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Lamina, de 10 años, posa junto a su familia y la bandera de su país. FOTOS: OBES
La 'nueva vida' de los niños saharauis en Salamanca: del 'horno' del desierto a alucinar en la piscina

La 'nueva vida' de los niños saharauis en Salamanca: del 'horno' del desierto a alucinar en la piscina

Ali, Habi y Lamina son algunos de los menores que disfrutarán del verano junto a sus familias salmantinas: «Les cuesta adaptarse al clima y les encanta el agua»

Celia Luis

Salamanca

Miércoles, 10 de julio 2024, 06:15

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Nervios y ansias después de más de una hora de espera y entre lágrimas, abrazos, aplausos y banderas de la República Árabe Saharaui Democrática fueron recibidos ayer, tras bajar del autobús, los menores procedentes de campamentos de refugiados de la provincia de Tinduf, en Argelia. Estos niños disfrutarán del verano junto a sus familias salmantinas gracias al programa de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharahui de Salamanca (Ampusasa). «Ayer tenían 49 grados y aquí se encuentran con 25 por lo que notan el frío. Cuando llegan cada menor se somete a un reconocimiento médico y muchos suelen traer conjuntivitis y otitis a consecuencia de la arena del desierto. Los médicos que tienen allí suelen ser pediatras de alguna ONG y acuden poco a ellos, cuando están malos», manifiesta a LA GACETA Ángeles Giménez, presidenta de Ampusasa.

Parte de su vida la ha dedicado a la acogida—entrega que ha heredado su hija Alba—, y continúa manteniendo contacto con los menores, a los cuales considera familia. «La primera niña que tuve me llama mamá, tiene 36 años, un niño pequeño y vive en Mauritania. La siguiente está en los campamentos en Argelia y voy mucho a visitarla, tengo una habitación en su casa. Empecé esta iniciativa en 1997 y ahora mi hija ha cogido el relevo», detalla Ángeles Giménez. «En general se adaptan perfectamente a la comida y a los horarios, aunque quizás lo que más les cuesta es verse muy encerrados porque allí viven al aire libre; y las normas que tenemos y queremos inculcarles, pues muchas veces son injustas porque su cultura es distinta a la española», según la presidenta, que añade que son niños encantadores, agradecidos y muy cariñosos. «Aquí son muy felices pero no les cuesta irse porque en su país dejan a su familia», concluye.

Ali, de 12 años, junto a su familia de acogida. Isabel Pérez con las pequeñas Sara, de 8 años, y Habi, de 9. Imagen del reencuentro en Salamanca.
Imagen principal - Ali, de 12 años, junto a su familia de acogida. Isabel Pérez con las pequeñas Sara, de 8 años, y Habi, de 9. Imagen del reencuentro en Salamanca.
Imagen secundaria 1 - Ali, de 12 años, junto a su familia de acogida. Isabel Pérez con las pequeñas Sara, de 8 años, y Habi, de 9. Imagen del reencuentro en Salamanca.
Imagen secundaria 2 - Ali, de 12 años, junto a su familia de acogida. Isabel Pérez con las pequeñas Sara, de 8 años, y Habi, de 9. Imagen del reencuentro en Salamanca.

«Tengo muchos amigos en Salamanca, me encanta la comida española y quiero mucho a mi familia salmantina con la que hablo casi todos los días. Me gustaría poder estudiar aquí cuando sea mayor», expresa el pequeño Ali, de 12 años, con cara de felicidad tras reencontrarse con su familia. «Es nuestro tercer año con él y desde que lo conocimos hablamos casi todos los días por teléfono. Decidimos participar en el programa por solidaridad hacia el pueblo saharaui. Tenemos hijos biológicos, pero ya son mayores, y por eso ahora queremos formar a Ali, darle la posibilidad de estudiar y ofrecerle un futuro lejos del que le ofrecen los campos en el desierto», cuenta el padre de acogida, Jesús Sendín, que añade que el primer año de Ali fue duro, pero a partir de los 15 días se adaptó «perfectamente»: «Se acordaba de su familia y lloraba y lo que más le sorprendió fue el agua. Con nosotros disfruta muchísimo y vive condiciones muy favorables, pero también piensa en volver porque allí tiene el cariño de su familia».

Para Isabel Pérez la experiencia es «gratificante, bonita y muy positiva» para su hija biológica Sara, de 8 años. «Es nuestro segundo año con Habi, una niña de 9 años. El primer año fue muy emocionante ver cómo se soltaba con el idioma o cómo aprendía a nadar, le encanta la piscina. Además, para Sara es muy bueno ya que es hija única y con Habi aprende a compartir todas sus cosas durante dos meses, desde la cama hasta la habitación y el baño», explica Isabel Pérez. Lo que más le cuesta a Habi en España es madrugar y comer algunos alimentos. «No le gusta nada el encurtido y claro ahora en verano hacemos muchas ensaladas; y el levantarse pronto, pues hace mucha vida nocturna al pasar tanto calor», añade mientras Habi y Sara no paran de abrazarse.

Alba Miranda Giménez lleva desde el año 97 conviviendo con niños de acogida y tenía claro que lo seguiría haciendo cuando formara su propia familia. «Cuando me independicé y fui madre decidí criar a mis hijos con niños de acogida porque para mí fue una experiencia increíble y que aporta multitud de cosas, entre ellas la sencillez con la queaprecian los pequeños detalles, por ejemplo, una simple galleta», cuenta emocionada junto a Lamina, de 10 años, con la que llevan dos veranos.

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