05 agosto 2020
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La tragedia que segó la vida de cuatro niños en el centro de Salamanca

Hace 65 años la explosión de una bomba de la Guerra Civil escondida en una cloaca se llevó por delante a cuatro alumnos del colegio Francisco de Vitoria

16 ene 2020 / 18:10 H.

Una simple pelota que cayó en una cloaca. Podía haberlo hecho en cualquier otro lugar del entorno del grupo escolar central Francisco de Vitoria, pero no. Fue a parar a una maldita cloaca de la calle Padilleros. El pequeño Ángel Criado decidió meter la mano entre la tapa de la alcantarilla para recuperarla. Lo hizo, pero antes extrajo un objeto redondo que despertó la curiosidad de él y sus amigos. Empezaron a manipularlo y en ese momento llegó la tragedia. Lo que parecía un simple objeto redondo era una bomba de la Guerra Civil. Un artefacto de fabricación italiana que dejó cinco muertos. Era el sábado 25 de junio de 1955. El episodio más luctuoso que ha vivido el colegio Francisco de Vitoria en sus 75 años de historia. Como sucediera con el capítulo del campo de concentración de prisioneros, los horrores de la guerra teñían otra vez de sangre y sufrimiento un lugar tan inocente como un colegio.

La tragedia que segó la vida de cuatro niños en el centro de Salamanca

LA GACETA dedicó una amplia cobertura a un suceso que conmocionó a la ciudad. En su edición del 26 de junio de 1955, este diario incluía las fotografías de los cuatro niños que fallecieron el mismo día de la explosión -uno más lo hizo al día siguiente-.

Se trataba de Ángel Criado Gil, de once años; los hermanos José y Manuel Guerra Hernández, de siete y diez años respectivamente; y la niña María Josefa Rodríguez de cinco años. La explosión dejó ocho heridos, uno de ellos, Carlos de Cabo Romero, de nueve años, murió al día siguiente a causa de las graves heridas que sufrió. La noticia de la quinta víctima mortal se conoció mientras se oficiaba el funeral por los otros cuatro niños. “Una impresionante manifestación de duelo popular”, aseguró LA GACETA acerca de un sepelio al que asistió el entonces director general de Enseñanza Primaria, Eduardo Canto, que también entregó a los familiares de todas las víctimas un “auxilio económico” en nombre del ministro de Educación Nacional.