13 noviembre 2019
  • Hola

Dónde termina la ropa y el aceite usado que reciclamos

15 oct 2019 / 17:37 H.

La cooperativa Porsiete envía el aceite para que se transforme en biodiésel y la ropa a mercados de África y Europa del Este

Las primeras noches frescas del otoño marcan el momento de empezar a guardar la ropa de verano, abrir los roperos y descartar esas prendas que ya no nos apetecerá vestir... o que directamente no nos caben. Los cambios de armario de otoño y primavera son el momento del año en que los salmantinos se desprenden de más ropa usada. Y en cualquier hogar surgen las dudas. ¿Dónde llevarla? ¿Podrá aprovecharla alguien?

En el proceso de reciclaje de residuos iniciado en la provincia de Salamanca a inicios de los 90, la recogida de ropa y zapatos ha sido en los últimos años, junto a la del aceite usado, la última gran oleada que, desde la conciencia social y ecológica, se ha hecho presente en las calles de los municipios en forma de contenedores. Detrás de esta labor está Porsiete, una cooperativa que dio sus primeros pasos en junio de 2006 en Carbajosa de la Sagrada con el objetivo de crear empleo para personas con discapacidad y en situaciones de dificultad. El objetivo de su labor es la recogida y almacenamiento de residuos para se reciclaje.

El aceite usado se vende a plantas que lo transforman en biodiésel

Trece años después, Porsiete recicló el pasado año 477.595 litros de aceite usado -incluyendo el procedente de Ávila y Zamora- que, una vez depurado, vendió a plantas que lo transforman en biodiesel, y recogió 499.178 toneladas de ropa de la que una pequeña parte ha podido ser puesta a la venta en tiendas de segunda mano, mientras que el resto se procesa para muy diferentes usos. Convertida desde 2008 en centro especial de empleo, da trabajo a 20 personas, de las que tres cuartas partes presentan distintos grados de discapacidad, y ha incorporado la recogida de otros residuos, como electrodomésticos y pilas, para su reutilización o procesamiento con el fin de limitar al máximo el daño al medio ambiente.

“Veníamos del campo educativo y quisimos emprender un proyecto dirigido a crear empleo en colectivos con dificultades. No teníamos dinero y la idea era que la actividad reportara recursos cuanto antes”, dice Pilar Rodríguez, presidenta de Porsiete. Después de hablar con unos y otros, decidieron empezar por el reciclaje de aceite. “No sabíamos absolutamente nada del tema” -aclara sonriente-, “y los inicios fueron muy duros. Tuvimos que hacer de todo, desde limpiar y aprender tecnología hasta hacer clientes y visitar a mucha gente”.

Las subvenciones de la Junta y los primeros acuerdos con los municipios del alfoz, la Universidad de Salamanca y el Ayuntamiento de la capital en 2010 impulsaron el proyecto. Pero el espaldarazo definitivo, en forma de ingresos modestos pero que permiten cubrir los gastos, llegó al ganar en 2013 el concurso de la Diputación para el servicio de recogida de aceite usado de origen domestico en la provincia. “Carbajosa, Villamayor, Doñinos o la Universidad fueron los primeros de toda España en poner contenedores de recogida de aceite usado en la calle”, presume con orgullo Pilar.

Un camión y dos furgonetas de Porsiete recorren periódicamente los 493 contenedores de la provincia evacuando los depósitos ignífugos de recogida de aceite en aquellos municipios que se han sumado al convenio: hoy en día, la práctica totalidad. Los 68 contenedores distribuidos por todos los barrios de la capital se recorren cada dos semanas, aunque si uno se llena antes, llega un aviso y se soluciona en breve plazo. También se retira el aceite de bares y restaurantes, en virtud de un convenio con la Asociación de Empresarios de Hostelería.

Dónde termina la ropa y el aceite usado que reciclamos

En la planta del polígono El Montalvo se pesan y vacían los envases de aceite, que se somete a un proceso de filtrado y decantación. Las botellas que lo contenían son a su vez sometidas a un proceso de limpieza porque también serán recicladas como plásticos, y este agua del lavado también es depurada. Nada puede escurrirse por el alcantarillado: pese a no ser peligroso, un litro de aceite vegetal contamina 1.000 litros de agua. “Cada ciudadano genera al año entre 12 y 15 litros de aceite usado. En esa proporción, nosotros recogemos dos y pico. El resto va al río y luego al mar”. Un dato: el Consorcio de Aguas de Bilbao se gastó el año pasado 1,6 millones de euros en eliminar el aceite usado de la ría.

