17 agosto 2022
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Medio siglo después...

17 jun 2022 / 03:00 H.

    La Sanidad, junto con la Educación, debería ser el principal leitmotiv de cualquier gobierno, da igual que lo diga un ultraliberal que sólo cree en la libertad y el poder del individuo, que lo digan los políticos mal llamados progresistas, siempre pendientes de recaudar un euro más para pagar juergas que no a profesores o médicos de primaria. Y no se trata de valores democráticos o de ideología, pues la Sanidad debe ser entendida como patrimonio del ciudadano, el famoso derecho, como así lo entendió, sin ir más lejos, el franquismo, que construyó desde cero (incluso y parafraseando a Bret Easton Ellis, desde menos que cero,) los sistemas sanitario y educativo en los que hoy, medio siglo después de enterrado (¡y exhumado!) el dictador, siguen apoyados en su estructura, que no en sus contenidos. Nadie, en su sano juicio, podía llegar a pensar que las matemáticas iban a convertirse en un escenario de la lucha de sexos y de la estupidez humana. Pobre Pascal.

    Decía que medio siglo después de muerto Franco seguimos poniendo parches a lo que hizo el franquismo, como el nuevo hospital de Salamanca que, si lo comparamos en el tiempo y las circunstancias políticas y económicas, hace que el Clínico fuera en su día una especie de M.D. Anderson de Houston a la vera del Tormes.

    Parches, parches y más parches para ir cubriendo huecos y deficiencias por la vía de urgencia mientras las esperas se eternizan. El mal funcionamiento de la Sanidad no es más que la punta del iceberg del Estado fallido al que nos ha llevado la incompetencia profesional, los funcionarios ociosos y los políticos sin escrúpulos ni libro de instrucciones, a saber, “servicio público, modo de empleo”.

    Decía que medio siglo después seguimos a vueltas con reducir las listas de espera mientras en Andalucía Juanma Moreno anda regalando televisión gratis en los hospitales, el colmo de la estupidez electoral y la desfachatez. La España de Pepe Isbert recibiendo a los americanos con alegría... O mientras en Salamanca seguimos tratando de organizar la atención primaria y la medicina rural con un cóctel de interinos, bajas, traslados, consultorios tercermundistas, y ahora hasta con el rechazo de los nuevos galenos a los pueblos (LA GACETA, 12 de junio) habida cuenta de la falta de atractivo profesional y que “Doctor en Alaska” no es vida para la nueva juventud, tan solidaria y ecologista ella, dicen.

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