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El vicario de Pastoral, Andrés González, se dirige a los feligreses. ALMEIDA
SOS del obispo a los laicos para que den 'misas' ante la falta de sacerdotes

SOS del obispo a los laicos para que den 'misas' ante la falta de sacerdotes

La Diócesis hace un llamamiento a los feligreses para que realicen celebraciones en ausencia de presbítero en los pueblos

Ángel Benito

Salamanca

Domingo, 19 de noviembre 2023, 06:15

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411 parroquias, muchas de ellas dispersas entre sí, divididas en cinco arciprestazgos para una cifra de sacerdotes que no se renueva en la Diócesis de Salamanca: solo hay 61 curas menores de 75 años que se les considera activos, según las cifras aportadas por el obispo, José Luis Retana, mientras que el resto (en torno a 120) están jubilados aunque, salvo que haya problemas físicos, mantienen su compromiso en las parroquias. No obstante, llegar a todos los templos se ha convertido en una utopía.

Ante esta situación, Retana ya planteó como una de las prioridades en la Semana de Pastoral la implicación de los laicos. Es decir, que los fieles pasen de ser una parte pasiva a formar parte de forma activa en lo que el Papa Francisco considera una «Iglesia, en misión». Y en lo más básico: llegar a las celebraciones donde los sacerdotes, por puro físico, no pueden llegar en lo que se conoce como celebraciones en ausencia de presbítero. Son aquellas 'misas' que se realizan sin sacerdote y se ciñen a la lectura de la Palabra de Dios, y al reparto de la comunión, ya que la consagración es una función patrimonio exclusivo de los sacerdotes.

Con esta intención, la Diócesis lanzó una campaña dirigida tanto a las personas que desempeñan este ministerio, como aquellos que quisieran conocer esta labor para desempeñarla en sus comunidades. «Los laicos tienen un papel fundamental cuando en ausencia del sacerdote abren el templo y mantienen viva la presencia de la eucaristía con las lecturas o la distribución de la comunión», explica Andrés González, vicario de Pastoral. Los sacerdotes suelen rotar por semanas para tener una presencia continua en las parroquias, pero en esta tarea, para llegar a todas la ayuda de los laicos como celebrantes de la palabra se torna fundamental.

A la hora de poner en marcha esta iniciativa, el responsable de la delegación plantea dos motivaciones, una más que urge a la necesidad y otra a la corresponsabilidad. «Cada vez somos menos sacerdotes y tenemos más comunidades que pastorear y no llegamos a todas los domingos», sentencia. Por ello, considera importante que la comunidad se reúna y pueda celebrar de forma comunitaria. La segunda vía viene más acompañada del compromiso. «El laico por la propia vocación bautismal puede llevar a cabo una serie de tareas que las puede hacer perfectamente con la formación adecuada catequética, caritativa, litúrgica», incide. Por ello, tras considerarlo como una «prioridad» en la Semana de Pastoral se hizo un llamamiento al que acudieron 75 personas, entre los que venían ya realizando celebraciones de la palabra y los que se habían interesado en ella. «Primero, les dimos una palabra de gratitud por su disponibilidad y su gratuidad hacia la Iglesia diocesana. Y recordarles que son enviados por el obispo».

El objetivo es conseguir equipos apostólicos que estén conformados por sacerdotes, laicos y religiosas de vida consagrada con el objetivo de que la implicación vaya más allá de la celebración dominical e incluya la parte de catequesis, asistencial, etc... Las partes con más dificultades para que lleguen los párrocos se encuentra en las zonas de Vitigudino, Sierra de Francia, e incluso en La Armuña, donde el propio González tiene a su cargo a trece parroquias.

Y es que en la implicación de los laicos se encuentra gran parte del futuro, ya que el relevo generacional en los sacerdotes no llega. «La realidad en nuestra Diócesis es que la edad media del clero es elevada y somos muy pocos los sacerdotes «jóvenes» —Andrés González tiene 44 años—y solo un seminarista de la Diócesis de Salamanca. «Estamos atravesando un invierno largo de vocaciones para el sacerdocio», asume.

No obstante, el vicario de Pastoral señala que cada vocación debe considerarse «un milagro» y por lo tanto debe hacerse un trabajo en fortalecer la vida de las comunidades para suscitar vocaciones a la vida cristiana y generar compromiso.

El propio obispo de la Diócesis durante la celebración del Día del Seminario planteó la pastoral vocacional como una «prioridad» para la Iglesia local y pidió una implicación de todas las comunidades para llevarla a cabo. «Esto incluye desde el obispo, hasta el presbiterio, el Seminario, la Delegación de pastoral vocacional, las familias, comunidades cristianas, movimientos eclesiales».

Las celebraciones en ausencia de presbítero

¿Por qué son necesarias estas celebraciones?

La despoblación en las parroquias rurales y la disminución del número de sacerdotes es la principal causa de este tipo de celebraciones. En el medio rural, los sacerdotes suelen tener a su cargo un gran número de municipios, muchos de ellos dispersos entre sí, y a los que es imposible celebrar todos los domingos. Suelen rotar todas las semanas para tener una presencia continua en las parroquias.

¿En qué consiste una celebración en ausencia de presbítero?

La celebración dominical en ausencia de presbítero se ciñe a la lectura de la Palabra de Dios y al reparto de la comunión, ya que la consagración es una función patrimonio exclusivo de los sacerdotes. El celebrante no usará el altar, excepto para colocar el copón en el momento en que se vaya a distribuir la comunión.

¿Quién puede ejercerlo?

Los encargados de presidir estas ceremonias pueden ser laicos, religiosas o religiosos, independientemente de su sexo. Según los criterios diocesanos recogidos en el Directorio emitido por el obispo emérito Carlos López, se prima a los laicos pertenecientes a la parroquia, posteriormente al arciprestazgo y en caso de que no hubiera nadie en estos dos casos se recurriría a los equipos apostólicos que se quieren formar. En este aspecto, las personas elegidas deben caracterizarse, según el Directorio Diocesano, por ser «personas de ejemplar vida cristiana, cualidades para el trabajo en equipo y que, a ser posible pertenezcan a la comunidad parroquial donde ejercen».

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