Borrar
Begoña Quintana y David Borrego-Alonso cambiando la fuente de medida del espectrómetro gamma. ALMEIDA
Un minucioso estudio analiza la radioactividad de las aguas de Salamanca

Un minucioso estudio analiza la radioactividad de las aguas de Salamanca

El equipo que encabeza Begoña Quintana ha caracterizado más de 400 captaciones de toda la Región | Solo un 5% de las muestras analizadas en suministro han dado valores superiores a los recomendados | La investigación refleja que los isótopos del uranio, abundantes en Salamanca, tienen una radiotoxicidad baja | El proyecto, financiado por la Junta, incluye la adecuación de varias técnicas para medir otros elementos químicos

Lunes, 5 de junio 2023, 05:47

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

El agua, de forma natural, presenta diferentes niveles de radioactividad. La mayor o menor presencia de los radionucleidos está estrechamente relacionada con la existencia de rocas que contienen elementos radiactivos. A partir del subsuelo, dichos elementos pasan a las aguas subterráneas con las que están en contacto, sin embargo, la concentración de los radionucleidos puede variar considerablemente en función de la composición de las rocas, tiempos de transferencia y contacto y profundidad.

La legislación a nivel europeo cambió hace pocos años y pasó de poner el foco en los radionucleidos artificiales a centrarse en los naturales, lo que obligó a las administraciones españolas a adaptar el «modus operandi» para obtener resultados fiables que garantizaran la protección de la salud. En Castilla y León, la Junta ha optado por llevar a cabo un minucioso estudio de la mano del Laboratorio de Radiaciones Ionizantes y Datación, dependiente del Departamento de Física Fundamental de la Universidad de Salamanca y especializado en la medida del contenido de radionucleidos en todo tipo de muestras, pero especialmente en aquellas de origen natural.

Encabezado por Begoña Quintana Arnés, catedrática de Física Atómica, Molecular y Nuclear, el Laboratorio de Radiaciones Ionizantes y Datación ha analizado desde el año 2017 538 muestras distribuidas por toda Castilla y León, lo que ha supuesto caracterizar radiológicamente de manera completa 429 captaciones y en torno a 50 puntos en la red de abastecimiento público en aquellos lugares donde el agua de las captaciones contenía un mayor nivel de radionucleidos naturales. «Hay zonas en las que 'a priori' se sabía que había un contenido mayor de uranio y los elementos de su cadena», comenta Quintana en relación a algunas zonas de la provincia de Salamanca, pero lanza un mensaje tranquilizador: «Es importante destacar que el agua de las captaciones en la mayoría de los casos no pasa directamente a la red de abastecimiento». En este sentido, la investigadora señala que «el porcentaje de muestras que han dado valores superiores a los recomendados son solo un 5% de todas las medidas» y, en general, limitado a captaciones de tipo extraordinario, «nunca en la red de abastecimiento», e insiste en que el número de muestras detectadas como no aptas para el consumo fue muy escaso. Al respecto, la especialista de la Universidad explica que «hay zonas en las que estaban las antiguas minas de uranio donde los niveles de este elemento químico radioactivo son muy altos, sin embargo, apenas contaminan porque los isótopos del uranio tienen una radiotoxicidad muy baja».

«En este estudio hemos pretendido asociar la base rocosa de los acuíferos de donde sale el agua con la transferencia de radionucleidos al agua que circula por ellos», señala Begoña Quintana y subraya que han llevado a cabo seis técnicas distintas para garantizar la fiabilidad de los resultados obtenidos.

En primer lugar, se ha utilizado la medida de actividad alfa y beta, índices que siempre se han utilizado para estimar los niveles de radiactividad, pero que en este caso se han adaptado para obtener resultados más fiables. «Para esta técnica se ha realizado una optimización metodológica aprovechando los resultados obtenidos con otras técnicas porque lo importante es establecer los protocolos para que los laboratorios de los departamentos de Salud Pública puedan tener capacidad de realizar estos análisis y obtengan resultados con valores reales», indica la investigadora y añade: «Para la determinación de los radionucleidos más radiotóxicos hemos utilizado la espectrometría gamma de bajo fondo, para tener la máxima sensibilidad posible, porque hay que recordar que trabajamos con agua y, por lo tanto, el contenido es realmente pequeño; hablamos solo de átomos, no de moles de átomo. Esta espectrometría permite hacer el estudio de la muestra sin seleccionar los radionucleidos, sin ningún tipo de preparación química, lo cual es también una garantía de cara al resultado porque reduce los errores humanos que se puedan cometer o las incertidumbres que generen las técnicas de separación».

Además, han realizado espectrometría alfa para radionucleidos específicos que son principalmente emisiores alfa y, por lo tanto, por las características de la partícula a detectar, es necesario separar los átomos del elemento cuyos isótopos se quieren medir. Pensemos que una partícula alfa es frenada por una hoja de papel o por nuestra propia piel. «Así que hacemos la radioquímica del uranio para medir sus tres isótopos y también la del torio porque, aunque en principio no pasa al agua debido a que es poco soluble, hemos querido comprobar que efectivamente era así, no hemos dejado ningún fleco», detalla la catedrática.

Hay que sumar también la espectrometría alfa del polonio, que es muy tóxico, y del radón, difícil de determinar porque es un gas noble que se 'escapa' con facilidad, pero el laboratorio de la Universidad ha optimizado un procedimiento de muestreo y ha utilizado una técnica de análisis por centelleo líquido. «Son en total cuatro tipos de detectores diferentes y seis determinaciones por muestra», aclara Begoña Quintana.

El proyecto no termina aquí, este año el laboratorio llevará a cabo el análisis de 84 muestras, en su mayoría procedentes de la red de abastecimiento, para confirmar que una vez que pasan por la potabilizadora, el porcentaje de muestras por encima de los niveles recomendados se reduce aún más. Begoña Quintana destaca el interés que ha mostrado la Junta de Castilla y León, y en concreto, la Dirección General de Salud Pública, por abordar este proyecto y se muestra confiada en que cuando finalice el estudio, las autoridades públicas puedan seguir llevando a cabo controles periódicos con los procedimientos de optimización establecidos por su laboratorio después de estos cinco años de intenso trabajo.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios