerta grande. La falta de contratos no le quita la ilusión, dice que se la fortalece y reconoce que disfruta y siente el toreo como nunca. Está dispuesto a demostrarlo en el ruedo: «Es fácil hablar fuera de la plaza».

Javier Lorenzo

Salamanca

Miércoles, 14 de febrero 2024, 22:38

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Si un torero es como habla, Juan del Álamo es un torero distinto. De sus palabras se denota una madurez que le ha dado el paso del tiempo. También el banquillo al que le han condenado. Habla y siente el toreo. Y lo saborea. De momento poco, solo lo que le dejan, casi nada. Madrid se ha vuelto a olvidar de él. Pese a que los argumentos en esta plaza siguen vigentes y hablan por sí solos. La tranquilidad que le invade el alma la transmite en la conversación, improvisada, sin hilo establecido. Quiere volver a subirse al tren y se ha puesto en las vías para no dejar pasar la oportunidad. En la conversación se le acaba enfriando el café, en el entrenamiento diario ralentiza las embestidas que acompasa su hermano David. Se han citado en el parque de Würzburg, que es uno de los escenarios del entrenamiento diario. No el único. Allí aprovecha el suelo de tierra de unas pistas de petanca en las que sueña lances y naturales, para ensayar estocadas, con sus fieles escuderos, un día su hermano David, otros Roberto Blanco, ambos le acompañan en su cuadrilla y a ellos les confía sus sueños. No son los únicos. Los niños y mayores que transitan por el parque miran atónitos las ilusiones de un torero que vive en un mundo que desvive a otro ritmo. Juan del Álamo no es que siga viviendo el toreo, es que lo está disfrutando más que nunca cuando más lejos está de los grandes escenarios que le acogieron en sus primeros años de alternativa, donde se ganaba los contratos a base de triunfos y asentado en una independencia a la que la Fiesta le ha dado portazo. Por las mañanas atiende una explotación porcina a la que también está entregando su vida. Es su forma de reinventarse. Y ahí no le duelen prendas ponerse las botas, llenarse barro y entrar en las pocilgas para atender al ganado: «¡Soy un granjero más!», confiesa orgulloso en esa tarea que va desde la cría del cochino, al cuidado de las madres y a la ceba. De manera modesta llegó a lanzar también su propia marca de ibéricos y, poco a poco, trata de hacer la rueda completa con trabajo y humildad, la misma con la que saboreó la gloria vestido de luces.

Juan del Álamo, en un alto para el reportaje fotográfico de Manu Laya, durante una jornada de entrenamiento.
Juan del Álamo, en un alto para el reportaje fotográfico de Manu Laya, durante una jornada de entrenamiento.

¿De qué le sirvió la campaña de 2023?

-Para retomar el contacto que perdí, 2022 no toreé y me sirvió para darme cuenta de que mi vida es el toro. Me sirvió para reengancharme. La temporada, toreando poco, la disfruté mucho, pese a que hubo cara y cruz.

¿Cómo afronta esta de 2024?

-Incluso con más ilusión que en otros momentos que lo tuve todo más a favor. Ahora no tengo ni un festival, pero disfruto el día a día, los entrenamientos, hablando con mis compañeros, de los tentaderos... eso me alimenta.

Ya, pero de eso no se vive…

-¡Claro que no! No me queda más remedio que trabajar, es algo que asimilé hace años. En el toro, pese a lo que he hecho, cuando uno no torea ni se gana dinero ni se vive. Hoy el toro no es mi medio de vida, pero desde la sencillez y la humildad que siempre me caracterizó, tengo otras cosas a favor para estar ilusionado en la profesión.

Sigue con Lázaro Carmona, ¿qué le aportó y qué le puede seguir dando?

-A Lázaro le estoy muy agradecido. Llegó en un momento en el que no estaba animado para seguir en la profesión. Se acordó y se preocupó, vio un torero recuperable, confió y confía en mis posibilidades. Es un gran profesional, un torero y un taurino de los de antes del que aprendo mucho. Tiene torería, que es muy importante. Además se ha adaptado a los criterios que tuve siempre, de ir por derecho. Confío en mi espada y mi muleta, no le pido nada al apoderado. El mejor apoderado es uno, solo espero que cambie la moneda y tenga ese mínimo de suerte para aprovecharlo, me veo capaz y preparado.

¿Llegó a pensar que algún día el toreo se pondría como está hoy?

-Sinceramente no. Siempre he mirado mi lado, mi circunstancia, mi momento, me preocupé de mí. Un torero no es el más indicado para preocuparse por el futuro de la profesión. Un torero está para preparase y dar lo mejor cada tarde. Siempre estuve preocupado y metido en mi día a día. No hay duda que antes y después del covid ha habido un cambio brutal: reducción de festejos, menos oportunidades. Hay cosas que no tienen sentido. Está así y no lo voy a cambiar, hay que centrarse en uno y, ante las adversidades, dar el máximo.

