25 enero 2020
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Escondido en un maletero para celebrar misa. La historia de un cura de Alba de Tormes en China

Ricardo Teixeira acaba de regresar del país asiático tras 4 años de trabajo en un lugar en el que los bautizos son casi siempre de adultos “porque los niños lo cuentan todo y hay chivatos”

06 ene 2020 / 19:15 H.

Ricardo Teixeira es sacerdote desde hace 14 años y pertenece a los Padres Reparadores. Ha pasado los últimos 4 años en China infiltrado como estudiante, aunque ejercía su labor como misionero. Muchas veces ha tenido que celebrar misa en habitaciones de casas particulares para salvaguardar tanto su identidad como la de los católicos que acudían a ellas. La semana pasada el Papa pedía recordar a obispos y sacerdotes que trabajan en China que “sufren y son presionados en el ejercicio de su ministerio” y son fieles a Roma. En China la “iglesia oficial” es la Asociación Patriótica Católica China, que no reconoce la autoridad del Papa.

-¿Cómo es ser sacerdote católico en China?

-Complicado. China intenta controlar todo en su sociedad, hasta la religión, el nombramiento de Obispos y que haya ‘númerus clausus’ de curas. Es un gobierno que dice que Dios no existe. En una provincia se podía celebrar abiertamente en lugares con más de dos mil personas y en otros lugares la misa sólo se puede hacer en casas particulares, a escondidas, en voz baja y de forma totalmente privada.

-¿Cómo mantenían la seguridad y el anonimato?

-Para mantener la seguridad funciona el aislamiento, porque no se trata sólo de nuestra seguridad sino de la de nuestros contactos en el país. Nosotros éramos 4 curas en Pekín y nos quedábamos en apartamentos distintos y habitaciones diferentes. Dos de nosotros estábamos en la misma universidad estudiando y teníamos que hacer como si no nos conociésemos. De incógnito siempre.

-¿Qué podía ocurrir si le pillaban diciendo misa allí?

-Si te cogen cuando estás celebrando una eucaristía con chinos el problema no es para ti, va a ser para ellos. En mi caso atender a una misa siendo un cura no legitimado por el gobierno chino sería motivo de expulsión del país, pero a los chinos les puede suponer la cárcel.

-¿Es sencillo decir misa allí?

-No. Las misas clandestinas se hacían en casa de algunos católicos, pero para llegar hasta allí algunas veces tuve que meterme en el maletero de un coche que era el encargado de llevarme hasta el lugar. Hay muchas cámaras de videovigilancia en todas partes y era la forma de evitarlas. A las misas se invita a gente que sabes que no te va a denunciar porque hay muchos delatores y el gobierno les paga por ello. Incluso, en algunos sitios quedaba con personas a las que tenía que decir una contraseña con una cita de la Biblia y ellos me contestaban con el resto de la cita. Todo para saber que éramos las personas concretas para ir a la eucaristía.

-¿Tener una Biblia en China es delito?

-Si. He visto a ciudadanos chinos ir a Macao a traer 40 biblias para China y jugársela con la maleta cargada de libros. La Biblia es un libro prohibido allí. Esa gente que va a por biblias tiene mucho coraje, porque nosotros nos vamos a nuestro país pero los chinos se quedan allí y si les pillan puede ser una multa, la cárcel, perder el trabajo o que sus hijos tengan que dejar de ir a la escuela pública.

-¿Ha bautizado mucha gente en cuatro años?

-Sí. Pero los bautismos de niños pequeños allí son muy poco frecuentes, porque los niños lo cuentan todo. Se trata de evitar que cuenten que han sido bautizados o que van a misa. Si el profesor del niño lo sabe delatará a la familia. Si delatas a un católico hay recompensa, y si es un cura todavía más. En el caso de los adultos en los cuatro años que he estado he celebrado más de mil bautismos cada año.

-¿Volverá a China?

-Ya no puedo volver porque me he expuesto demasiado, hice demasiado ruido. Allí te juegas la vida.