18 mayo 2022
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Ana Fernández-Sesma (viróloga del Monte Sinaí): “Ya se ve la luz al final del túnel, lo que queda no va a ser ni parecido a lo vivido”

La experta bejarana no se atreve a poner fecha al fin de la pandemia, pero se muestra muy optimista sobre la vuelta a la normalidad

19 jul 2021 / 07:33 H.
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PALABRAS CLAVE

Hace apenas una semana que la prestigiosa viróloga Ana Fernández-Sesma aterrizó en Madrid con su familia. No viajaba a España desde enero de 2020. Su primer destino fue Burgos, lugar de origen de su marido, el también virólogo Adolfo García-Sastre. Después han disfrutado de la familia en Béjar, localidad en la que vivió Ana Fernández-Sesma hasta marcharse a la Universidad de Salamanca a estudiar Biología. Allí, la catedrática en Biología y Medicina que lidera uno de los grupos más potentes de investigación sobre virus en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, ha recibido a un equipo de LA GACETA para analizar la situación actual de la pandemia. Su destino ahora es Cádiz, donde terminarán el mes de julio.

–Está disfrutando de sus vacaciones en España, pero usted y su marido no para de trabajar.

–Es así, ahora está la pandemia, así que no podemos desconectarnos del todo, en cualquier caso, hemos intentado no dejar nada muy urgente para estos días ya que, por primera vez en 30 años que llevamos en Estados Unidos, nos hemos cogido un mes, pero compaginando familia, vacaciones y trabajo. Una de las cosas buenas de la pandemia es que ya no se ve tan mal que hagas cosas de forma remota, eso también nos permite estirar un poco más las vacaciones.

–¿Cómo ve la pandemia? Han llegado justo con la quinta ola.

–Yo creo que ya estamos saliendo de esto porque hay un repunte, pero son casos de gente joven, que se ha empezado a juntar en sitios cerrados, que es donde están los problemas. En cualquier caso, tampoco se están viendo tantísimos casos graves porque la gente con más riesgo está vacunada, aunque si se descontrola la situación, evidentemente, los vacunados podrían contraer la enfermedad y en algunos casos de forma grave, pero insisto en que estamos saliendo del bache, ya se ve la luz al final del túnel y lo que queda ya no va a ser ni parecido a lo vivido, puede haber alguna restricción y que en algunos sitios pongan un toque de queda para controlar los contagios, porque hay que tener aún un poco de cuidado, pero creo que está mejorando, soy muy optimista.

–Así que algo de riesgo existe y también para los jóvenes ¿no?

–El grupo que se está contagiando ahora más son los jóvenes, que tienen muchos contactos y ese es el problema porque colapsa la Atención Primaria, aunque sean casos leves, y, además, estos jóvenes van a fastidiar las vacaciones a sus padres, pero la nueva variante no es más grave, sí más contagiosa.

–¿Se atreve a poner fecha al final de la pandemia?

–No porque todo va a ir de modo muy gradual.

–¿Y volveremos a la normalidad?

–Sí, aunque nos van a quedar cosas que antes no nos hubiéramos planteado, como el uso de la mascarilla en cuanto alguien tenga un catarro. Vamos a tener un poco más de conciencia, de higiene de lo que podemos contagiar.

–¿Qué le parece la estrategia de vacunación en España?

–Quizás habría que ir ya a las franjas en las que hay mayores contagios. El problema de España es que no se tienen todas las dosis que se requieren, así que no se puede culpar a nadie porque no se esté vacunando más, ya que no tienen más dosis. Pero si fuera como en Estados Unidos donde hay muchas dosis, habría que abrir la vacunación a todos, que hubiera lugares para la vacunación cerca de los sitios de playa, de las discotecas y donde hay más gente. En vez de que la gente vaya a un lugar, tienes que ir tú y poner autobuses, como los de donación de sangre, para que se vacunen.

–¿Nos hemos quitado muy pronto las mascarillas?

–Cuando llegamos a Madrid ya había dicho el Gobierno que se podían quitar la mascarilla por la calle y me sorprendí porque no había visto nunca tanta gente con mascarilla por la calle. Creo que la gente sintió miedo y se la puso, es el miedo a lo nuevo. En Nueva York, por ejemplo, ya no la llevaba nadie, hay un 70% de vacunados, pero es obligatoria en transporte público y en todos los bares y tiendas. En España creo que ha habido tanta desinformación, o información cruzada, y la gente está muy confundida.

–Hay casos de personas que ya vacunadas se han infectado ¿era previsible?

–Claro porque ahora mismo se están haciendo muchos test y en tiempo real se detectan casos de personas vacunadas que en otro momento no se hubieran sabido. Para nosotros a nivel científico es interesante porque no se ha hecho nunca a tiempo real estudios para proteger contra síntomas a asintomáticos. Cuando la gente dice que AstraZeneca es peor yo les digo: “Pfizer y Moderna son ‘superguay’ y las otras son ‘guay’, pero yo me quedo igualmente como ‘guay’”, quiero decir que las vacunas son tan excepcionales que no nos lo creemos ni nosotros.

–¿Habrá que ponerse un recordatorio?

–Un porcentaje pequeño de la gente, no todo el mundo, tendrá que ponerse una tercera dosis, pero no en otoño, que aún será muy pronto. Además, hay muchos países que no han llegado a la primera y ni a la segunda dosis, así que ¿por qué vamos a hablar de terceras dosis los países privilegiados cuando no han llegado las dosis a otros países? Si no se vacuna a todo el mundo, y sigue circulando el virus, sí que va a hacer falta una tercera dosis para todos.

–¿Llegará la vacuna a África? ¿cuál es la situación de estos países?

–Sus países tienen tantos otros problemas que esto es como una gota en el océano. Ellos están acostumbrados a vacunar constantemente, tienen epidemias todos los años, así que su sistema de salud está acostumbrado a ello y si les dan vacunas, la gente se va a vacunar sin problema, pero tienen otros problemas como malaria o ébola que causan más muertes en proporción. Eso sí, con esta pandemia se ha creado toda una infraestructura en los hospitales para la recogida de muestras y el seguimiento de pacientes, y eso va a permitir seguir también casos de dengue y otras enfermedades para las que aún no había infraestructura.

–La próxima semana se venderán ya test de antígenos en farmacias sin receta médica, ¿qué le parece?

–Que estén disponibles en la farmacia en el fondo puede dar una falsa seguridad. Son un arma de doble filo: es una ventaja haberlos desarrollado, son buenos y pueden servir a nivel doméstico, pero no a nivel de Atención Primaria. También existen los test rápidos de la gripe y la gente no se los hace.

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