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Tomasa Gil, de Aldeacipreste, Gonzalo Gutiérrez, de Guijo de Ávila, y Ana Isabel Sánchez, de La Hoya TEL
Así sobreviven los dueños de los bares de la Salamanca vaciada

Así sobreviven los dueños de los bares de la Salamanca vaciada

Los pueblos tienen en el bar el centro de la vida social de las localidades, a pesar de que algunas no cuentan con él

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Domingo, 2 de abril 2023, 19:16

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“El bar es el centro neurálgico del pueblo y soy de la opinión de que si tienes un bar hay que cuidarlo y trabajarlo, no puedes estar amargado”, explica Gonzalo Gutiérrez, que reabrió el bar municipal de Guijo de Ávila el 19 de mayo de 2022.

Explica que se paga un alquiler, pero destaca la disponibilidad del Ayuntamiento, “que colabora mucho y se lo tengo que agradecer porque piensan cosas que puedan repercutir en el bar y tenemos sintonía. Me preocupo en hacer cosas y ellos también, hay que crear lazos”. Y prueba de ello son actividades como la pasada matanza típica del pueblo, que antaño se organizaba en el camping y en esta ocasión tuvo lugar en la Plaza por el impulso de Gonzalo. Una actividad que llenó de vida el pueblo durante un fin de semana de febrero y que puso de manifiesto, por tanto, la importancia de unas instalaciones de este tipo en pueblos como Guijo de Ávila, que no llega ya a los cien empadronados.

Él, que ha estado más de treinta años viviendo fuera, vio una oportunidad de regresar a la vida tranquila del pueblo con la puesta en marcha del bar. Un bar por el que el Consistorio luchó ya que se había quedado sin gestor y no había un establecimiento de estas características para que los vecinos pudieran reencontrarse, hablar, pasar el rato... Y todo ello sin necesidad de tener que coger el coche para ir a Guijuelo, localidad más próxima a 4 kilómetros.

Ana Isabel Sánchez, dueña del bar de La Hoya: “Vivo en el bar y aquí me hago la comida”

Abro a la una y en vez de hacer la comida en casa y tener allí la calefacción, la hago aquí. El que coja un bar en el pueblo es para vivir en él”, señala Ana Isabel Sánchez, responsable del bar municipal de La Hoya a la hora de explicar cómo intenta hacer más llevadero el negocio de un bar que, en tiempo de invierno, no supera los treinta habitantes viviendo allí de fijo. Y es que, un día entre semana de invierno ha llegado a vender “cinco cafés, dos chupitos y dos vinos”.

Un negocio con estas ventas tiene dificultades para ser rentable pero, añade Ana, “te lo planteas así, haces una labor social para las personas mayores que viven aquí”. Y es que, añade, las personas que trabajan se van y durante el día no están por lo que quedan pocas personas, mayores en su caso, que son los más habituales del negocio.

“Tienes que aprovechar el verano, los puentes...”, indica Ana, que nació en Madrid y se vino con 22 años al pueblo natal de su padre. “Venía todos los veranos y no lo cambiaría por nada”. “Siempre hemos trabajado de cara al público y que te guste es muy importante, pero un negocio familiar que lo puedas llevar tú porque contratar a una personas no se puede”. Eso sí, salir de casa e ir andando al trabajo no tiene precio y más en una persona que se ha criado en Madrid. Ana aprovecha para recordar que los vecinos de La Hoya tienen también derecho a la cobertura, al médico y al autobús.

Aldeacipreste, una localidad sin bar: “Llevamos sin bar 4 años y se utiliza para gimnasia”

Tomasa Gil es la alcaldesa de Aldeacipreste y el pasado día de San José, fiesta en el pueblo, tuvo que buscar una barra de bar de fuera del pueblo para poder ofrecer un servicios a los vecinos y visitantes que llegaban de otros lugares.

Suerte hay que en la cercana localidad de Colmenar de Montemayor hay un negocio, también en dependencias municipales, que funciona desde hace años y accedió a gestionar la barra el día de la fiesta, pero fue un hecho puntual. Los vecinos de la localidad son, por tanto, algunos de esos más de 12.000 salmantinos que no tienen bar.

“Llevamos tres o cuatro años sin bar”, explica Tomasa Gil, recordando que el último negocio cerró ya antes de la pandemia y, desde entonces, carece de un lugar en el que los vecinos puedan reunirse. Tampoco la pedanía de Valbuena lo tiene y solo en las fiestas ha podido contar con un negocio puntual para esos días que no siempre sale como uno puede esperar.

Por eso, la esperanza de la regidora y de los propios vecinos es que pudiera haber alguien que se hiciera cargo de la barra del local municipal que se construyó en el antiguo embarcadero del centro del pueblo justo al lado del Ayuntamiento.

Está acondicionado con barra y otros servicios que permitirían poner en marcha el negocio de forma prácticamente inminente. El local es donde se hacen ahora los cursos de gimnasia, por ejemplo, pero como bar podría abrir más a menudo.

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