07 agosto 2020
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‘Podrítica’ de laboratorio

10 feb 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Si uno vuelve la vista entorno, pone sus ojos en la prensa escrita o lo que queda de ella. Si uno aún se atreve a encender el televisor o abre los oídos para escuchar el transistor mientras se afeita, como los clásicos, se dará cuenta enseguida, a poco hábil que sea que este “mundo mundial”, como diría Elvira Lindo a través de su entrañable Manolito Gafotas, se mueve y está impregnado, contaminado por lo que podríamos definir como ‘podrítica’ de laboratorio. Esa política corrupta, elaborada maquiavélicamente en beneficio propio o de unos pocos, siempre afines a la línea editorial de quien elabora el plan estratégico a desarrollar.

La política se está difuminando pintando la realidad a carboncillo. La política se diluye como azucarillo en el café, pero en lugar de endulzar la vida nos la amarga de manera insolente, faltando a la verdad y engañando sin pudor, negando la evidencia sin que nadie se ruborice por ello. La ‘podrítica’ ha suplantado a la política y todo lo que toca se volatiliza o cuando menos pierde autenticidad. Basta recordar los cadáveres de las Cajas, no de pino como último pijama que usaremos, si no las de ahorros. Claro que estamos cómo para ahorrar y ya no digo para invertir. Basta ver cómo anda la sanidad o la universidad, la avicultura, los ovinos, los bovinos...

La ‘podrítica’ lo impregna todo y pringa el medioambiente, el medio y el ambiente. Sus tentáculos son infinitos, se cuela por todos los espacios imaginables e inimaginables. No deja títere con cabeza, desde un birrete a una corona o una mitra, desde una toga a una sotana. El mundo mundial sufre y padece una pandemia de ‘podrítica’ generalizada.

Algo estamos haciendo de manera inadecuada, cuando la política de este país se construye de tal manera que cada día se parece más a un castillo de naipes, tan endeble como inestable.

Lo más lamentable es la naturalidad y normalidad con la que los ‘podríticos’ campan a sus anchas. Su misión, su labor, su tarea parece haber perdido su esencia vocacional y cada vez se pone más de manifiesto que el interés mayoritariamente es de ‘bocación’ (de llenar la boca, el bolsillo... ) y no de vocación. Pero hemos de ir más allá, detrás de esta movida y removida política está la auténtica ‘podrítica’ de laboratorio. La que se mueve no por el interés sino por el capital. La que no aparece en escena pero mueve los hilos. La que maneja el escenario a su antojo y cambia el decorado según le conviene. La que formatea y hace el programa para subir los precios y bajar los valores, para que los humanos creamos y no sintamos, para que asumamos y no cuestionemos, para que consumamos y no vivamos, ... para reducir al ser humano a la mínima expresión, deshumanizándolo y cosificándolo.