16 enero 2021
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Tampoco esta vez dimitirá

    Las pateras invaden las Canarias a un ritmo abrumador y dejan en sus costas miles de personas en pésimas condiciones. Y eso que muchas de ellas son pateras de medio viaje. El otro medio, desde África, lo hicieron sus tripulantes en otros barcos, tras pagar un desplazamiento en dos fases a las mafias de tráfico de personas. Eso no quita para que las tragedias se sucedan y las mujeres y los niños más débiles puedan perder la vida, o para que se produzcan violaciones o robos o hasta asesinatos, tan habituales al lado de la miseria humana. El drama es inabarcable. Sobre todo porque los canarios no pueden enfrentarlo solos y saben que, de seguir produciéndose estos desembarcos masivos en pateras al ritmo actual, a final de año habrán llegado 30.000 inmigrantes.

    ¿Cómo pueden afrontar ellos este desbordamiento de personas sin recursos?

    Marruecos, lejos de ayudar a solventar esta situación parece decidido a iniciar una nueva “marcha verde” en dirección a las Islas Canarias. Ahí están, como telón de fondo, las confrontaciones nunca finiquitadas por el territorio entre Marruecos y el Frente Polisario, la situación geoestratégica de este archipiélago donde se encuentra el mayor yacimiento de telurio del planeta, o esas “tierras raras” o elementos de potencial industrial, además de las leyes del Parlamento de Marruecos, con las que se ha decidido delimitar de forma unilateral las aguas internacionales, invadiendo el espacio de Canarias. Es tanta la presión que están recibiendo los isleños, que no descartan que esta enorme cantidad de inmigrantes procedentes de Marruecos, Senegal o Mauritania, que desembarcan en su territorio, no sean más que parte de una estrategia de colonización. Los canarios asisten atónitos y desesperados a una situación que se agrava cada día, con el temor de que pueda ser aún peor, si entre los llegados, se cuelan Yihadistas o portadores del COVID-19. Reclaman a sus dirigentes, pero ellos también están solos. El desgarrador discurso de Ana Oramas en el Congreso y su “¿o es que Canarias tienen que tener un partido independentista o resucitar el MPEAIAC para que este Gobierno le haga caso?”, no ha servido para que Marlaska tome alguna medida. Tampoco la de traer inmigrantes a la península para ayudar a las Canarias a llevar el peso, en tanto no puedan ser repatriados. La cínica Europa ya le ha dicho que no le pone impedimentos -¡algo más debería hacer!-, pero él sigue sin reaccionar. Tras el abandono más de doscientos inmigrantes magrebíes del muelle de Arguineguín. en Gran Canaria, sin tener ningún lugar donde alojarse, el archipiélago al completo ha pedido la dimisión del ministro. Pero él ya ha dicho que no dimitirá. Está acostumbrado a que pidan su cabeza. Y negarse a darla.

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