15 agosto 2020
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La llamada de socorro de Cáritas Salamanca: “Hay mucha gente muy rota, todos tenemos que colaborar”

Carmen Calzada, directora de la institución diocesana local, se muestra muy preocupada por los efectos de la crisis económica derivada de la pandemia

14 jun 2020 / 17:47 H.

Carmen Calzada está al frente de Cáritas Diocesana de Salamanca, una entidad que no ha cerrado en esta pandemia y que no ha cesado de atender a familias, el doble por la crisis económica de la pandemia.

–¿Cómo está haciendo frente Cáritas a una crisis que ya ahoga económicamente a las familias?

–Solamente en la mitad de marzo, abril y mayo son 1.312 familias a las que ha habido que atender con ayudas de urgentísima necesidad que son de vivienda y alimentación. Es el doble de lo que atendíamos. Eso independiente de las personas sin hogar, de los enfermos de Sida.... y del resto de servicios. Es verdad que la solidaridad se está moviendo pero son casi 400.000 euros en ayudas sólo en estos tres meses. Estamos preocupados. Es necesario que la sociedad tome conciencia de que hay que hacer algo, porque si no es imposible. En la pobreza cuando se produce un desarraigo y se produce una ruptura interior, es muy difícil recuperar a las personas. Veo la realidad, y los números no salen. No habíamos salido de una crisis y estamos en otra y ahora peor. Hay mucha gente muy rota humanamente y todos tenemos que colaborar.

–¿Cómo ha cambiado el perfil de las personas a las que atienden?

–Son situaciones más acusadas. Ha aumentado el número de familias más normalizadas que se han visto en una situación a la que no poder hacer frente. Personas a las que el negocio se les ha venido abajo, les han hecho un Erte y no lo han cobrado, con ahorros mínimos o no suficientes, con niños pequeños... La apuesta de Cáritas, de la Iglesia Diocesana, es que nadie se quede al margen, en la medida de los posible. Es verdad que la sociedad está respondiendo. Y hemos intentado llegar al mayor número de personas porque Cáritas no ha cerrado, sino que ha reorganizado los servicios. El problema fundamental de las familias es la vivienda, porque con los alimentos hay otras instituciones que reparten productos. Pero lo de la vivienda es trágico. Es necesario que se reactive la ley de garantía de acceso a la vivienda.

–¿Cómo ha afrontado Cáritas este gran reto en tres meses?

–Ha sido uno de los retos más difíciles por las dos realidades. Por la situación de necesidad económica y por el desconcierto humano de las personas. La inseguridad que esas necesidades crea a nivel de persona y familia repercute en los menores. Hemos tenido que hacer un gran esfuerzo. También trabajamos con un sector de la población con dificultades culturales. Imagínate la educación online sin ordenadores. Hemos habilitado un sistema para apoyar a esas familias para que los niños pudieran seguir el ritmo escolar.

–¿Cómo valora el Ingreso Mínimo Vital del Gobierno?

––El ingreso mínimo vendrá muy bien para las familias con menores que tendrán prioridad. A ver si es verdad. Pero hay una barrera y es que se exige haber cotizado 24 meses previamente en la Seguridad Social. Esto supone que a las personas vulnerables que viven de la economía sumergida no les va a llegar esta ayuda. Por otra parte, los subsidios tienen que estar cuando no hay más remedio, pero lo importante es que la persona sea protagonista de su vida y se defienda. Los mayores problemas son cuando la dignidad humana está machacada.

–¿De qué manera ha afectado a Cáritas el cierre de las iglesias, una de las principales aportaciones para la financiación?

–Las colectas de los domingos son importantes y también ha supuesto un recorte de financiación para las propias parroquias. Los sacerdotes dieron parte de su salario, casi 47.000 euros. La Iglesia siempre ha estado ahí. El gesto ha sido muy bonito y no es la primera vez que pasa. Ahora en algunas iglesias han puesto hucha, pero en otras no. Pero la sociedad sí se está moviendo y las empresas.

–¿Cómo han colaborado las empresas?

–Desde el principio de la pandemia se han volcado. Muchas empresas hacen donaciones en especie, con comida y menús para los centros, servicios de lavandería... y se nota.

–La sociedad ha respondido, pero ¿y las instituciones?

–Hemos trabajado coordinadamente con el Ayuntamiento, con familias que han derivado de los CEAS para que Cáritas hiciese una primera ayuda. Tenemos convenios que pueden compensar. Por ejemplo, para la gente de la calle se habilitó el albergue Lazarillo y ha sido una ayuda importante.

–Castilla y León dejará de percibir 58 millones después de que el Gobierno haya eliminado la partida para servicios sociales, ¿eso qué le parece?

–Me parece un agravio muy serio si lo mantienen así. Una comunidad como Castilla y León, con población totalmente envejecida, dispersión de población, la ley de dependencia... y resulta que se encuentra sin nada.

–Lo preocupante es que esta situación se alarga en el tiempo...

–La situación es mala y sólo susceptible de empeorar. Probablemente después de verano se agrave. A parte de las ayudas de primera necesidad, Cáritas donde más trabaja es en la promoción y en el acompañamiento. Tenemos un proyecto de empleadas de hogar, cuidado de mayores, ayuda a domicilio... Ayudar a la gente para que se valga por sí misma. Con los cursos de formación y una agencia de colocación homologados derivamos personas a las empresas para hacer prácticas. La empresa se va concienciando de acoger a gente.

–¿Y qué pasa con las personas migrantes sin regularizar?

–Hay gente que no se puede regularizar y a los que no les llega ninguna ayuda administrativa, ni de emergencia social. Son casos que nos derivan. No se da solución a este tema y es una población aparcada en la economía sumergida.

–¿Qué secuelas va a dejar esta crisis en la sociedad?

–Por una parte hay una cosa positiva: estamos tomando conciencia de que solos no salimos y de que hay que hacer un esfuerzo comunitario importante. Necesitamos la contribución de todos, uno con una sonrisa, otro compartiendo bienes, otros acogiendo a gente de prácticas...

–¿Y en la infancia?

–Hay muchos menores en situación de pobreza. Y eso que el Ayuntamiento ha hecho esfuerzo serio, y a los niños que tenían beca de comedor les ha seguido llevando a domicilio la comida.

–En esta pandemia Cáritas ha mantenido la intervención con personas afectadas por las drogas.

–Se ha logrado gracias a una entrega de los profesionales a tope y de los voluntarios que han podido aportar. Ha sido una reacción muy esperanzadora que hay que procurar mantener.

–¿Cómo se ha podido hacer el seguimiento en un recurso tan complicado como Ranquines, con usuarios con problemas mentales?

- Se les ha acompañado diariamente y se ha procurado que todos tuviesen sus alimentos. Es una población que ha sufrido porque el estar confinados para una persona enferma mental es durísimo, por eso los compañeros y voluntarios se han volcado en la cercanía. Las personas necesitan algo más que comer y pagar una vivienda.