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Charo García, en un momento de la entrevista. OBES
«La soledad es inhumana e insoportable»

«La soledad es inhumana e insoportable»

Charo García es sordociega y de luchar, incluso contra su familia, por normalizar su situación, ha pasado a pelear contra la lacra del S. XXI

Marian Vicente

Salamanca

Domingo, 30 de junio 2024, 11:58

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Su vida ha sido una lucha constante desde de su nacimiento. Nació sordociega y quiso normalizar su vida como una niña normal, pero se encontró contra los muros de sus padres, que no querían que estudiara. «Me faltó el apoyo de mi familia, sobre todo el de mi madre. Hice hasta sexto de Bachillerato, pero no querían que estudiara ya COU y, un día, mi madre me mandó a por el pan y me escapé para matricularme, pero finalmente, a la hora de formalizar la matrícula, no me dejó».

Charo García, ya desde niña, ha sentido un poco el aislamiento sobrevenido por su discapacidad y tal vez por la sobreprotección en un momento social en el que todavía no se había empezado a pelear por la integración, pero ella ha sido una gran luchadora que se ha echado a la espalda las dificultades e incluso no se le ha resistido obtener una titulación universitaria: «Soy diplomada en Empresariales». ¿Y cómo lo hizo si en ese momento todavía no conocía el braille, el sistema de lectura y escritura táctil pensado para personas ciegas? Pues, con su escasa visión de un ojo y mucha tenacidad, se acercaba los libros hasta casi toparse con las páginas y así fue como consiguió convertirse en universitaria y hacer 3º de Inglés y 2º de Alemán en la Escuela Oficial de Idiomas.

«Tengo la espalda y las cervicales destrozadas porque, si en mi casa me hubieran apoyado, al menos me habrían comprado un atril para facilitarme las cosas y no leer encorvada sobre los textos».

Después, conoció el trabajo que realizan en la Organización de Ciego, a la que se resistía porque no quería vender cupones. Allí, asistió a cursos, aprendió braille y, finalmente, empezó a trabajar en un quiosco de la Once.

Charo siempre se ha sentido sola hasta que conoció el programa municipal 'Salamanca acompaña'. En marzo del 2022, cambió su vida. «Ahora estoy con la gente, voy a cursos, he hecho amigas con las que quedo para ir a tomar algo... Lo malo es que son pocas horas y el día es muy largo y no sé qué hacer».

El peor momento del día es «el ratito de la siesta. Me acuesto para que se me pase cuanto antes».

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