14 agosto 2020
  • Hola

O llevarás luto por mí

04 may 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

No sé muy bien porqué ha venido a mi mente el libro de Dominique Lapierre y Larry Collins. Quizá porque esta situación que nos toca vivir y la que está por venir tiene cierto aire de posguerra sin derramamiento de sangre pero sí de sudor y lágrimas. Quizá porque la pobreza y la necesidad están asomando la patita por debajo de la puerta aunque muchos no lo quieran ver ni reconocer.

Quiero partir con un sentimiento de esperanza, de ilusión, de esfuerzo, de superación, de lucha... Pero todo ello afrontado desde la rabia, el llanto, el dolor, la impotencia... que brotan al recordar a quienes nos han dejado innecesariamente. A todos aquellos cuyas muertes no estaban previstas en el guión. El duelo, el luto y el llanto son necesarios y cada uno lo haremos como mejor queramos, podamos o sepamos, tenemos derecho a ello. Dicen quienes entienden de estas cosas que: “La aflicción que no se libera con lágrimas, otros órganos las derraman”. El roto que tantas muertes, pérdidas definitivas, de personas queridas deja en nuestro corazón no se puede zurcir disfrazándolo con un difuminado de carboncillo a modo de discurso banal, ñoño o incluso frívolo por parte de algunos.

Los que se han ido, nuestros muertos, con nombres y apellidos, con rostro, corazón y sentimientos. Esos a los que muchos lloramos y otros ignoran. Esos mismos con los que ayer compartíamos mesa y mantel, risas e ilusiones. Esos que se fueron por la puerta de atrás, mientras buscaban una mirada cómplice o una mano amiga. Esos que ya no volverán pero permanecen vivos para siempre en el recuerdo y en el corazón de quienes les quisimos y les sentimos, porque formaban parte de nuestra vida y nos dieron mucha vida o la vida entera. Esos mismos reclaman nuestra atención, no en busca de venganza, sino para que tomemos conciencia de lo afortunados que somos de poder contarlo, al menos por esta vez, y de la necesidad de ser responsables con la vida propia y la ajena. Más allá de discursos prometedores y poco comprometedores está la vida de cada ser humano, independientemente de su credo, color, ideología... y también independientemente de su edad. Pobre generación de hombres y mujeres luchadores y sacrificados que, tras exprimirlos como limones, fueron desechados por falta de medios y exceso de mediocres.

Seguro que a todos la vida nos ha pillado fuera de juego alguna vez, pero no puede pillarnos sin campo donde jugar el partido. Es hora del examen de conciencia y más que de propósito, de compromiso de enmienda, a nivel personal y mundial. Es hora de tomar conciencia individual, social... Alrededor de dos millones de personas mueren al año por malaria, el 90% en África... Más de 8.000 niños mueren cada día de desnutrición, guerras, violencia... ¿Quién llevará luto por ellos?