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Mapa de la huella que Napoleón ha dejado en la provincia. RED SALMANTINA DE PATRIMONIO NAPOLEÓNICO
El rastro imborrable de Napoleón en Salamanca

El rastro imborrable de Napoleón en Salamanca

El pasado 24 de noviembre, se estrenó en la gran pantalla 'Napoleón', la película de Ridley Scott y Joaquin Phoenix. Los ejércitos del militar y político francés dejaron una estela de viajes y restos bélicos en la provincia salmantina: el 26 de noviembre, la batalla de Alba de Tormes cumplió 214 años

Elena Martín

Salamanca

Domingo, 10 de diciembre 2023, 07:39

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Salamanca es una provincia llena de historia. El rastro imborrable de las personalidades que han pasado, tanto por la capital como por muchos de sus municipios, no deja lugar a dudas. Uno de los nombres que han calado profundo en los anales de la capital del Tormes es el de Napoleón Bonaparte, que, 202 años después de su muerte, sigue dando de qué hablar. Con el estreno de 'Napoleón' en la gran pantalla, el debate sobre si este militar y político francés fue un genio visionario o un tirano ha vuelto a escena.

Su huella en el imaginario político francés, imperante a lo largo del siglo XIX, resurgió en el XX y, ahora, en el XXI, vuelve a ensalzarse con el trabajo de Ridley Scott y Joaquin Phoenix. Los ejércitos del 'pequeño cabo', que es así como era conocido, han dejado una larga estela de viajes y restos bélicos en Salamanca, donde muchos personajes se toparon con el carismático militar recorriendo millas y derramando sangre, lo cual derivó en algunos daños al Patrimonio Histórico que, ahora, pretende ser recuperado por la Red Salmantina de Patrimonio Napoleónico.

Un patrimonio dañado

En la tarde del 13 de noviembre de 1808, la fuerza expedicionaria inglesa comandada por el general John Moore entró en Salamanca. Después de pasar todo el otoño en la ciudad, huyó a La Coruña haciendo estragos en los pueblos que atravesó. El 16 de enero de 1809, entraron en Salamanca los soldados del general francés Montpetit. Por aquel entonces, se mandó construir tres fortines en los conventos de San Vicente, la Merced y San Cayetano, despejando y derribando casas y edificios cercanos como los conventos de Santa Ana de la Penitencia y de San Agustín y dañando los de La Vega, Mostenses, San Jerónimo, Guadalupe, San Francisco 'El Grande', Calatrava y San Carlos.

Pero estos edificios no fueron los únicos que se vieron afectados por la irrupción de los encomendados por este militar francés, calificado de «excepcional» por aquellos que, día tras día, 'navegan' por la historia. Arapiles pasó a la historia como el pueblo de una de las batallas más recordadas protagonizadas por sus ejércitos, al igual que Alba de Tormes, Fuentes de Oñoro, Miróbriga o Tamames y la firma del Tratado de Fontainebleau confirmó lo que se venía pensando desde hace un tiempo: Napoleón tenía el control de España y Salamanca había sido asediada por su 'espíritu' militar, siendo Fuenteaguinaldo también acechada por un gran trasiego de tropas francesas, españolas, portuguesas y británicas, lo cual acarreó hambre, saqueos, enfermedades y muerte.

La huella en cada pueblo

En Alba de Tormes, el Castillo de los Duques de Alba sirvió como cuartel a las tropas francesas y fue destruido por Julián Sánchez 'El Charro'.

En el municipio de Ciudad Rodrigo, desde la muralla, hasta la Plaza de Herrasti o la Capilla de Cerralbo, varios espacios e infraestructuras emblemáticas de la localidad mirobrigense fueron devastadas por la irrupción de las tropas francesas. La Catedral de Santa María conserva restos de metralla en su fachada.

En Tamames, el Duque del Parque situó a sus tropas en la ladera de las alturas que rodean la villa. El General Le Marchant se presentó el 18 de octubre de 1809 con sus tropas.

En Fuentes de Oñoro, durante los meses de mayo y octubre, se realiza, anualmente, la recreación de la batalla de 1811. Se hace con el armamento de la época.

Finalmente, en Arapiles, el campo de batalla se compone de dos cerros: el arapil grande y el arapil pequeño. El municipio cuenta con un Aula de Interpretación.

La huella en la capital

Bajo el edificio derribado el pasado año, quedaron los restos de la destrucción llevada a cabo por las tropas napoleónicas para dejar libre la visión en torno al fortín que los franceses levantaron en el Cerro de San Vicente. Corresponderían a los años comprendidos entre 1809 y 1812 y se basarían en una acumulación de cascotes, tejas y ladrillos, además de edificios en los que se han encontrado elementos que apuntan a que sufrieron procesos de saqueo.

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