05 agosto 2020
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Mañana al amanecer

06 abr 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Cada noche, desde que dio comienzo esta pesadilla, nos dormimos en los brazos de Morfeo soñando que mañana al amanecer despertaremos de un mal sueño.

Tal vez mañana al amanecer, algunos, quizá quienes menos lo necesiten, tomarán conciencia de que en verdad ha sido realidad lo soñado y muchos se han quedado para siempre, perdidos en el camino: familiares, amigos, seres muy queridos y no suficientemente vividos, ni sentidos, ni disfrutados. Mañana al amanecer despertaremos y tomaremos conciencia de la triste y dura realidad sangrante que envuelve nuestra existencia. Mañana al amanecer escucharemos el grito desgarrador de quienes se fueron con la mirada perdida, buscando con ansia la de su ser más querido. Sentiremos el dolor más inhumano de las muertes a paladas. Oleremos la angustia por las calles y la tristeza nos hará sombra. Mañana al amanecer será tal nuestro dolor que haremos memoria de los versos del gran Miguel Hernández y recordando a quienes se fueron, tanto dolor se agrupará en nuestro costado que por doler nos dolerá hasta el aliento. Mañana al amanecer sumidos andaremos en nuestros duelos, lloraremos a nuestros muertos. Lista demasiado larga que irá en aumento con el paso de los días, a medida que nos encontremos con los supervivientes. Mañana al amanecer los versos macabros y grotescos de José de Espronceda en “La desesperación” nos parecerán unas amables palabras comparadas con ese aquí y ahora de nuestra vida. Mañana al amanecer unos señores, los llamados políticos, se tirarán a la cara sus mentiras y falsedades, incapaces de reconocer que la inmensa mayoría han perdido los papeles hace mucho tiempo. Que no han sabido entender y mucho menos asumir su papel en la sociedad y la responsabilidad de su cargo. Algunos, los menos, llorarán su fracaso, su frustración, su vergüenza o su culpa. Mañana al amanecer muchos se quedarán conformes culpando al otro, echando balones fuera y la inmensa mayoría volveremos, arrastrando los sentimientos, al día a día de la vida.

Pero mañana al amanecer ya no habrá espacio para la rutina, no podemos clavarle de nuevo al mundo otra puñalada trapera. Esta ha sido más que profunda, suficiente, no hurguemos más en la herida. Simplemente dejemos que sangre toda la estupidez humana que corre por nuestro interior, purifiquemos de una vez por todas nuestra podredumbre y que brote de verdad lo auténtico, lo noble, lo esencial. Volvamos a tomar conciencia de nuestra condición de humanos, de hermanos. Mañana al amanecer probablemente seremos y estaremos un poco más en el otro. Trataremos de ser más austeros en lo material y más generosos en lo afectivo-espiritual. Mañana al amanecer trataremos de vivir y sentir más. Mañana al amanecer hemos de tomar conciencia de que no hay razas humanas si no humanidad. Y que no se nos vuelva a olvidar.