23 agosto 2019
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Quién era (o es) Jeffrey Epstein y por qué tendría que preocuparle

15 ago 2019 / 03:00 H.
Jairo Junciel
LA NAVAJA DE HANLON

La falsa sensación de seguridad que da la lejanía de ciertos sucesos nos hace desistir de preocuparnos por los mismos.

Jeffrey Epstein era un tipo normal; nació en el seno de una familia judía de clase media en Estados Unidos y... poco más se sabe de él. La escasa información que se encuentra sobre él es ambigua. Al parecer era un estudiante mediocre de la escuela pública -nada de elitistas universidades-, trabajó unos meses como jardinero hasta que fue contratado por un banco para, poco tiempo después, fundar su propia firma de inversión.

El fulano hizo fortuna y nadie sabe muy bien como. Se especula que quizás el dinero le venía de invertir en el sector inmobiliario, de gestionar patrimonios privados, ONGs y distintos tipos de fondos. Thomas Volscho, un profesor de universidad que trabaja en la biografía de Epstein, sostiene que era una mezcla entre chantajista profesional, testaferro y estafador. ¿A quién y con qué chantajeaba?

Para Jeffrey eso de tener amigos hasta en el infierno era un dogma. Entre sus amigos estaban Donald Trump y Bill Clinton. También era un filántropo que financiaba proyectos para la agencia de inteligencia Israelí; el Mosad.

Pero la fama –esa que en ciertos oficios es un hándicap- le vino en el 2008 cuando fue condenado por proxenetismo de menores. El FBI llegó a identificar a 36 niñas de hasta 14 años de las que habían abusado, y a otras tantas esclavas sexuales mayores de edad. Sólo pisó la cárcel algo más de un año. Tiene bolas lo que logra el tándem de poder y dinero. Con el tiempo se descubrió que el interfecto tenía un resort para sus importantes amigos; una lujosa isla al este de Puerto Rico conocida entre los lugareños por el macabro alias de “la isla de los pedófilos”.

Finalmente el 6 de julio de 2019 Epstein fue nuevamente arrestado por cargos de tráfico sexual. Hace escasamente una semana la Corte de NY reveló 2000 folios con parte del sumario de la investigación. Los nombres que figuraban en esta comprometida lista eran de tipos como el príncipe Andrés de York (hermano del príncipe Carlos de Inglaterra), gobernadores, senadores, agentes de modelos o tiburones de Wall Street... y algún insigne apellido español.

Hace cinco días Jeffrey amanecía muerto en su celda de seguridad. Qué fatal casualidad; se suicidó justo en el momento en el que la cámara que lo vigilaba se estropeaba. Al no haber nadie más acusado en la causa se le dará carpetazo y caso cerrado. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Y esto, queridos lectores, es sólo una muestra más del siniestro mundo que nos rodea. Saquen sus propias conclusiones y no descuiden a los suyos.