18 mayo 2021
  • Hola

Rocío Carrasco

23 mar 2021 / 03:00 H.

    En esta mañana de primavera, el cielo se levanta despejado en Madrid y mientras escribo, sin embargo, percibo esos nubarrones que permanecen, inclementes, en ese otro cielo de las mujeres maltratadas, que nunca es azul. Mujeres maltratadas como Rocío Carrasco. La hija de la Más grande. La niña de los ojos de Pedro Carrasco. La chiquilla hija de dos leyendas que lo tenía todo en la vida para ser la más afortunada. No existen prototipos de mujeres que puedan ser maltratadas o no serlo. Cualquiera puede caer en las garras del maltrato, sencillamente por amor. Y eso le paso a Rocío Carrasco. El amor casi adolescente a un pareja, después su marido, le llevó directa al infierno. No sucedió en el primer día ni en el segundo. Fue lentamente ensombreciendo el cielo por despejado que estuviera y cubriéndolo de esas nubes que ya estarían para siempre en su corazón. Rocío Carrasco ha callado durante años, mientras se la juzgaba duramente, se la consideraba mala madre y se despreciaba su silencio. Durante ese tiempo ha vivido acosada por los insultos de un tipo que saco de ella todo: el dinero, el reconocimiento social a través de los programas de televisión que sería un acto de hipocresía calificar y, sobre todo, a sus hijos, que le hicieron padre, pero además se convirtieron en el arma que un violento necesita para maltratar sin pistola. La verdad de Rocío, su angustia real, su pena infinita, sus ganas incluso de quitarse la vida han dejado a España entera con el corazón encogido. De Irene Montero a Rocío Monasterio, las frases de estupefacción y apoyo se fueron alternando en las redes sociales mientras Rocío Carrasco desvelaba, por fin, esa incógnita terrorífica que solo unos pocos sabían qué ocultaba.También hubo, claro, como no, quienes la lapidaron en directo, juzgaron que hablara “por dinero” o sencillamente la llamaron mentirosa; pero creo que hasta ellos esta misma mañana de primavera se preguntan qué habría sido de sus vidas en una situación como la de Rocío Carrasco. Alejada de sus hijos, odiada por ellos, vapuleada en lo físico y en lo anímico y sin más ganas de vivir que las que siempre le inoculó ese otro “culpable” sobre el que tantas mentiras han ido cayendo a lo largo de los años, su verdadero amor y pilar, Fidel Albiac.Rocío ha tenido que morirse en directo un día, tal vez para volver a vivir. Solo espero que lo que viene ahora, la fiesta mediática, los ataques, imagino, del maltratador y de sus propios hijos y el juicio público no impidan que rehaga por fin esa vida que se truncó aquel día en que su ex marido consiguió provocarle el máximo dolor que se le puede provocar a una madre, quitándole a sus hijos y logrando que la odiaran.

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