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La huella salmantina en el Museo del Prado

La pinacoteca española más importante cumple este martes 200 años. En LA GACETA lo celebramos repasando su legado salmantino

19 nov 2019 / 11:38 H.
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Uno de los iconos del Museo del Prado, la pinacoteca por excelencia de Madrid que este martes cumple 200 años, es Francisco de Goya. El museo madrileño conserva el conjunto de obras más rico y variado existente del pintor, nacido en la localidad zaragozana de Fuendetodos. Goya y Salamanca mantienen un nexo de unión, ya que el artista del siglo XVIII recibió, por mediación del escritor Gaspar Melchor de Jovellanos, el encargo de pintar en 1783 tres cuadros para la iglesia del Colegio de Calatrava, también conocido como de la Inmaculada Concepción, construido por los arquitectos Joaquín de Churriguera y Jerónimo García de Quiñones.

Lamentablemente durante la Guerra de la Independencia la obra de Goya desapareció, sin que se conozca su paradero, por lo que los expertos otorgan un gran valor al boceto que conserva el museo madrileño, y que representa el único testimonio pictórico, realizado por Goya para Calatrava, localizado en la actualidad.

La huella salmantina en el Museo del Prado

Concretamente se trata del boceto de la Inmaculada Concepción, que se puede ver en la sala 35 de la primera planta, y que esbozó el artista para posteriormente plasmarlo en el cuadro central del altar mayor. En este lienzo el pintor rompe con la tradición barroca, interpretando la imagen bajo los principios del neoclasicismo, al adaptar los ropajes al cuerpo de una forma natural.

El boceto de la Inmaculada perteneció a Melchor de Jovellanos, como posible regalo del artista, y tras su fallecimiento pasó por diversas manos hasta que en 1891 fue adquirido por el Estado.

El escritor y poeta nacido en Gijón, que se doctoró en Derecho en Salamanca, siempre mostró un gran interés por el arte, y fue admirador de Goya desde fecha temprana, de ahí su interés por ser retratado por el pintor zaragozano. La obra, seguramente realizada en Aranjuez en 1798, presenta a Jovellanos en su calidad de Ministro de Gracia y Justicia, el cargo que ocupaba entonces, ante su mesa de trabajo, con numerosos documentos y una escribanía de plata. Este retrato, también expuesto en el Prado, se realizó pocos meses antes de la caída de Jovellanos por sus reformas jansenistas.

Antonio Carnicero

Uno de los pintores salmantinos más prolíficos, y con más obra expuesta en la pinacoteca, es Antonio Carnicero.

Nacido en 1748, es hijo del escultor barroco Alejandro Carnicero, y aunque fue miniaturista de gran interés, la parte de su obra más conocida está constituida por escenas de género y series de ilustraciones grabadas.

La huella salmantina en el Museo del Prado

El Prado tiene en propiedad 17 de obras del artista charro, entre las que destaca la “Ascensión en un globo Montgolfier en Aranjuez” de 1784. En esta obra, Carnicero capta la primera hazaña aerostática española, un acontecimiento relacionado con los avances científicos propios de la Ilustración. La intención documental y el colorido suponen el mayor atractivo de esta pintura, un tipo de producción que no abunda en la España de finales del XVIII.

El Prado tiene 17 obras de Antonio Carnicero. Destaca la “Ascensión en un globo Montgolfier en Aranjuez” de 1784

Este pintor salmantino también trabajó en la serie de óleos con vistas de caminos y puertos, encomendada originalmente a Mariano Ramón Sánchez por Carlos III, colección a la que pertenece una imagen de la albufera de Valencia, expuesta en el Prado, que muestra de forma realista la topografía del lugar, apreciable también en la pintura del teatro romano de Sagunto. Ambas obras reflejan el interés de la época por conocer el patrimonio histórico, arqueológico y geográfico del país.

Dibujos. Hijo de la salmantina Marcelina Sánchez-Ruano, natural de Miranda del Castañar, el artista Joaquín Araujo Sánchez-Ruano realizó en julio de 1877 un viaje a nuestra provincia, donde dedicó una gran cantidad de dibujos a documentar una costumbre habitual en las zonas montañosas, que interesaría también a otros artistas como Ricardo de Madrazo: los cazadores que, bajo la promesa de recompensa, se dedicaban a apresar lobos para poder recibir su premio.

Pedro José Martínez Plaza, doctor en Historia del Arte, señala que “la sinceridad y objetividad con las que el artista se enfrentaba al natural quedan reflejadas en sus dibujos, normalmente a lápiz y sólo en ocasiones a pluma”. De hecho, el trabajo de Joaquín Araujo tiene un gran valor etnográfico y antropológico por el carácter descriptivo y minucioso con el que trabajaba. Este es el caso de la obra Esbozo de aldeanos salmantinos , propiedad del Prado.

