12 agosto 2020
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Pide un deseo

30 dic 2019 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

En cuanto demos el último suspiro del año estaremos brindando por el nuevo, lo haremos cargados de muchos deseos y buenos propósitos, nos marcaremos compromisos varios. Algunos de manera inconsciente o ilusa, si tenemos en cuenta todo lo que hemos podido procrastinar a lo largo del año. Como si de una epidemia se tratara, cada día nos cuesta más tomar decisiones y las posponemos en espera de que el tiempo nos eche una mano o nos caiga del cielo la solución adecuada. Si profundizamos en el término, tomaremos conciencia de que también nosotros nos vemos afectados en mayor o menor medida por dicho mal. Eso sí, seremos conscientes de ello y lo reconoceremos tras diagnosticar del mismo a muchos familiares, amigos y conocidos. Por supuesto incluiremos, no puede ser de otra manera, a los políticos de los diferentes partidos y pelajes. Meteremos en el mismo saco al Papa, la Conferencia Episcopal, nuestro querido Obispo Carlos o el cura de la parroquia y nos quedaremos más anchos que largos, porque echar balones fuera se nos da de maravilla, por algo será que el fútbol es deporte nacional. No se quedará fuera el barrio, la comunidad de vecinos, la pesada del segundo, la suegra, el cuñado y alguien más que pasaba por allí.

Lástima es que cada día la capacidad de tomar decisiones y resolver adecuadamente los conflictos personales, sociales, particulares, generales, ... sea una ardua tarea. Bien porque el personal se sienta incompetente o, lo que es peor, porque realmente lo sea. Ocupamos mucho tiempo liando y desliando la madeja, diciendo y contradiciendo, debatiendo y discerniendo, ... al final nos pilla el toro y vienen los lamentos. Al final un año más que pasamos y del que tenemos que aprender para afrontar el siguiente con más ilusión y esperanza, con más fuerza, con más entusiasmo, con más coherencia y con todo lo necesario para responder, afrontar y resolver adecuadamente todos los interrogantes, momentos y conflictos que puedan surgir.

Como siempre no queda otra que hacer balance y cerrar cuentas. Sin duda lograremos que cuadren, pero si somos honestos alguna moneda habremos perdido por el camino y algo habremos sumado de más o restado de menos para que todo nos coincida y nuestra conciencia quede en paz. En el fondo, muy en el fondo, para que nos duela menos sabemos que hay que asumir y hacer cambios. Que nos hemos quedado cortos en solidaridad, que nos pudo más el capital que el interés, que a veces lo económico ha pesado más que lo evangélico, ... añadamos al carrito todo lo que consideremos y un poco más. Tenemos hoy y mañana para decidir responsablemente y de corazón nuestro deseo del nuevo año. Yo me apunto a la Paz y a la prosperidad fruto del respeto, la tolerancia y la comprensión. Feliz vida.