15 agosto 2020
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El religioso ‘salmantino’ de 25 años que ha superado la COVID-19 y ahora elabora equipos de protección

Pertenece a los Carmelitas de Rector Esperabé, ha superado el coronavirus y ahora diseña y elabora salvaorejas y pantallas gratuitas | En dos semanas ha repartido un millar

28 may 2020 / 20:57 H.

Daniel Lomas tiene 25 años. Hace dos años dio un giro radical a su vida. Dejó su negocio de juguetes Playmobil personalizados y su afición a la tecnología y el diseño 3D por el convento. En su Jerez de la Frontera natal conoció la orden de los Carmelitas y decidió que merecía la pena “dar la vida para servir a los demás” como religioso. “Lo dejé todo porque ese podía ser mi camino”, revela el joven, que desde hace dos años es religioso y reside en la comunidad de Carmelitas salmantinos de Rector Esperabé, donde realiza los estudios de la orden del Carmen antes de iniciar los estudios de Teología y Filosofía para convertirse en sacerdote.

Los religiosos tampoco se libran del coronavirus. Y aunque en este convento las misas al público se suspendieron días antes del Estado de Alarma, el COVID también ha afectado a algunos de los hermanos que residen en este convento salmantino, uno de ellos el joven Daniel, que dio positivo en el test. Treinta y dos días pasó en aislamiento en su habitación durante el mes de abril, con una sola visita al Hospital para la prueba de tórax y bastantes días de fiebre alta y falta de aire por su asma que superó en su cama de la residencia religiosa. Pasados los días más duros de la enfermedad en los que “no se tienen ganas de nada”, el aislamiento obligatorio y tras recibir el alta médica, Daniel vio que “era necesario ayudar a combatir esta pandemia”. Pensó en cómo hacerlo, primero en su entorno más cercano con sus compañeros de comunidad con edades entre los 24 y 77 años y después con la sociedad.

Él ya disponía de su propio ordenador portátil e impresora 3D, fruto de su afición tecnológica, por lo que no dudó en lanzarse a diseñar y fabricar salvaorejas (un elemento muy útil que evita las molestias para aquellas personas que pasan muchas horas con la mascarilla puesta) y pantallas protectoras, todo ello bajo los parámetros de Sanidad de Castilla y León, quien le aprobó los diseños.

Tras el éxito con sus hermanos carmelitas que estrenaron sus diseños, Daniel pidió el apoyo de la comunidad para aumentar la fabricación gratuita de salvaorejas y pantallas, con material financiado por los Carmelitas y donaciones, para destinarlo a sanitarios, personal de residencia, farmacéuticos, profesionales de primera línea y personas que lo necesitasen.

Desde entonces su impresora 3D “echa humo” funcionando ininterrumpidamente desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada. El ruido continuo de la impresora rompe el silencio monacal de los pasillos de este convento. Fabrica 8 unidades de salvaorejas cada hora y media y una pantalla de protección cada hora. Un compañero del convento se encarga de recibir los correos electrónicos con los encargos, enviar un formulario para evitar duplicidades y da prioridad a los pedidos con preferencia al sector sanitario y sociosanitario. A continuación, Daniel se encarga del diseño e impresión, para después otro hermano desinfectar según el protocolo de Sacyl y empaquetar los productos, que bien distribuyen ellos mismos a los hospitales o bien acuden al convento a recogerlos. En menos de dos semanas ha repartido un millar de salvaorejas.

Un trabajo que estos jóvenes carmelitas siguen compaginando con las rutinas del convento, ahora modificadas por el COVID sin rezos en comunidad, misas con distancia y formación sobre la orden de forma telemática con videoconferencias de profesores y teólogos.

El Clínico, el Virgen de la Vega y la Santísima Trinidad, los tres hospitales ya han recibido sus encargos del convento, sobre todo de los salvaorejas, pero también han solicitado elementos de protección desde la Diócesis, odontólogos, voluntarios del Banco de Alimentos, personal de limpieza... e incluso de un centro de salud de Ávila.

Por eso, Daniel pide “paciencia” y honestidad a la hora de hacer los pedidos a través del email carmelitano21@gmail.com y que sea porque realmente se necesitan. El joven carmelita ya ha conseguido “refuerzos”, ya que tras llamar a la empresa fabricante de su impresora 3D en Alemania, ésta colaboró enviándole una segunda máquina gratuita al convento, por valor de casi 300 euros, con sólo pagar los gastos de envío desde el país germano.

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