16 agosto 2022
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‘Pasa tú que a mí me da la risa’

27 abr 2022 / 03:00 H.

    Moreno Bonilla también está condenado a entenderse con Vox en Andalucía. No porque le guste más o menos, sino porque los electores son los que tienen la última palabra y los partidos políticos deben respetarla, incluido el PSOE, que no hace más que decir sandeces pensando en que puede sacar rédito electoral hinchando como un globo a Vox a costa de los presuntos electores del Partido Popular.

    Y mientras el partido verde sea un partido democrático y no haga ninguna barbaridad, tiene tanta legitimidad como el resto para pactar con el centro-derecha, incluso yo diría que más que otras formaciones políticas que han coqueteado con el terrorismo de Eta o que defienden el separatismo o, incluso, que están cerca de sátrapas comunistas como los dirigentes de Cuba o Venezuela.

    “Pasa tú que a mí me da la risa”, bromeó Juan Manuel Moreno Bonilla, el presidente de Andalucía, con Alfonso Fernández Mañueco, durante el mitin de la campaña de Castilla y León, que tuvo lugar en Salamanca.

    En esos momentos, a finales del mes de enero, las encuestas daban una amplia ventaja al candidato popular. El tiempo poco a poco fue dejando esa holgada victoria en una mayoría simple muy necesitada de los escaños de Vox.

    Las encuestas también dan ahora una gran mayoría al PP andaluz de Moreno Bonilla, pero Vox será necesario para que el actual presidente pueda revalidar su mandato. Con Ciudadanos desaparecido del mapa político y con un PSOE con el que es imposible llegar a ningún tipo de acuerdo, la aritmética no deja lugar a más cábalas o quinielas para garantizar la gobernabilidad.

    La gran diferencia del PP de ahora respecto al de febrero es la dirección nacional del partido. La de aquel momento suponía una rémora para cualquiera que estuviera a su lado. El entonces general secretario, Teodoro García Egea, por mandato o con el consentimiento del desaparecido Pablo Casado, había puesto el partido patas arriba. Pensaba que con poner a los suyos en las listas, Génova se había ganado la confianza, el respeto y el liderazgo. Y lejos de todo esto, lo que consiguieron es la mayor división y enfrentamiento interno que se recuerda. Solo en los tiempos de la UCD, donde cada uno cogió un camino distinto, se había vivido una división interna semejante.

    Cada vez que Casado venía y acariciaba a una cabra o a una oveja bajaba el PP en las encuestas. Si se le ocurría participar al campeón de lanzamiento de pipos de aceituna, entonces ya se desplomaban los apoyos a Mañueco en los sondeos.

    Moreno Bonilla juega con la ventaja de que Feijóo, actual presidente del PP, ha venido a poner paz en el partido y, sin imponer nada, ejerce un liderazgo innato. Y eso favorecerá al candidato andaluz, porque si algo no perdonan los electores es la división, no tanto la corrupción. Y la prueba ha sido Andalucía, comunidad en la que mayores tasas de saqueo de dinero público ha habido con los sucesivos gobiernos socialistas y legislatura tras legislatura, el votante no ha penalizado en la misma medida al PSOE.

    Las circunstancias internas del PP han cambiado, lo que es invariable es la proyección ascendente de Vox, incluso sin tener todavía candidato o candidata.

    Es lógico que el presidente y candidato del PP en Andalucía diga que quiere gobernar en solitario. También lo es que empiece la campaña con la ambición de ganar. Con quien no va a poder pactar es con Ciudadanos, aunque el presidente reconoció ayer que el pacto con los naranjas de Juan Marín había funcionado muy bien. Moreno Bonilla, aunque no deba decirlo públicamente, sabe que ese escenario no se repetirá.

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