Por otra parte, el museo madrileño adquirió en 2006 la Colección Madrazo a la familia Daza Campos, y en ella se conservan fotografías de Salamanca tomadas hacia 1850, entre las que se encuentran una vista de la catedral, la fachada de la iglesia de San Esteban o la torre del Clavero. El autor de estas imágenes es el galés Charles Clifford, uno de los pioneros de la fotografía española y uno de los más destacados fotógrafos extranjeros del siglo XIX.

Además, la pinacoteca tiene en propiedad la “Colección General de los trajes que en la actualidad se usan en España: principiada en el año 1801” (título con la ortografía original), publicada en catorce cuadernos. Se conservan las 112 estampas que conforman la colección, y concretamente dos de ellas representan aldeanos -hombre y mujer- de la provincia de Salamanca. Cada estampa tiene la numeración original impresa, y todas han sido iluminadas en época con aguada de colores. Esta colección fue adquirida en 1993 por el Museo del Prado mediante subasta.

El estudiante de Salamanca

El poema dramático El estudiante de Salamanca de José de Espronceda ha inspirado a numerosos artistas. El Museo del Prado tiene en propiedad el óleo del extremeño Nicolás Megía Márquez, fechado en 1880, y existe una réplica de menor tamaño y similares características realizada por el pintor en la misma fecha, y expuesta en el Museo Provincial de Badajoz.

La directora del museo pacense, María Teresa Rodríguez Prieto, asegura que “es una de las obras más representativas y de mejor calidad de la producción de Megía. Fue realizada en la capital francesa y presentada en el Salón de París de 1880”. Fue tal su proyección, que “sería reproducida en diversos medios y soportes como, por ejemplo, en un calendario inglés con fotografía de Adolphe Braun. En España, aparecería en diversas publicaciones como en el número 227 de La Ilustración Artística”.

La huella salmantina en el Museo del Prado

Rodríguez explica que “la obra sigue la corriente temática fortunysta inspirada en el Siglo de Oro y, aunque a primera vista el tema pueda parecer sencillo, el título Laboremus , que en latín quiere decir trabajemos, muestra una relación irónica con la pintura, un estudiante que reniega de sus estudios”. En el lienzo aparecen una serie de elementos que cuentan con una profunda carga simbólica, en clara relación con el poema de Espronceda, y la literatura barroca, como la calavera o las flores marchitas. “Conforman estos elementos una suerte de bodegón que aproxima la composición a algunos autores como Zurbarán. Estos elementos completan la simbología del cuadro y el carácter de su protagonista: jugador por los naipes, pendenciero por la espada, bebedor por la bota de vino”, asegura la directora del museo pacense.

Con motivo de la conmemoración en 2017 del I centenario de la muerte del pintor Nicolás Megía, el Museo Provincial de Badajoz prepara para el 18 de mayo, Día de los Museos, la teatralización de la obra de Espronceda, personaje relevante en la literatura del XIX.

Obra dispersa por el mundo

Una gran parte de la obra salmantina propiedad del Museo del Prado está diseminada por distintos organismos oficiales, como ministerios, instituciones regionales o locales, y fuera de nuestras fronteras en embajadas. Ejemplo de ello es el cuadro Desde el coro o Charros en la catedral de Salamanca , de 1906, firmado por el salmantino Lorenzo Albarrán Sánchez, depositado en la Real Academia de Bellas Artes Santa Cecilia del Puerto de Santa María. Este pintor, nacido en 1874 en la localidad de Alaraz, estuvo especializado en el género del paisaje, pero también cultivó el retrato y temas costumbristas. Destaca su capacidad para la creación de ambientes y atmósferas, quizá lograda por su conocimiento y dominio de las técnicas pictóricas. De este autor también es la obra Un ángel más , propiedad del Prado, en depósito en la Cámara de Comercio de Salamanca.

Del escultor Manuel Iglesias Recio, nacido en 1880 en Villares de la Reina, el Museo del Prado tiene en propiedad una cabeza en bronce realizada por el artista charro. La obra Castellano se encuentra en las dependencias del consulado de España en Tánger.

La huella salmantina en el Museo del Prado

Iglesias estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y se especializó en el género del retrato. Concurrió con cierta asiduidad a las exposiciones nacionales de bellas artes, obteniendo la tercera medalla en 1908 por su obra El que siembra recoge .

La relación de la provincia con el Prado también está entrelazada por sus personajes. En la pinacoteca encontramos un retrato de Alfonso XI, el justiciero , nacido en 1311 en Salamanca, rey de Castilla y León que sucedió a Fernando IV el Emplazado.

La imagen de Santa Teresa de Jesús ha sido retratada en numerosas ocasiones, y la pinacoteca tiene en propiedad algunos de estos cuadros, como también un retrato de Miguel de Unamuno, en depósito en el Museo de Salamanca.

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