31 octubre 2020
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Quien de un traidor se fía

    A J. A. García Iglesias, marinero en tierra

    Sobre el encuentro Sánchez-Ayuso, resulta esclarecedora la lectura de la prensa. Según el Confidencial, sus jefes de gabinete habían convenido “no nos hagamos daño en los medios”. Pues bien, en la República opinan que en la escenificación de la llegada a Sol, y desarrollo posterior, el asesor monclovita Iván Redondo ganó por diez a cero al de la presidenta de Madrid, Miguel Ángel Rodríguez (que descubrió en su día Aznar), y al que la prensa progre ya había tildado en abril de “bocazas reincidente”. Sumemos a ello las declaraciones del ¡número dos del Gobierno!, Iglesias: a Ayuso “le hemos dado dinero para médicos y pone policías”; y de ¡la número dos del PSOE!, Adriana Lastra, que mientras Sánchez pide cínicamente colaborar, ella -en un reparto de papeles nauseabundo-, sacudía estopa para compensar el rostro amablemente hipócrita del Secretario General: “El PP ha troceado, destrozado, y depredado la Sanidad Pública en Madrid”. El remate lo puso El País con el editorial “Papel mojado”. Dice literalmente: “Díaz Ayuso ha practicado una política temeraria que combina la deslealtad institucional, un descarado partidismo y una abrumadora falta de rigor en la gestión de la pandemia”. ¿Qué tal?

    Madrid da la impresión de ser la ciudad alegre y confiada de Benavente, que toma una grave y equivocada decisión, pero sus habitantes siguen su vida habitual confiando en sus gobernantes. Por ello nuestro director titulaba ayer “El trampantojo de Sánchez”, advirtiendo “le conocemos y no nos engaña, sus arrumacos con Ayuso son un montaje para disfrazarse de hombre de Estado” (lo suscribo íntegramente). Por lo mismo el editorial de ABC mantenía que Sánchez “sigue sin ser creíble”; Aurora Nacarino en El Español, que “no hay quien se lo crea... la guerra será descarnada”; y Victoria Prego en El Independiente afirma que fue “una trampa indecente... primera parte de un plan maquiavélico”.

    Lo siento si Tirso de Molina me condena por desconfiado, pero por “Continos” - donde anduvo-, y en el campo charro, se dice con razón que “quien de un traidor se fía, lo sentirá algún día”. Y Sánchez es traidor a los suyos, a todo lo que se le pone por delante, y a España. Ojo.

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