06 agosto 2020
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Por quién doblan

24 feb 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

El gran Ernest Hemingway pone por título a una de sus obras: “Por quién doblan las campanas”, sin duda alguna hoy, gracias a Dios, la guerra es otra.

El escritor no sería hoy un corresponsal en medio de una guerra civil pero no le faltarían batallas que contar y, quién sabe, si no hablaría de guerra civil encubierta, sin armas ni derramamiento de sangre.

Hoy como entonces las campanas doblan igual y, al mismo tiempo que preguntamos por quién, hemos de tomar conciencia de que la respuesta es la misma, la del poeta metafísico John Donne: “La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por eso nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

Hoy ese toque a muerte resuena por muchos, entre otros por nuestros pueblos que van quedando solos y vacíos: “Qué solos se quedan los muertos”. Ayer don Estella escribía sobre la soledad, y lo hacía magistralmente, como siempre lo hace el maestro columnista, mal que le pese a muchos y a algunos les produzca acidez de estómago, alma y corazón. Está bien remover conciencias y motivar el despertar de las mismas. Tan rutinarias, tan falsas, tan viles, tan hipócritas y cainitas muchas veces. Pues esa soledad amante inoportuna, que diría Joaquín Sabina, y a la que aludía don Alberto, se nos está convirtiendo en fiel compañera de muchos rincones de la geografía española. Si Dios no lo remedia y los que habitamos este planeta no ponemos interés, la realidad se impondrá y entonaremos el réquiem por un campesino español mientras colgamos el cartel de cerrado por defunción.

Cuando llegue el momento, si por allí queda algún cura, rezaremos juntos, cerraremos la puerta y nos iremos. Dejaremos atrás montañas de sentimientos y vivencias que otros, con mucha ilusión y esfuerzo, construyeron para los que seríamos su futuro, y que nosotros, sus herederos, hemos dilapidado como administradores malos e infieles. Embotados y cegados por el humo de la apariencia y las subvenciones mientras dejábamos apagar el fuego de la siembra y la producción.

No hay que descubrir América, “primero vivir, luego filosofar”, “primero la obligación, luego la devoción”, sin embargo parece resultar más cómodo lo segundo que lo primero y así divagamos y divagamos pero no aterrizamos. A lo mejor cuaja la idea de mi tocayo el ministro Manuel Castells, para quien no lo sepa ministro de Universidades, cuyo objetivo fundamental es repoblar la España vaciada con universitarios. Si lo logra, concédanme el beneficio de la duda, estaré encantado de hacer sonar las campanas con toque de gloria. Mientras tanto siguiendo la invitación de don Estella, me voy al rincón de pensar. Sería bueno contemplar la posibilidad de vivir con libertad y donde nos dé la gana.