18 octubre 2019
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El poder integrador de la música en aulas difíciles

Un proyecto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León estimula a alumnos con discapacidad y de etnia gitana

08 jun 2019 / 21:03 H.

Canciones infantiles a tres voces acompañadas por la música en directo del violín, la guitarra y la tuba resuenan en los pasillos del colegio público de Educación Especial Reina Sofía, que además este curso ha elegido la música como tema del proyecto de centro. Risas, gritos de emoción y pasos de baile resuenan según nos acercamos a una de las aulas.

Dentro, tres instrumentistas y experimentados docentes de Salamanca como son Pilar Quiroga, Luisa Medina y Pablo Cabero, logran cada semana pequeños “milagros” con niños con discapacidad intelectual gracias al poder terapéutico de la música y la voz. El extenso repertorio de melodías en directo, la improvisación adaptada a cada niño y situación, la escucha activa de piezas sinfónicas, los juegos y el lujo de poder tocar e incluso abrazar y sentir cualquier tipo de instrumento son las mejores herramientas de integración social y de estímulo educativo.

Niños que hace cinco meses rechazaban acercarse a otros compañeros y profesores, que ahora se atreven a acariciar una guitarra y a bailar; otros que jamás han hablado y ahora recitan como un mantra los últimos versos de aquella canción que les ha tocado el alma; autistas que mientras escuchan una obra sinfónica expresan por vez primera un sentimiento de cariño hacia un compañero; o chicos que derrochan como nunca antes carcajadas de felicidad al descubrir la diversión detrás del ritmo de un tambor.

Las reacciones y la evolución de estos escolares no deja de sorprender a los profesores, integrantes del nuevo proyecto que el área socioeducativa de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (Oscyl) ha extendido este curso a todas las provincias de la Región para escolares con dificultades o vulnerables.

En Salamanca, son nueve los profesores instrumentistas que cada semana, desde enero, acuden a las aulas de los colegios Reina Sofía y Juan del Enzina del barrio San José para acercar la música clásica y sinfónica a estos niños y de paso conseguir logros tan importantes como la reducción del absentismo escolar, la mejora de la autoestima y su mejora en la capacidad de aprendizaje. “Son niños a los que les cuesta mucho mantener la atención, la concentración y que estén en una actividad mucho tiempo seguido. La música consigue que estén motivados, alegres y que participen activamente”, reconoce Ana, profesora del Reina Sofía.

En el Juan del Enzina, con mayoría de alumnado gitano, el proyecto de la Oscyl se desarrolla en forma de tres coros (cada uno agrupa a dos cursos de Primaria) donde los chicos dejan de lado su protagonismo individual en favor del grupal. Temas al unísono, con varias voces, con percusión corporal y melodías de diferentes países hacen sentir importantes a estos chicos que ya han compartido una experiencia con escolares de una orquesta de Valladolid y que a final de curso ofrecerán un concierto. “Aterrizas en una realidad que está aquí, en Salamanca y donde lo más fácil es no mirar, pero el poder de la música no tiene límites”, reconoce Pilar Quiroga, que recuerda que nunca pierden la perspectiva de que estas clases son “un rinconcito de arte sin grandes pretensiones, pero con la intención de trascender y de que los niños lo vivan de verdad y disfruten”.

“Tenemos la experiencia de dar clase durante muchos años con niños pero esto es un mundo completamente diferente. Es fascinante cómo estos chicos te despiertan la improvisación y flexibilidad”, admite Luisa Medina. “Hemos aprendido el poder de adaptación a cada niño y a cada situación. Ellos lo dan todo y tienen reacciones muy auténticas”, agrega Pablo Cabero. Sin duda, esta experiencia es un lujo con mayúsculas, tanto para maestros como para los alumnos.

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