05 marzo 2021
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Así se vivió el 23-F en Salamanca

El fallido golpe de estado provocó altercados en la ciudad, algún viaje a Portugal y una tímida manifestación en defensa de la Constitución

Dicen que fue la “noche de los transistores”. Y no falta razón. El propio Alfonso Hortal, prestigioso periodista de LA GACETA, aseguraba en el periódico del 24 de febrero de 1981 que el personal había pasado la tarde anterior “con los transistores pegados al oído, como en los buenos tiempos de la Unión”. No era para menos. El teniente coronel Tejero había asaltado el Congreso de los Diputados durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.

El pueblo estaba conmocionado. Y, aunque la noche transcurrió con normalidad en Salamanca después de que el Rey apareciera en televisión aplacando la rebelión, se dice que algunos salmantinos se la pasaron en la carretera de Portugal o incluso atravesaron la frontera. Por lo que pudiera pasar. El golpe no era una broma. Un año después, el semanario “Actual” publicó un listado de nombres de más de 3.000 personas que iban a morir fusiladas de haber triunfado el levantamiento armado. Entre ellas, se encontraba el alcalde de Salamanca, Jesús Málaga; el veterano socialista Juan José Melero; Lucía García Hernández, número 1 de la lista del PCE al Congreso en las elecciones generales de 1977; el catedrático Inocencio García Velasco; el socialista bejarano Miguel Miñana Alonso; el comunista Gonzalo Rivera Cebrián; y el catedrático de Biología Fernando Galán.

LA GACETA del 25 de febrero recogió ya el fin del golpe de estado y destacó la actuación del monarca en un editorial titulado “Orden constitucional”. Pero no todo había sido normalidad. De hecho, el Gobierno Civil publicó ese día una nota en la que reconocía que se había producido una manifestación de estudiantes no autorizada y que había sido dispersada por la Policía. Fue una noche de carreras entre agentes y manifestantes por lo que el gobernador civil pidió “sentido de la responsabilidad a todos los salmantinos”.

“Faltó un pelo para que nos ametrallaran”, relató uno de los diputados salmantinos presentes el 23-F en el Congreso

Lo más curioso del periódico de ese día fueron las reacciones de los diputados salmantinos que se encontraban en el hemiciclo cuando Tejero hizo acto de presencia al grito de “¡Todo el mundo al suelo!”. Las declaraciones de Alberto Estella fueron las más tremendas: “Faltó un pelo para que nos ametrallaran”. El diputado llegó incluso a escribir una nota de despedida a su familia. Salvador Sánchez Terán, por su parte, sintió “estupor y sorpresa, más que miedo”, mientras que Jesús Esperabé de Arteaga aseguró que “estaba hecho un tío, pero no podía seguir en el Congreso por mis achaques, y por eso pedí que me sacaran”. El socialista José Manuel Bueno, por su parte, encontró unos “acontecimientos con desarrollo esperpéntico” y pensó que Tejero no tenía nada que hacer nada más verlo.

Al día siguiente, los partidos políticos y centrales sindicales convocaron una manifestación para el día 27, en la que emplazaron a toda la ciudadanía bajo el lema “Por la libertad, la democracia y la Constitución”.

6.000 salmantinos recorrieron el centro de la ciudad pidiendo libertad bajo la lluvia
6.000 salmantinos recorrieron el centro de la ciudad pidiendo libertad bajo la lluvia

Es verdad que aquella tarde llovió. Sin embargo, resulta chocante que apenas 6.000 personas se lanzaran a la calle para defender los valores democráticos. En Madrid, por ejemplo, habían tomado las calles más de un millón. Y eso que la convocatoria de la concentración partía de Unión del Centro Democrático, el PSOE, el Partido Comunista, Alianza Popular, Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores, así como de las juventudes de los principales partidos políticos, las facultades de Filosofía y Letras y de Geografía e Historia, la Federación de Organizaciones Empresariales de Salamanca, el Colegio Oficial de Médicos, la Confederación General de Trabajadores, la Cámara de Comercio, el Instituto de Investigaciones Científicas y Ecológicas y el Partido Regionalista del País Leonés.

La manifestación caminó silenciosa bajo la lluvia desde la Plaza Mayor hasta la calle Zamora, la avenida de Mirat y la calle Toro, y desembocó de nuevo en la Plaza, donde se leyó un manifiesto elaborado conjuntamente por todos los convocantes. Pero también hubo incidentes. Miembros de la CNT organizaron una manifestación paralela en la plaza del Corrillo. Medio centenar de personas desplegaron grandes pancartas que les fueron arrebatadas por la Policía. Se produjeron forcejeos y carreras, aunque finalmente los anarquistas se unieron al final de la marcha oficial, aunque eso sí, separados por un cordón policial. Su carácter revoltoso hizo que cortaran el tráfico en la Gran Vía, mientras se leía el manifiesto en la Plaza.

Con los días, la normalidad volvió a Salamanca. Aunque las secuelas del 23-F todavía se reflejarían en diversos actos públicos en los que se aprovechaba para hacer llamadas al orden constitucional y a la convivencia. Sobre todo, entre el pueblo y el ejército. Y así, por ejemplo, en el gran homenaje que la ciudad rindió al héroe de la Guerra de la Independencia, Julián Sánchez “El Charro”, el alcalde Jesús Málaga lanzó un discurso en el que abogó por “un Ejército que, siendo parte integrante del pueblo, ha asumido la honrosa tarea de velar constantemente por su integridad y por la del ordenamiento constitucional”. El capitán general de la VII Región Militar, Ángel Campano López, por su parte, también aseveró que la finalidad de las Fuerzas Armadas no era otra que la de “favorecer la integración entre el pueblo y el Ejército para que la convivencia entre ambos sea mayor, para que se eviten recelos y desaparezcan desconfianzas”.

Al año siguiente, el Ayuntamiento de Salamanca nombró al rey don Juan Carlos “Alcalde Honorario de la Ciudad” y la Diputación le hizo entrega de la Medalla de Oro de la provincia. El monarca recibió ambas distinciones por su contribución a restituir el orden constitucional en aquellas peligrosas horas en las que España estuvo a punto de perder su joven democracia.

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