22 mayo 2022
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Paco Gento in memoriam

23 ene 2022 / 03:00 H.

    YO nací en un pueblo de Cantabria que se llama Villanueva de Villaescusa, pero buena parte de mi niñez y adolescencia viví en la casa de mis abuelos paternos, en Guarnizo, perteneciente al municipio de El Astillero.

    Cuando yo tenía seis años murió mi madre en Santander, donde vivíamos, y mi padre volvió con sus dos hijos a casa de los abuelos, en Guarnizo. Una casona enorme en medio de la finca familiar. En los bajos de aquella casa estaban dos cuadras, con más de una docena de vacas, un caballo y un burro. Comí de niño tal cantidad de leche y sus derivados que desde los diecisiete años no he vuelto a probarla.

    Preocupado como estuvo siempre por mi formación, mi padre nos puso a mi prima hermana Angelines y a mí una profesora particular, y a mí me hizo, además, acudir a la Escuela Nacional, de la cual se encargaba un maestro amigo de mi padre, don Antonio. Era una escuela con una única aula para los chicos, donde estudiábamos todos los chavales del pueblo desde los siete a los dieciséis años. Las muchachas lo hacían en otra aula de dimensiones parecidas.

    Coincidí allí con Paco Gento, ocho años mayor que yo, que ya era un maestro jugando al fútbol y corriendo era el campeón del pueblo. A la madre de Gento la llamaban Pencha y era íntima amiga de mis tías Julia y Pilar, por eso la conocí y la traté en la casona de mis abuelos, donde Pencha solía ir a merendar con mis tías. Era una mujer amable y cariñosa.

    Cuando Gento triunfó en el Real Madrid como el mejor extremo izquierdo de Europa solía volver a Guarnizo con fotos dedicadas de sus compañeros, especialmente de Alfredo Di Stefano. Una de aquellas fotos le fue dedicada a un personaje muy popular en Guarnizo, Manolo el Carretero. Cuando Manolo recibió el regalo lo exhibió a la salida de la iglesia del Pilar diciendo: “Mirad, mirad, hasta Disteléfono se acuerda de mí”.

    Siendo yo presidente de la Comunidad de Madrid se le otorgó a los Gento-Llorente la medalla de oro del deporte, pero Paco no vino a recogerla. Sí lo hizo la hermana mayor (casada con Llorente), la cual me dijo: “Ya conoces a Paco. Es un tímido y no le gustan estos actos, pero te lo agradece de corazón”.

    La última vez que hablé con Paco Gento fue en el entierro de su padre, en el cementerio de Guarnizo, al lado de la parroquia de Nuestra Señora de Muslera. Allí están enterrados también mis abuelos, mis padres, mis tíos y los fallecidos de la familia Apraiz (mis tíos y dos primas hermanas). Allí reposará también Paco Gento.

    Que todos ellos descansen en paz.

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