25 junio 2022
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Los ucranianos ‘salmantinos’ con familia en el fuego cruzado

Con sus padres, tíos y primos en ciudades atacadas, los ucranianos de Salamanca solo quieren que cesen las sirenas que resuenan en su país

28 feb 2022 / 07:59 H.
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Tienen a sus padres, primos, tíos y amigos en pleno fuego cruzado. Impotentes ante lo que está ocurriendo en su país, los ucranianos que residen en Salamanca viven desde hace cuatro días pendientes de dónde cae cada bomba, dónde se produce cada ataque. Sus familiares trabajan en hospitales, depuradoras, en el mantenimiento de líneas de alta tensión o incluso se encuentran en primera línea de batalla. Pendientes de la última hora que transmiten los medios de comunicación, han aunado fuerzas para enviarles a ellos y al resto de sus compatriotas materiales de primera necesidad. Para ello han habilitado dos puntos de recogida: la iglesia de la Purísima —de lunes a sábado de 11:00 a 14:00 horas y 17:00 a 20:00—, y en la agencia Generali Seguros, de la avenida de Campoamor, 3 —de lunes a viernes de 12:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 18:00).

Tatiana Symonovych

“Mi tía trabaja en un hospital; no puede ir ni a casa a descansar”

“La ayuda ahora no está llegando. No tienen gasas, ni jeringuillas,...”, cuenta Tatiana, que lleva 19 años en España. Su primo de 26 años se ha marchado con una de sus tías al pueblo. “Aun no le han llamado a filas, pero pueden hacerlo en cualquier momento”, explica. Otra de sus tías trabaja en un hospital de Kiev. “No puede ir a casa ni a descansar”, asegura insistiendo en que a los centros sanitarios no dejan de llegar heridos. “Llega la noche y es horrible. No sabes qué va a ser de tus familiares. Ellos escuchan las sirenas cada vez que hay un peligro, pero tú estás aquí sin saber qué ocurre”, asegura pidiendo a los salmantinos que colaboren en el envío de materiales de primera necesidad “para los hombres que están defendiendo” su tierra.

Yuliia E Iván

“Mi madre me acaba de decir que está en un refugio porque están bombardeando”

“Ahora mismo mi madre acaba de mandar un mensaje que está en un refugio porque están bombardeando mi ciudad”. Con la emoción contenida, Yuliia, que prefiere no dar su apellido, contaba ayer a las cinco de la tarde las noticias que acaba de recibir. Ella y su marido, Iván, son dos de los ucranianos residentes en Salamanca que han articulado el envío de ayuda a su país. Los padres de Yuliia residen en Kórosten, una ciudad cercana a la frontera con Bielorrusia, en la que varios edificios residenciales han sido derribados por los ataques rusos. Ambos trabajan en servicios esenciales en una guerra. Su madre en una purificadora de agua “rodeada de militares y en la que hay un búnker en el que ha estado escondida”, explica Iván. Su suegro, explica, se encarga del mantenimiento de líneas de alta tensión, una infraestructura que en cualquier momento puede ser objetivo de los ataques del ejército ruso. Cuando comenzó la guerra, Yuliia estaba dormida y no oyó el teléfono. Su madre la había llamado. “Estaba llorando. Parecía que estaba despidiéndose”, recuerda. “Tras tres días llorando y de impotencia total en los que no sabíamos qué hacer, el sábado por la noche un grupo nos organizamos para mandarles ayuda”, comenta esta ucraniana que llegó a España hace seis años

NATALIYA ANTOKHIY

“Salen de sus refugios para comprar cuando perciben menos peligro”

“Cuando estalló la guerra, llamaron a mi abuela desde Ucrania y a partir de ahí nos cuesta conciliar el sueño cada noche”. Nataliya Antokhiy, que vive en Salamanca desde 2005, cuando su familia decidió venir a España en busca de una vida mejor. “Cada vez tengo más roto el corazón y vivo con miedo las noches. Mi familia y yo estamos las 24 horas pegados a los medios de comunicación ucranianos para estar pendientes de la actualidad y de nuestros familiares”, manifiesta. Varios de sus familiares pensaron en irse a Moldavia, pero al final se quedaron en Ucrania. Ahora algunos se refugian en el sótano de sus casas cuando suenan las alarmas para poder resistir los bombardeos, y otros se han trasladado a una parte de los Cárpatos porque les era muy difícil vivir en Kiev y dormir en el metro. “Antes de que ocurriese todo esto, compraron lo esencial para poder subsistir. Ahora solo puede salir de sus refugios para comprar comida cuando las fuerzas ucranianas perciben menos peligrosidad”, relata. La abuela de Nataliya vino a pasar la Navidad a Salamanca con ella para regresar en abril a su país. “Evidentemente no se va a ir”. “Ella no parar de llorar y está muy preocupada, en cuanto empezó la guerra, le llamó una amiga suya a las 5 de la mañana y a partir de ahí no puede, ni podemos dormir tranquilos”, Algo similar le ha ocurrido a su cuñada, procedente de la ciudad de Lutsk. “A los tres días de venir a España para estar con mi hermano y con nosotros, su madre le avisó de que había empezado la guerra. Desde que se despertó y vio ese mensaje no ha parado de llorar”, explica.

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