10 diciembre 2019
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Los tesoros que esconde en su interior el Palacio de Monterrey

Los recuerdos de gloria de la Casa de Alba se exhiben en este museo vivo que no deja de sorprender a los visitantes

29 abr 2019 / 21:25 H.

Dentro de una década cumplirá cien años como monumento nacional y dentro de dos se conmemorará nada menos que el quinto centenario desde que Alonso de Acevedo y Fonseca, III conde de Monterrey, encargara su construcción a fray Martín de Santiago y Rodrigo Gil de Hontañón. El palacio de Monterrey, joya emblemática del plateresco español, va a cumplir un año a las visitas turísticas y desde entonces ya hasta el pasado domingo, 23.594 personas han podido admirar de cerca este espectacular museo vivo reunido por la Casa de Alba a lo largo de cinco siglos.

El XIX duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart, presidente de la Fundacion Casa de Alba, llegó a un acuerdo con el Ayuntamiento de Salamanca para la apertura de Monterrey. a la ciudadanía. Antes, las visitas se limitaban únicamente a un día a la semana, los jueves, entre tres horarios y siempre con cita previa. Eran las visitas mínimas establecidas por la ley. Tras el convenio firmado en julio de 2017, Salamanca y sus visitantes pueden disfrutar del arte y la historia concentrada en este suntuoso edificio durante todo el año a excepción de tres únicas fechas: Navidad, Año Nuevo y Reyes.

Valiosas obras de destacados artistas pertenecientes a la colección de la Fundación Casa de Alba integran parte del tesoro artístico de palacio. Destacan pinturas y esculturas de Tiziano, José de Ribera, Salvatore Rosa, Alonso Sánchez Coello y Juan Carreño de Miranda. Además, el visitante pude admirar un rica colección de tapices, notables piezas de porcelana de Talavera, un artesonado policromado mudéjar, esculturas y bustos de autores de renombre y retratos y fotografías de la familia que ha protagonizado la historia de la casa nobiliaria de mayor abolengo en la historia de España.

Son doce estancias de los 4.000 metros cuadrados del palacio las que se muestran en los seis recorridos guiados programados al día para grupos de un máximo de 25 personas: por la mañana, uno cada hora de 10:30 a 13:30 y por la tarde a las 17 y 18 horas; en verano se ampliará a las 19 horas. Los lunes por la tarde, hay entrada libre. Las entradas pueden adquirirse en la Oficina de Información Turística de la Plaza Mayor.

Los tesoros que esconde en su interior el Palacio de Monterrey

Por dentro. Unas cadenas colgadas en el frontal sobre la discreta puerta de acceso informa al visitante que el palacio de Monterrey ha sido morada de Reyes. Tanto Alfonso XIII como Juan Carlos I se alojaron en una habitación del piso superior . La planta baja estaba dedicada al servicio doméstico, y el recorrido conduce por la escalera principal a las plantas superiores, que eran de uso privado.

Cuatro cuadros de autores de la escuela de Canaletto con paisajes venecianos atraen nuestra atención en la primera de las estancias. Frente al mobiliario de estilo italiano, un dorado brasero forjado de los siglos XVII y XVIII. Tapices vistosos, un reloj de época sobre un aparador, esculturas de diferentes estilos y épocas imprimen al paseo por las estancias la impronta de un museo que fue recorrido y habitado por generaciones.

Los tesoros que esconde en su interior el Palacio de Monterrey

Una escalinata iluminada por una vidriera contemporánea con el escudo familiar conduce hacia el nivel superior, donde espera el llamado ‘salón verde”, que reúne una valiosísima colección de piezas vinculadas a Santa Teresa de Jesús. Bajo el retrato de la Santa Andariega del pintor barroco Juan Carreño de Miranda , se puede ver uno de los tres juegos de llaves con los que se custodia su sepulcro. La impulsora de la reforma de la orden de las carmelitas tuvo una estrecha relación con la Casa de Alba y una buena amistad con el tercer duque. A un lado, enmarcados sobre una mesita, un documento fechado en 1585 procedente de los fondos del Conde Duque de Olivares titulado “Relación de cómo fue hallada la Madre Teresa de Jesús al tiempo que la trasladaron a la ciudad de Ávila”. Todo un informe forense de la época de gran valor histórico.

