17 junio 2019
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Por nosotros, lo nuestro y los nuestros

20 may 2019 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Hace años que brindo con la expresión del título de esta colaboración, no sé si acertada o equivocadamente creo que ahí entra todo. Ahora bien, quizás son cosas mías pero tengo la sensación de que cada día nos cuesta más entender y vivir el nosotros. Vivimos cada día más centrados en el yo y no queremos saber nada del tú. Ese tú que junto con el yo nos convierte en algo maravilloso que se llama nosotros.

Algunas veces o por momentos somos tan torpes que más allá de sentirnos únicos, que lo somos, nuestro ego nos lleva a creer que podemos prescindir del otro, a ignorarlo y, lo que es peor, despreciarlo. No es verdad, sin el otro mi vida se empobrece y pierde sentido. Continuando con el brindis la cosa se complica, si el nosotros pierde fuelle, qué le voy a contar de lo nuestro. Lo nuestro se entiende que es de todos, cada vez es más mío que tuyo o más de unos que de otros. Así nos luce el pelo, a unos más que a otros, aunque en muchas ocasiones acabamos tirándonos de los pelos, también los más listos que se creen no tener un pelo de tontos. ¿Por qué digo esto? Porque, entre otras cosas, lo nuestro es Salamanca. Esta Salamanca que “enhechiza la voluntad de volver a ella” a los que vienen de afuera mientras que los de casa la dejamos agonizar viendo cómo se asfixia sin hacer ninguna maniobra más que lamentarnos, para que salga de su añusgamiento.

Ejemplo básico, la despoblación en la Sierra, donde algunos invocan al dios Baco tratando de traer vida generando empleo, poniendo en valor los caldos que allí se producen. ¿Cuántos restaurantes y bares los ofertan? Cuando no en alguno al solicitarlo se escucha: “Aquí solo vendemos vinos buenos”, ante tal respuesta los clientes se levantaron y emprendieron el vuelo sin esperar a más. En fin, unos sudando para hacer visible la tierra de sabor y el sabor de la tierra y otros dando vida a los productos de quinta gama o fomentando la comida rápida. Apelo a la conciencia para poner en valor lo nuestro, sin caer en el chovinismo, pero sí sintiéndonos orgullosos de tanto, tan bueno y tan bonito como tiene esta tierra austera y auténtica. “Ay que te quiero, te quiero, ay que te quiero, te quiero, ay que te quiero, cuanto te quiero ay... mi Salamanca” cantaba Farina. Y ¿tú y yo, nosotros? ¿La sentimos y la tratamos como algo nuestro, de todos?

Llegamos al final del brindis y con él a los nuestros, si lo anterior tenía su miga lo de ahora tiene su enjundia, sobre todo a siete días de las elecciones. Los nuestros son la suma de todos y cada uno de nosotros, más allá de siglas, ideologías o creencias. Más allá de la necesidad y la realidad de cada uno. Rompamos con barreras, miedos, prejuicios y desconfianzas. Sumemos no restemos y brindemos por nosotros, lo nuestro y los nuestros.