20 enero 2022
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La ruta salmantina por las minas que abastecieron el armamento de la II Guerra Mundial

Las antiguas minas de Navasfrías ofrecen un singular recorrido a través de cuatro galerías de las que se extrajo wolframio para blindar los carros de combate

27 nov 2021 / 10:50 H.
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Adentrarse en el interior de la Tierra para recorrer las galerías de las que salieron toneladas de wolframio para blindar los carros de combate durante la II Guerra Mundial. Es la experiencia que ofrecen las minas de Navasfrías, al sur de la provincia, a través de las visitas guiadas que ofrece el Ayuntamiento de la localidad.

Para hablar del pasado minero de Navasfrías habría que remontarse a la época romana y a los yacimientos de oro que se encontraban en la zona, aunque fueron los años de la II Guerra Mundial los que realmente dieron fama al municipio.

Así lo explica Roberto Ferreira, el alguacil de Navasfrías y también el encargado de enseñar las minas: “el wolframio se usaba para endurecer el armamento y de su extracción vivían los vecinos de toda esta zona, algunos trabajando en la mina y otros dedicándose al contrabando”, explica.

El cierre de la mina dio paso a una larga época de abandono hasta que el Ayuntamiento decidió reabrirlas hace unos años al turismo.

Por seguridad se encuentran cerradas con llave, por lo que antes de visitarlas es necesario ponerse en contacto con el Consistorio de Navasfrías (923 47 50 01) para fijar una cita. El recorrido, de una hora y media de duración, se realiza por cuatro galerías que en su día fueron acondicionadas para el turismo. Una de ellas a cielo abierto y las otras tres bajo tierra con longitudes que varían desde los 20 metros de la más pequeña a los 140 de la más grande. Además de los túneles, la visita muestra antiguos pozos de agua y rincones donde todavía es visible la huella de los barrenos con los que se hacían los agujeros para poner la dinamita y extraer el mineral.

Las minas se encuentran a pocos kilómetros del pueblo a través de un camino al que se puede acceder en coche. Cerca de ellas está la antigua casona en la que se refugiaba el guarda y que también puede visitarse, además de un merendero en el que poder comer en la época de buen tiempo.

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