El recorrido por Monterrey continúa por la sala dedicada al llamado Gran Duque. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1507-1582) fue, además del tercer duque de Alba de Tormes, un noble y militar castellano que se convirtió en hombre de confianza tanto del rey Carlos I como de su hijo Felipe II. Un retrato en óleo sobre lienzo pintado por el artista valenciano Antonio Sánchez Coello preside la estancia. La obra está fechada en 1567, cuando Fernando Álvarez de Toledo fue nombrado gobernador de los Países Bajos de los Habsburgo. Dando la espalda al ventanal, un busto del Gran Duque vaciado en bronce contempla al visitante admirado.

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Una escalera de madera de castaño conduce, ya en la segunda planta, al salón principal del palacio. Entre la gran cantidad de obras que hasta el momento se mantenían ocultas y que se distribuyen entre una docena de salones y estancias destacan los dos únicos paisajes que pintó José de Ribera, una de las grandes figuras de la pintura española del siglo XVII. Sus representaciones de martirios de santos consagraron a este artista nacido en Játiva (Valencia) en 1591 y que desarrolló prácticamente toda su carrera en Valencia: de ahí la importancia de la identificación de estas dos obras que presiden el salón más noble del Palacio de Monterrey: “Paisaje de fortín” y “Paisaje con pastores”, fechados en 1639.

Bibliotecas y vitrinas con libros históricos, una mesa con una colección de retratos familiares, un tresillo con su mesita de salón, alfombras del mismo estilo de las de la biblioteca del palacio de Liria y, sobre la estancia, un artesonado ‘de quilla de barco’ imprimen carácter al espacio principal del palacio, que hasta hace no demasiado tiempo no era un salón sino una galería abierta.

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Durante el siglo XX se realizaron importantes obras de acondicionamiento y restauración del edificio por iniciativa, primero, de XVII duque de Alba. En los años 50 fue su hija, la recordada duquesa Cayetana Fitz-James-Stuart quien junto a su marido Luis Martínez de Irujo y Artázcoz, impulsaron esta obra que, entre otras reformas, cerró este salón.

Al lado, el comedor luce engalanado por dos ricos tapices flamencos del siglo XVII. Al otro lado de la mesa, en la pared opuesta a los ventanales, dos vitrinas con vajilla de porcelana inglesa, china y veneciana. Entre otros elementos decorativos, las rojas pareces lucen bandejas de plata mexicana con orfebrería de motivos aztecas. Y si el visitante levanta la cabeza, puede admirar un rico artesonado policromado de estilo mudéjar que fue adquirido a un convento de monjas de Guadalajara.

Al lado opuesto del comedor, el palacio de Monterrey exhibe un cuarto de baño bellamente decorad con azulejos de Talavera, del que se pasa al despacho del duque, una estancia más funcional con muebles, libros y artículos de escritorio, en el que el interés se dirige a una fotografía de Miguel de Unamuno, que fuera vecino de las inmediaciones, junto al poema que dedicó al palacio que seguramente tanto inspiró al histórico rector de la Universidad de Salamanca.

Los tesoros que esconde en su interior el Palacio de Monterrey

La última de las estancias del recorrido y una de las más luminosas, con ventanas en tres de sus paredes, es un dormitorio de decoración austera en el que destaca el cuadro del Conde Duque de Olivares de Manolo Valdés que compró la duquesa Cayetana. “Aquí se alojaba el rey Juan Carlos cuando venía a Salamanca. Era la época en la que se formaba en la academia de Zaragoza y solía visitar a los duques en el palacio de Liria en Madrid”, cuenta José Andrés Miguel, uno de los dos conserjes que, junto a Maribel Domínguez, se ocupan desde hace siete años del mantenimiento diario del palacio tras dos décadas de servicio en la Casa Real.