22 julio 2019
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¡Que vienen los fachas!

25 abr 2019 / 03:00 H.
Jairo Junciel
LA NAVAJA DE HANLON

Si no eres de izquierdas eres fascista». Esta es la eterna falacia vitoreada hasta el cansancio por un gran número de los que postulan credos comunistas cuando tratan de atacar a todo aquel que difiera de su ideología. Cuánta ignorancia. Ser fascista significa intentar imponer al prójimo tus ideas –sean cuales sean- mediante la violencia. Ni más, ni menos.

Pero este dogma, esta cantinela cansina y repetitiva lanzada una y otra vez desde las filas comunistas, brilla por ser la síntesis perfecta de toda su doctrina. Desde Lenin hasta Marx, pasando por el de Galapagar, la Pasionaria o Pedro el aviones.

«Si no eres de izquierdas eres fascista». La frase es una falsa dicotomía. No todo es blanco o negro, la vida es una inmensa paleta de grises. La simpleza en la formulación de la frase la hace pegadiza, perfecta para ser fácilmente repetible en consignas, manifestaciones, proclamas y demás tumultos aborregados sin conexión cerebral entre dos o más neuronas. Si no profesara el adagio de Hanlon diría que está maliciosamente urdida para trazar un vínculo entre el movimiento creado por Benito Mussolini y cualquier otra ideología que no sea la comunista. Son siete palabras que resumen a la perfección cuatro siglos del colectivismo agrario más rancio.

Nadie en la caterva de dirigentes que maneja la izquierda quiere tener sujetos libres e inteligentes. Ni aquí, ni en China, ni en Venezuela. No quieren gente libre pues la libertad significa poder elegir entre idearios que quizás no sean los suyos –un riesgo inasumible-, y no los quieren inteligentes porque el individuo inteligente tenderá al pensamiento crítico –y a Mao no se le puede discutir-. No quieren igualdad, quieren miseria para todos. Un individuo autosuficiente –una comunidad rica- no necesita al Estado para vivir, pero un individuo pobre –una sociedad pobre- es económicamente dependiente de las ayudas que el Estado ponga a su disposición para poder sobrevivir. Eso no es libertad, eso es una coacción al individuo. Si no me votas no te daré pan. El comunismo, para perdurar, necesita que haya pobres. Detestan la prosperidad, en concreto la de los demás; a Castro le faltó tiempo para afanar Rolex, al mono de Maduro para comer en restaurantes de lujo, al otro el chalete y al otro y al otro.... Aborrecen el sentimiento de orgullo y unidad nacional pues conocen el valor de dividir y vencer. El comunismo no quiere religiones –no al menos cristianas-, pues el derecho divino del libre albedrío choca de manera directa contra sus intereses de pensamiento colectivista.

Dentro de unos días tendremos el poder para elegir a quién queremos que nos dirija los próximos años. Está en juego la sostenibilidad del sistema y la integridad de nuestra nación. Quien les diga lo contrario, o les dulcifique esta realidad, les miente vilmente o es un ignorante patológico. ¡Oh, libertad gran tesoro!