14 diciembre 2019
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Los “tercerillos” de la Plaza Mayor

30 nov 2019 / 03:00 H.
José María Hernández Pérez
Minucias salmantinas

La idea de los “tercerillos” la promueve en 1805 el comerciante Anselmo Prieto Hermosillo, propietario de las primeras tiendas a partir de la escalerilla del Ochavo. Eran una planta más, de reducida altura, (unos dos metros), colocada entre la baja y el principal. Abundantes, tantos como arcos, en perfecta simetría, se les dotó de unos balconcillos de idénticas dimensiones que abrían sobre los soportales con reducido antepecho y a través de ellos, sus moradores, agrupados alrededor de la mesa camilla, oteaban perfectamente el deambular de los salmantinos en su incesante ir y venir con el alborozo y la diversión de familiares y amigos que en grupo podían fisgar sin ser vistos, lo que debió ser un cuadro costumbrista inenarrable.

Las tertulias fueron variadas, destacando la de la confitería “La Madrileña”, lugar de reunión de eclesiásticos; la de la confitería de “Las Guapas”, donde hoy la farmacia de Urbina, de caballeros de la buena sociedad; la de la farmacia de Crespo, hoy “Mesón Cervantes”, de representantes políticos del integrismo católico capitaneados por don Enrique Gil Robles; la de la tienda de hierros de “Las Migueletas”, hoy cafetería “La Tentazión”, que reunía diariamente a un grupo de señoras, cuyas dueñas tenían por norma no abrir los cuarterones de su establecimiento a nadie que no hubiera sido previamente identificado a través de un ventanillo o del comercio de Francisco Téllez Rus, hoy restaurante “Plaza 23”, en la que se reunían matrimonios.

Con objeto de dar mayor altura a los establecimientos comerciales instalados en la planta baja, poco a poco los “tercerillos” fueron desapareciendo y el último lo hizo en 1956, cuando en lo que actualmente es “La boutique del fumador”, el decorador Rafael Basulí Gost montó la fachada del estanco de la expendeduría de tabacos número 1 de Salamanca, que databa de octubre de 1895, propiedad de Juan Meca. Traspasado a su pariente Moisés Romero García en julio de 1906, al fallecer en 1919, lo hereda su hijo Manuel y luego la hermana de éste, Herminia. Emilio Salcedo en LA GACETA dedicó un artículo a Jesús Sánchez Lombardía, esposo de Herminia Romero García, al desaparecer el “tercerillo”.

Entre 1818 y 1832 el Ayuntamiento permitió abrir diez “tercerillos” enrejados en los Portales de san Antonio que hoy nos permiten conocer cómo eran los de la Plaza. Para hacernos una idea podemos observar, en la esquina de la escalerilla del Ochavo que da al “Bar Lígrimo”, la línea de imposta que hace de separación entre ambos pisos.

La farmacia de Urbina tuvo dobles “tercerillos” pues adquirió la parte de los Portales de san Antonio, donde instaló una droguería y perfumería. Lo mismo ocurrió en los números 11 y 12 cuando en 1946 “La Costa Azul”, de Manuel González Peláez, amplía “Sederías Doyes” con su anexo de tejidos y confecciones “El Metro”, con entrada por los Portales de san Antonio.