Porsiete cuenta con una certificación de sostenibilidad ISCC que avala su correcta actuación acorde a la normativa medioambiental vigente como recogedor, almacenador y valorizador del residuo. Cada paso, entrada y salida quedan registrados y documentados.

El proceso concluye con la venta del aceite resultante a plantas especializadas en fabricación de biodiesel. “Trabajamos con dos o tres empresas españolas, que a su vez exportan mucho biodiesel para Europa”, apunta Pilar Rodríguez. Por cada litro recogido se obtienen 900 gramos de este aceite con el que se elabora un combustible no contaminante.

Pero como en casi todos los campos, a veces surge una competencia no deseada y con bastante picaresca. “Cuando los movimientos en el mercado del aceite y la demanda suben el precio, hay gente que llega y ofrece dinero para llevarse el aceite usado haciéndose pasar por nosotros, y esto confunde y desprestigia nuestra labor. Nosotros no pagamos porque nos tienen que cuadrar las cuentas”, aclara la presidenta de Porsiete.

En 2011 Porsiete inició dio un paso más. La ropa, el textil y el calzado suponen un 3% de los residuos sólidos urbanos. Recogerlos de manera selectiva permite también reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, además de alargar la vida útil de la ropa. Hoy cuenta con 170 contenedores morados de los que 66 están en la capital. El año pasado recogieron casi 500.000 kilos.

La ropa usada termina en los mercados de África y Europa del Este

La cooperativa salmantina deriva la ropa en buen estado al mercado de segunda mano a través de pequeñas empresas de otras provincias integradas también en la Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria ( AERESS). Parte de este cargamento termina en mercados de África y Europa del Este. Pero la ropa aprovechable para una segunda vida no pasa del 4% de lo recogida, según certifican desde Porsiete.

Pero las manchas y las roturas impiden que mucha de ella sea reutilizada. “La ropa es de peor calidad que antes y sale mejor comprarte una prenda nueva que ir a la segunda mano”, apunta Pilar Rodríguez. La lana se almacena para ser enviada a la India, donde se recicla. La mayor parte se vende para ser procesada y transformada en productos geotextiles, desde materiales de insonorización de paredes a suelos de parques infantiles o trapos en talleres”.

En su constante proceso de crecimiento, desde el año pasado Porsiete ha iniciado la recogida de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Según los datos de Porsiete, cada persona genera al año cerca de 16 kilos de estos residuos y solo un 15% se gestiona de forma ambientalmente correcta, con la preceptiva descontaminación. Mucho de este material termina en los vertederos. “Aceptamos todo tipo de aparatos, pero tenemos dos técnicos que los revisan y determinan si pueden ser reutilizados con un coste de trabajo asumible. Con los ordenadores asumimos el compromiso de destruir los datos”. Pilar Rodríguez precisa que la nueva Ley de Residuos obliga a controlar la trazablidad del aparato y sus elementos desde que sale de fábrica hasta que se descompone. Todo tiene que estar bajo control.

La cooperativa Porsiete recibió el Premio Castilla y León Mujer en la Empresa en 2008

Tambien se recogen y se da salida a las pilas eléctricas, que se recogen de los depósitos de los comercios e instituciones que aceptan colaborar. Las baterías se envían a la Fundación Ecopilas. “También recogemos toner, pero suponen un problema grande. Los cartuchos que no están homologados y no pueden ser reutilizados por sus marcas hemos de enviarlos a una planta de Galicia y nos cobran por el transporte y el reciclaje posterior”.

Desde que en 2008 la cooperativa Porsiete recibiese el Premio Castilla y León Mujer en la Empresa, la labor de esta cooperativa salmantina ha sido reconocida con el apoyo de las administraciones locales y regionales y servido de referencia para iniciativas similares en el entorno. Desde el pasado año ocupan una nave de 1.892 metros cuadrados en el polígono El Montalvo donde cargan y descargan sus cinco furgonetas y un camión.

“Nosotros vivimos de vender lo que se puede del residuo”, expone Pilar Rodríguez, quien agradece la respuesta ciudadana, pero reitera el mensaje: “Hay que seguir concienciando a la gente, que conozcan la importancia de reciclar y sepan cómo trabajamos. Reducimos residuos creando empleo. Por eso es muy peligrosa la desinformación sobre este tema; los bulos desmovilizan y nos hacen mucho daño”.

PALABRAS CLAVE