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Alfonso Urrutia, el espeléologo salmantino rescatado en la tarde de este lunes
Alfonso Urrutia, el espeléologo salmantino rescatado en la tarde de este lunes E. P.
ENTREVISTA A ALFONSO URRUTIA

El espeleólogo rescatado en Cantabria: «Llegué a las dos de la mañana a Salamanca y a las ocho ya estaba trabajando»

Alfonso Urrutia, tras 50 horas en una cueva de Cantabria, asegura que no ha sentido miedo, que sabía que el rescate iba a llegar y que hasta ha podido seguir con su rutina diaria y dormir a su hora. Este fin de semana piensa volver a Cantabria, para adentrarse en otra cavidad

Martes, 25 de junio 2024, 15:04

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Alfonso Urrutia, el espeléologo salmantino rescatado en la tarde de este lunes junto a la vallisoletana Paloma Bombín en una cueva de Soba (Cantabria), durmió apenas seis horas tras su regreso a casa, y sin más demora se incorporó a su trabajo como pintor en altura, oficio al que se dedica desde hace más de 20 años. Un oficio muy unido a su gran afición, su pasión, la espeleología, que no piensa abandonar pese a la 'odisea' vivida en las últimas horas, y que ya se plantea volver a practicar este mismo fin de semana, también en Cantabria porque para él, asegura «es el paraíso».

Mientras se organiza para volver a colocarse en vertical y trabajar, Alfonso ha atendido al momento y con total normalidad a la llamada telefónica de LA GACETA, a la que ha asegurado que lejos de sentir miedo, este episodio le ha valido tanto a él como a la espeleóloga vallisoletana para demostrarse que tienen la cabeza bien asentada, que sabían que les iban a rescatar y tanto él como su acompañante han sabido esperar con calma «abrazados con la manta térmica y calentándose el uno al otro» y siguiendo su rutina diaria: «Hemos dormido, no como en casa, pero hemos seguido los mismos horarios... sin miedo porque nos fiábamos, sabíamos que nos iban a rescatar».

No son ni las nueve de la mañana, cuando Alfonso coge el teléfono y no se sorprende al recibir la llamada de este medio: «Supongo que me llamáis por el circo de ayer...», comenta en referencia al impresionante despliegue de medios que ha originado su búsqueda. Asegura que esta noche, ya en su casa del barrio de Garrido, ha dormido, y «muy bien... pero los dos días pasados también», precisa y detalla: «Allí hemos descansado muy bien, nos lo hemos montado muy bien».

Alfonso trabaja desde hace más de 20 años como trabajador vertical -aquellos que trabajan a una altura considerable, con técnicas de acceso y posicionamiento a través de cuerdas en lugares de difícil acceso-, un oficio muy ligado a su verdadera pasión, la práctica de la espeleología.

Asegura que durante las más de 48 horas que permanecieron en la cueva, la mayor parte del tiempo extraviados y esperando el rescate, auxilio del que en ningún momento dudaron que iba a llegar, permanecieron tranquilos. Y respecto al gran dispositivo desplegado en torno a la cueva -un centenar de efectivos, helicópteros, drones y hasta la UME- señala que era de esperar y que ellos no temen sanción alguna porque en todo momento se encontraban dentro de una actividad organizada y cuentan con un seguro en toda regla.

«No tenemos ningún problema porque estábamos dentro de una actividad organizada y nosotros estamos federados en la actividad y contamos con un seguro en toda regla... estamos federados, es una condición indispensable y estábamos en una actividad programada y planificada dentro de unas jornadas que se hacen precisamente para hacer esas cavidades. Teníamos luz de sobra, cosa que no se ha dado a entender. Hemos salido con comida de sobra. Lo único que estábamos en una galería un poco perdida en una zona que no está topografiada», explica.

