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La voluntaria Inés Juanes durante el Día de la Banderita de Cruz Roja. Cruz Roja
«Cruz Roja me ha dado la vida. Yo habré ayudado, pero ellos no saben lo que han hecho por mí»

INÉS JUANES

«Cruz Roja me ha dado la vida. Yo habré ayudado, pero ellos no saben lo que han hecho por mí»

Inés Juanes colabora desde hace 19 años en un voluntariado de acompañamiento a personas mayores de Cruz Roja

María Regadera

Salamanca

Viernes, 10 de mayo 2024, 19:09

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Casi veinte años formando parte de la 'gran familia' de Cruz Roja y encantada de regalar su tiempo a las personas de avanzada edad. Inés Juanes, una 'voluntaria todoterreno' cuenta a LA GACETA su experiencia en la entidad desde su primera vez en 2005, cuando su empresa cerró y decidió que 'era el momento' para entregarse a los demás.

¿Por qué comenzó como voluntaria en Cruz Roja y de qué manera le ha cambiado la vida?

—Pues muchísimo. Empecé en 2005 cuando mi empresa cerró y llevo 19 años como voluntaria. Siempre había oído hablar maravillas de Cruz Roja por un familiar que colaboraba con la entidad, pero no podía plantearme la idea de involucrarme porque no tenía tiempo con el trabajo. Cuando eso pasó supe que era el momento. Comienzas en un proyecto y te engancha, comienzas en otro y te engancha. Cruz Roja a mi me ha dado la vida, yo llevaba una rutina muy activa y no quiero pensar que hubiese sido de mi si tengo que parar de golpe. Yo habré ayudado en Cruz Roja, pero ellos a mi más de lo que creen. Además, durante los voluntariados conoces a muchísima gente y eso te enriquece y aporta.

¿En qué proyectos se encuentra inmersa actualmente?

—He estado en todos los programas que se me requiere. Durante estos años he participado en la recogida de juguetes en navidad, en la entrega de material escolar, también estoy en los programas de apoyo en los alimentos , en el Día de la Banderita participado muchos años y no me he perdido un encuentro. Siempre para lo que me llamen estoy disponible. Aunque, principalmente estos años he trabajado en el programa de acompañamiento a mayores. Durante la pandemia me comunicaba por teléfono con veinte mayores de Salamanca y provincia para saber su estado. Ahora hemos recuperado las visitas presenciales a domicilio.

Inés en una campaña de entrega de material escolar.
Inés en una campaña de entrega de material escolar. Cruz Roja

¿Cómo es trabajar con mayores de la comunidad y cuáles son los nuevos retos que surgen?

—Trabajando con mayores me siento muy cómoda y es donde tengo más experiencia. Normalmente vamos a visitarles a sus casas y domicilios. En los últimos años, Cruz Roja se ha propuesto un reto fundamental, conseguir que estos mayores salgan de casa, que realicen actividades y que conozcan a otros mayores para mejorar su salud psicológica. No nos gusta ver a las personas mayores todo el día en su casa en bata, queremos que se arreglen y salgan a la calle para relacionarse. Cada vez hay más mayores solos en hogares y la mejor medicina muchas veces es la compañía. Cuando vamos a visitarles lo que quieren es compañía y hablar. Nos cuentan historias de sus hijos o de cuando eran jóvenes y ellos se sienten felices.

¿Qué es lo más duro de este tipo de voluntariado con mayores?

—Tengo grabada la imagen de un día que fuimos a visitar a un hombre a su casa en un pueblo y nos encontramos que lo estaban enterrando. Lo más duro viene cuando te dicen que la persona a la que has estado visitando se ha ido.

Después de esas visitas periódicas, ¿se suelen crear vínculos?

—Claro que se crean vínculos. Siempre hay momentos muy agradables. Con mucha frecuencia cuando visitamos los domicilios nos ofrecen un vaso de leche, un zumo o unas pastas. Otros te dicen 'ponemos más comida y se pueden quedar a comer' o 'podían haberme avisado y les hubiese hecho la comida'. Es un ambiente muy familiar. También hay mayores que casi no te dejan pasar de la puerta por desconfianza, siempre hay de todo.

¿Cómo ha cambiado el voluntariado desde que entró en Cruz Roja?

—Antes había mucha más gente trabajando de forma presencial en la sede y ahora las nuevas tecnologías también han cambiado eso y han surgido otro tipo de voluntariados diferentes y se han adaptado los trabajos, que en algunas ocasiones son más fáciles o rápidos. Lo mismo ocurre con los programas. Hace años, hubiese sido impensable un programa de ayuda a mayores con las nuevas tecnologías. Gracias a esta actividad, muchos de ellos han aprendido a hacer videollamadas con sus hijos o nietos y se han evitado posibles estafas.

Después de 19 años, ¿animaría a otros salmantinos a hacerse voluntarios de Cruz Roja?

—Un voluntariado siempre suma y voluntarios hacen falta. La gente te conoce, haces amistades y te llena al cien por cien. Además, los compañeros y técnicos son maravillosos, son como una gran familia. Yo animaría a todo el mundo a dedicar una pequeña franja de tiempo a realizar este tipo de acciones. Cada uno decide el tiempo que quiere entregar a esta labor y muchas veces con organización no supone un gran esfuerzo.

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