Si mira para atrás, ¿qué ve en su carrera y con qué se queda?

-Hubo altibajos, viví el peor lado y el mejor. Estuve en las ferias, viví desde dentro un momento bueno del toreo. Me quedo con la dignidad que siempre fui por la profesión. Y la categoría que le he dado y la que me ha dado, la categoría viene si se la das. Sin volverme loco, he sido un torero que he tenido momentos buenos, malos... Tuve la suerte de ir las ferias, vivir momentos maravillosos, me llamaban las empresas, los apoderados, llegué a hablar siempre del dinero, de las corridas en algún momento, que no es fácil. Hoy eso es inalcanzable si no eres figura. En eso me siento orgulloso, he defendido siempre la integridad, la dignidad, viví con categoría la profesión. Hablabas de todo, cuando iba a un sitio sabía cómo iba y venía. Eso es darse a respetar. Eso me queda. En el lado sentimental hubo momentos de novillero maravillosos; de matador, corté cinco orejas consecutivas en Madrid, esas sustituciones de Morante que eran si o sí para mí. Cuando empezaban las temporadas y te llamaban, hubo tardes muy bonitas, la del 15 de agosto a un toro de Montalvo en Madrid; una faena en Zamora a uno de Mayalde; en Salamanca, muchas, la del indulto de Domingo Hernández... Me quedo con que la profesión me lo ha dado todo, valores fundamentales, y todo lo que tengo, la educación, el respeto...

¿El mejor Juan del Álamo (con 32 octubres y camino de 13 años de alternativa) ya se ha visto o está por llegar?

-Está por llegar, siento que es ahora. Con la mano en el corazón te lo digo, ahora es cuando mejor estoy, cuando mejor me encuentro, cuando más disfruto, cuando más miedo paso, pero también cuando más me gusta pasar ese miedo que hace sentirme vivo.

¿A qué se aferra un torero así?

-Al toreo de salón, a profundizar. El toreo para mí es infinito, nunca se acaba de aprender, cuando está abierto, cuando hay esa ilusión, esa capacidad, el toreo siempre te da algo. El toreo siempre merece la pena aunque no haya contratos. Es un ejercicio de mentalización, espiritual. Te aisla, te da tranquilidad, te hace entrar en una nube en la que parece que eres un niño jugando. A eso me aferro, a buscar diariamente, a profundizar y sentir el toreo.

¿En qué ha cambiado el toreo de hace una década al que tenemos hoy?

-En mucho. Antes, la ansiedad por el triunfo no dejaba expresarme como era como torero. No podías dejar de triunfar, a agarrar esa oreja, eran las orejas y nada más. Ha cambiado la madurez que antes no tenía, era un toreo de ir a por el triunfo, pero no de calar y quedar en la memoria del aficionado. Que aquello fuera un disfrute y un momento eterno que es de lo que se trata. Aquello lo tuve que vivir para sentir ahora esto. Antes eran ganas, ganas y querer. Ahora hay que tenerlas igual pero sabiendo masticar cada momento para dar lugar al sentimiento y al ser. Eso te hace ser único, distinto y diferente.

¿Y el toreo en qué es diferente?

-Siempre ha sido difícil, pero ahora hay menos oportunidades que antes. Ahora hay que ser más único que antes. Antes había más toreros (...piensa...) como del montón, sin desmerecer, segundones y figuras del toreo. Ahora o eres figura o eres una novedad o luego lo demás tienes que ser un torero reciclado o con algo que decir. Lo demás no vale.

Y Juan del Álamo, ¿qué torero es?

-Creo que tengo mucho que decir. Soy un torero consciente de lo que soy, de lo que hago y de lo que quiero hacer. Por eso creo que estoy en el mejor momento. Es fácil de decir y difícil de hacer. La constancia y la preparación es clave por si llega el momento de demostrarlo.

Las ferias cerradas y los pueblos prostituidos, si dice que «no» a una proposición indecente hay decenas de toreros que aceptan. Si no torea no existe. La situación parece delicada se mire por donde se mire...

-Que las ferias estén hechas no es de ahora, pero antes había más huecos. Lo que está faltando es la recompensa al torero medio que se jugaba la vida en la plaza y ya no la tiene. Eso no puede faltar. Esa recompensa tiene que existir sí o sí. No puede fallar. Sigo creyendo en eso y, por eso, estoy en esto. No creo en lo demás. Nunca creí en un apoderado que me diera una temporada hecha...

(Le interrumpo, porque Juan del Álamo tuvo algún invierno en el que le llamaron las principales empresas para apoderarle y les dijo que no apostando por la independencia). En su caso habla con conocimiento de causa...

