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Cataluña es el espejo del Barça y el Barça es el reflejo de Cataluña. Los gestores del club se han mimetizado, de tal forma, con los políticos que todos acaban pensando y actuando de una manera parecida. Primero está la sensación de impunidad con la corrupción, luego la indiferencia hacia la Justicia, le sigue el victimismo cuando ya se ven acorralados y acaban con el desprecio a las instituciones que cumplen con su obligación. Y todo debidamente salpicado con el señuelo del nacionalismo y de la independencia, como parapeto para ocultar sus errores o sus delitos.

Desde Josep Lluís Nuñez hasta hoy, todos los presidentes del Fútbol Club Barcelona se han sentado en el banquillo de un tribunal y algunos han pasado por la cárcel. El patriarca llegó a ingresar en prisión por sobornar a inspectores de Hacienda para no pagar impuestos. En aquella Cataluña reinaba el famoso 3% y gobernaba Jordi Pujol. El president que amasó una fortuna mientras iba y venía a Andorra, para ocultar la herencia del señor Florenci a la Agencia Tributaria. Y en ese contexto, Núñez empezó a pagar al número dos de los árbitros. La práctica la heredaron después todos sus sucesores y como usted podrá imaginar, nadie da tanto dinero a cambio de nada.

El caso Negreira es la última muestra de esa putrefacción que se ha adueñado, desde hace años, de las instituciones catalanas. El árbitro barcelonés también debió pensar que el palco del Camp Nou le otorgaba la inmunidad suficiente, como para tampoco tener que pagar impuestos.

Es necesario llegar hasta el final de este asunto por muchos intereses que haya en juego. Ya no hay marcha atrás, aunque el fútbol español es consciente de que una competición sin el Barcelona se devalúa demasiado. Las sombras de sospecha son demasiado grandes como para evitarlas. Italia ya hizo esa travesía con el descenso de la Juventus , la Lazio, la Fiorentina y la sanción al Milán y todavía se está reponiendo. Fue una decisión traumática en el corto plazo, pero la única solución a largo plazo. Porque solo conociendo la verdad, caiga quien caiga, se puede volver a confiar en el juego limpio.

El balón está en el lado de la Justicia, porque ya hemos visto que los dirigentes del club se han puesto en manos de la tradición. Los pagos a Negreira fueron “en defensa propia”, aseguran, como lo hicieron los políticos con el 3%, los de la financiación ilegal de Convergencia o el propio Jordi Pujol cuando se descubrió la herencia del abuelo Florenci. El nacionalismo lo justifica todo, mientras los padres de la patria se llenen los bolsillos. La corrupción también se ha hecho identitaria y el que se atreva a investigarla es un conspirador. Debería darles bastante vergüenza o “vergonya”, como ellos prefieran.

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