16 julio 2019
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El recuerdo a las víctimas del polvorín que arrasó Peñaranda hace 80 años

El suceso dejó más de un centenar de muertos y 1.500 heridos

09 jul 2019 / 12:37 H.

80 años después de la explosión del polvorín que arrasó Peñaranda de Bracamonte dejando más de un centenar de muertos y 1.500 heridos, la ciudad ha rendido homenaje a las víctimas de aquella tragedia. Junto al monumento dedicado a aquel luctuoso suceso, se han leído los nombres de las víctimas mortales.

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La acabó oficialmente el 1 de abril de 1939 pero poco podían sospechar los peñarandinos que tres meses después vivirían las peores consecuencias de la contienda con la explosión del Polvorín que el 9 de julio dejó la localidad reducida prácticamente a cenizas en la peor tragedia que recuerdan sus vecinos.

El recuerdo a las víctimas del polvorín que arrasó Peñaranda hace 80 años

El libro que se editó en 1989 con motivo del 50 aniversario del Polvorín refleja que “era un domingo de verano en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca) cuando el pueblo, que se arreglaba para asistir a misa de doce, se sobresaltaba a consecuencia de un gran estruendo. Por un instante hizo pensar a sus gentes en un acto de guerra, en un bombardeo, dado lo próximo de la contienda civil vivida, aunque inmediatamente se darían cuenta que la explosión provenía de uno de los polvorines de armas de la localidad, el más próximo a la estación de ferrocarril. Fue un 9 de julio de 1939” una fecha que ha quedado para siempre grabada en la memoria colectiva.

Peñaranda de Bracamonte, durante la Guerra Civil había sido zona de retaguardia del ejército franquista, por lo tanto plaza segura y estratégicamente bien comunicada para el aprovisionamiento de explosivos, que fueron almacenados en distintos enclaves de la localidad. Sobre las posibles causas de la tragedia la mencionada publicación recoge: “no sabotaje, sino accidente, fue la tesis que se impuso. Instantes antes del desastre, el tren de mercancías 352 procedente de Salamanca con destino a Ávila entraba en la estación con una de sus ruedas al rojo vivo, fue el detonante.

Se sabe que la mercancía transportada era amonal, mezcla tremendamente inestable de nitrato amónico, TNT y polvo de aluminio. La explosión fue enorme, casi simultánea a una segunda proveniente del polvorín próximo a la estación, que almacenaba más de 300 toneladas de bombas”.

El recuerdo a las víctimas del polvorín que arrasó Peñaranda hace 80 años

Minutos después el escenario era dantesco y si bien las víctimas mortales nunca se determinaron con exactitud, todos los investigadores aseguran que superaron el centenar entre muertos y desaparecidos a los que se sumaron más de 1.500 heridos y un millar de edificios afectados por derrumbes y el incendio que se declaró a continuación.

El miedo a nuevas explosiones hizo que cientos de peñarandinos recogieran los pocos enseres que pudieron recuperar y huyeran a pueblos cercanos como Aldeaseca de la Frontera y Cantaracillo, entre otros. Como el Ave Fénix, Peñaranda y sus habitantes se vieron obligados a renacer de sus cenizas y ese mismo año se creó un patronato para la reconstrucción de la localidad. Hoy en día, en la zona de la estación, una obra del artista Juan Francisco Pro, recuerda para siempre el Polvorín con los nombres de sus víctimas grabados en la propia escultura. El monumento contiene, además, un fragmento de la zapata de freno del tren cargado de explosivos que voló por los aires y que donó una familia peñarandina.

Casi un millón de pesetas de la época en donativos para reconstruir la localidad

Medios internacionales y nacionales, entre ellos LA GACETA, se hicieron eco de la tragedia vivida en Peñaranda y de la “marea” de solidaridad que se despertó para ayudar a las víctimas. A las 200.000 pesetas (1.200 euros) enviadas por el Generalísimo Francisco Franco se fueron sumando otros donativos como los del embajador alemán y el rey Alfonso XIII desde su residencia en Ginebra (Suiza). El Patronato de Reconstrucción y Socorro, con Franco como presidente honorífico, fue el encargado de coordinar el resurgir de una localidad que quedó literalmente arrasada por la explosión.

Se calcula que los donativos recaudados se aproximaron al millón de pesetas (6.000 euros) de la época aunque las víctimas sólo recibieron ayuda para las exigencias de alimentación y cobijo ineludibles y no indemnizaciones por muerte, incapacidad ni lesiones.