Por ello, «ante la duda», decidieron esperar el auxilio de los medios de emergencia: «El protocolo y nuestra experiencia, nos indica que tenemos que economizar, que tenemos que quedarnos, hacernos un punto caliente y esperar simplemente hasta que la gente viniera a buscarnos, porque sabíamos que nos iban a venir a buscar.... ahí ya está la experiencia y el temple».

«Lo hemos llevado estupendamente. Hemos pasado por momentos un poco más difíciles, pero en líneas generales hemos mantenido la calma». Durante todo ese tiempo perdidos en la cavidad pensaron, eso sí, «en la que se estaría montando ahí fuera», aunque, reconoce: «Al final ha habido mucha más gente y más de lo que nosotros pensábamos».

Sin embargo insiste en que lo ocurrido se trata de «algo muy normal, en estas actividades eso es fácil que pueda pasar», mantiene.

No tan bien como ellos lo han vivido sus familiares, que al no tener información sobre su estado, manifiesta, no sabían realmente en qué condiciones se podían encontrar, a pesar de ello señala: «Llevo practicando este deporte 25 años, entonces ya están acostumbrados. Saben que es mi forma de vida prácticamente también, más casi que un hobby o un deporte. Aparte de que hacemos otras muchas actividades más, no solamente practicamos espeleo, pero todo está muy relacionado con el tema... nuestros familiares ya están acostumbrados y me lo respetan porque es mi forma de trabajo, mi forma de vivir, es lo que hay», asegura Alfonso.

Tanto es así que a la pregunta de cuándo tiene pensado volver a entrar en una cueva no duda en responder: «Pues mira, estábamos pensando ya en la siguiente, que probablemente sea el próximo fin de semana y probablemente vuelva a ser por Cantabria también porque es que es el paraíso... para hacer esta actividad es lo mejor que hay».

El espeléologo salmantino asegura que con lo que ha ocurrido, tanto él como su acompañante se han demostrado que tienen la cabeza en su sitio, que han sabido mantenerse tranquilos y esperar al rescate, del que por supuesto en ningún momento dudaron.

Tanto es así que añade que hasta han podido conciliar el sueño porque han seguido con su vida normal aunque dentro de la cavidad. «Nos hemos demostrado a nosotros mismos que estamos a un nivel de 'coco' bastante bien, porque hemos estado 50 horas allí metidos allí sin entrar en bucle, ni dramatizar nada allí dentro ni nada por el estilo, pasándolo de la manera más normal del mundo». El tiempo que estuvieron allñí dentro lo pasaron, asegura, «abrazados con la manta térmica y calentándonos el uno al otro, teníamos de sobra: 'plumas', chubasquero, infiernillo eléctrico... pero bueno hay que estar fuerte a nivel psicológico para estar allí 50 horas».

«Hemos dormido, no como en casa pero hemos seguido con los mismos horarios... cuando llegaban las dos de la mañana, decíamos vamos a dormir». Y es que, insiste, ya sabían que los estaban buscando, incluso les pareció oír unas sirenas, pero muy a lo lejos: «En ningún momento tuvimos miedo, porque confiábamos en los equipos de búsqueda».

«Sabíamos que ya nos estaban buscando, pero como estábamos en una galería un poco alejada, lo sabiamos porque sabemos por el horario y por el protocolo que tienen establecido», añade.

Cuando al fin los encontraron, salieron por su propio pie. «Hemos remontado el pozo de salida por nuestro propio pie acompañados por dos compañeros del GREIM, nos lo han agradecirdo mucho porque normalmente la gente no sale así, hemos salido como cuatro amigos», expone, y señala que el tiempo en el que han salido ha sido «casi récord».

Alfonso explica que al estar dentro de una actividad establecida, programada, había gente fuera pendiente de la entrada y de la salida. Y que si no llamaron al 112, es porque estaban dentro de esta actividad: «Nosotros siempre siempre llamamos al 112, estábamos dentro de una actividad organizada por eso no llamamos, porque entendíamos que ya estaba el 112 avisado del protocolo y demás».

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