23 septiembre 2020
  • Hola

Los cien kilómetros de costa interior de Salamanca

El gran regulador del cauce del Tormes cumple seis décadas: el pantano de Santa Teresa

07 ago 2020 / 12:31 H.

Cerca de 100 kilómetros de costa que hasta hace sesenta años no existían. Esa es una de las aportaciones que la presa de Santa Teresa aporta al paisaje de la provincia, además de la riqueza de todo tipo que genera y el control que ejerce sobre el río Tormes. Desde su entrada en servicio, ha garantizado tanto el suministro de agua a la capital y las vegas de regadío, que suman más de 63.000 hectáreas, como ha evitado inundaciones en previsión de posibles avenidas de agua.

Aunque lleva seis décadas en servicio, la idea de contar con una presa de estas características en el Tormes se remonta a 1902 y estaba ya en previsión en un plan estatal de Obras Hidráulicas de ese año. La primera denominación del proyecto fue pantano del Tormes, luego pasó a ser conocido como pantano de La Maya y después el nombre cambió a presa de Santa Teresa, denominación que consta en la documentación existente a partir del 4 de enero de 1930.

Las excavaciones se iniciaron en 1932 aunque la parte más faraónica de la obra no comenzaría hasta el año 1935.

En los momentos de trabajo más intenso se calcula que hasta un millar de personas estaban presentes en la zona, que llegó a contar con un poblado con iglesia y escuela para los trabajadores y sus familias. El proceso de hormigonado llegó en 1941.

Para erigir la gran mole de la presa, se volcaron nada menos que 385.000 metros cúbicos de hormigón. Sobre la llamada zona de coronación, que tiene más de medio kilómetro de longitud, discurre la carretera que enlaza con la localidad de Pelayos. En el interior de la presa hay varias galerías a distintos niveles que permiten controlar el estado de la infraestructura y que tienen en total 1.527 metros de longitud. La superficie total que ocupa este mar de agua dulce son 2.579 hectáreas, una superficie que podría albergar 22 veces el parque madrileño de El Retiro.

Algo que poca gente conoce es que se pueden solicitar realizar visitas guiadas en grupo a la instalación, experiencia que cada año disfrutan de media un centenar de personas. En las visitas, que tienen una duración de un par de horas, se puede conocer el poblado antiguo y sus edificaciones. También se ve la maqueta del embalse, que no está hecha a capricho, sino que se hizo a escala durante su construcción. Estas maquetas se realizan en las grandes obras hidráulicas e incluyen agua para ver su funcionamiento real.

A simple vista, la presa ofrece varios puntos de interés que se pueden encontrar por parte de los visitantes sin tener que acceder hasta el interior de la instalación. Por ejemplo, se pueden encontrar las reglas que miden el nivel de altura del agua en cada momento. En varios lugares y con distintos métodos se toman medidas de este parámetro mediante reglas metálicas fijas instaladas en la coronación de la presa. Esta es una medición muy visual, puesto que con el oleaje de la presa puede dar alturas variables, ya que las olas pueden tener hasta un metro de altura. Esta altura máxima se produce cuando la presa está bajo la influencia del viento llegado desde Gredos con orientación sur. Otra de las fórmulas para medir la altura del agua es mediante un linnímetro interno en la presa que dan la altura real de la masa de agua con una exactitud al centímetro. En este punto de medición hay 54,5 metros de altura del agua, que es el equivalente a un edificio de 20 plantas.

En la presa también se miden parámetros tales como la presión y la temperatura del agua e incluso la velocidad del viento.

Los episodios de grandes avenidas de agua en la presa tienen varias fechas destacadas a lo largo de los sesenta años que lleva funcionando. El más reciente se produjo en diciembre del año pasado. Tal como relata Luis Portal, jefe del servicio de explotación de Santa Teresa: “tuvimos una avenida de más de 2.000 metros cúbicos por segundo, es la mayor avenida histórica que ha soportado la presa. En la capital, sin embargo, casi nadie lo sabe ni lo notó. Gracias a la presa pudimos soportar la avenida y no se inundó nada en puntos como Tejares, Cabrerizos, etc. Si no hubiese existido Santa Teresa, habría desaparecido por ejemplo casi todo lo que hay en el Isla del Soto en Santa Marta, que hubiera quedado muy perjudicada. Y Salas Bajas se hubiera inundado por completo”.

Tener una infraestructura como Santa Teresa permite tener, aguas abajo, infraestructuras como los parques de ribera y saber que estarán ahí al año siguiente. Si no existiese, las riadas obligarían a renovar los parques aproximadamente cada cinco años.

PALABRAS CLAVE