-Es verdad. Salvo un año que me apoderó una empresa, aunque jugó con la ventaja de una puerta grande de Madrid. Fue un solo año. Mi carrera siempre estuvo basada en la independencia y eso hoy en día es impensable. Pero claro, qué pasa, si eres un torero que te quieres dar a respetar si te vas con una empresa vas a estar utilizado. Si quieres ser el torero que sientes y quieres ser, tienes que ver esa recompensa. Por tanto, sigo sin ver a un torero que dependa de una empresa. Me atrevería a decir que las figuras dan más de sí cuando son independientes que cuando les apodera una empresa. Cuando eres independiente te estás jugando todo, la cartera, la vida y quedarte en casa... Al final eso te hace sacar todo, si tienes ambición. Morante de la Puebla no necesita a nadie y es el mejor. No necesita empresas, no le hacen falta ninguna a su lado.

¿Quién tiene la culpa de todo esto, el empresario que hace proposiciones deshonestas o el torero que acepta?

-El toreo es un negocio, aunque eso el aficionado no lo ve. De no ser un caso excepcional, como se ha reducido todo tanto, no te respetan salvo que seas un caso extraordinario. Se han perdido esas empresas que tenían su gente para ver y buscar toreros que podían sorprender. Eso le daba al toreo un sentido que salía del negocio puro y duro. Eso no interesa hoy, pero si somos realistas y queremos que esto siga eso no puede faltar tampoco, tiene que haber competencia, si no hay competencia los toreros no se aprietan con sus rivales. No hay nada peor para un torero que una competencia directa, que venga otro y me coma el pan.

¿Dónde debía estar anunciado y no está?

-En Madrid debería tener mi sitio, mejor o peor colocado, pero debería estar. Mis cifras hablan solas.

Toreo de salón de Juan del Álamo, interpretando una trincherilla en un entrenamiento.
Toreo de salón de Juan del Álamo, interpretando una trincherilla en un entrenamiento. LAYA

 

Las cifras de Del Álamo en Las Ventas son 10 orejas y una puerta grande.

-Llega un momento que Madrid exige y se pone difícil, después de la puerta grande, me encontré allí con un toro de Las Ramblas, y noté que aquello iba para triunfo... pero surgió que Madrid ya no estaba de acuerdo, ese momento de Madrid que te exige más porque sabe que eres un torero que lo tiene. Cuando llega ese punto en el que no quiere que triunfes es porque te exigen y vales. Si no llega ese momento, malo. Prefiero sufrir aquello y superarlo a que no llegue ese momento.

¿Se siente reflejado en la situación de Sergio Serrano en Madrid? El torero de Albacete puso la Oreja de Oro a la venta en Wallapop después del ninguneo de la empresa, que no le volvió a atender desde aquel triunfo...

-Lo entiendo. Lo he vivido también, pero no lo comparto, porque esas cosas se ponen en contra. Serrano es un torero que se jugó la vida en Madrid, con con mucha capacidad. Ese esfuerzo debe tener recompensa. Me entristece que haya que llegar a ese punto. No me gusta. El toreo no tiene que protestar, el toroe siempre está y estuvo lleno de injusticias que hay que superar..

¿Cómo se arregla una situación así?

-Con la espada y la muleta. Lo demás no he estudiado para ello.

¿Cuál es el principal reto para esta nueva temporada?

-El objetivo es volver a Madrid, tengo la esperanza. No me vuelvo loco, se cómo están las cosas. Y volver a Pamplona. Y espero triunfar...

Entiendo que a Pamplona se agarra como a un clavo ardiendo.

-No me quiero hacer ilusiones pero tengo la esperanza de volver. No me cabe duda que mi apoderado está dando guerra y el objetivo principal es ir tarde a tarde. Sentir y dar lo mejor de mí.

Sus cifras

13 AÑOS. Juan del Álamo cumplirá el 25 de julio trece años de la alternativa que tomó en Santander (2011), de manos de El Juli y Miguel Ángel Perera, con toros de Jandilla. Aquella tarde dio la vuelta al ruedo en el toro de la ceremonia y cortó las dos orejas del sexto que le dieron el aval para salir a hombros por la puerta grande del coso de Cuatro Caminos.

170 CORRIDAS DE TOROS. Juan del Álamo suma 170 corridas de toros, con dos años en blanco (2020 y 2022). Su campaña más intensa fue en 2018 cuando toreó 28 corridas de toros. El resto numérico de su carrera se resume con 7 paseíllos en 2011; 9 (2012), 17 (2013), 20 (2014), 26 (2015), 20 (2016), 25 (2017), 28 (2018), 8 (2019), 3 (2021) y 7 (2023).

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