19 mayo 2022
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Los nuevos excluidos sociales

17 dic 2021 / 03:00 H.

    NO me considero un analfabeto en esto de las nuevas tecnologías, ni mucho menos. Tampoco soy un súper experto que anda todo el día a la última y pendiente del manejo de los aparatos informáticos que se han vuelto imprescindibles en los últimos años. Más bien soy un usuario normal que escribe en ordenador, envía los correos electrónicos, navega por internet, compra los billetes de tren por la página de Renfe, siempre y cuando esta funcione correctamente, algo que no sucede habitualmente. También hago una parte de las gestiones bancarias por esta vía y, eso sí, me vuelvo loco con las claves, contraseñas y los mensajes que envían por el móvil para garantizar la seguridad. Han sido ya bastantes las ocasiones en las que me han bloqueado el acceso a las cuentas por haberme equivocado en alguno de los pasos a dar y he tenido que pasarme por la sucursal bancaria a conseguir nueva identificación, claves y demás zarandajas. Evidentemente utilizo uno de los esos teléfonos llamados inteligentes.

    Escribo el largo preámbulo anterior para poner de manifiesto que, si a un servidor le sucede esto con más frecuencia de la deseado, no quiero pensar el suplicio que deben padecer las personas de más edad, que no dominan algo de las nuevas tecnologías, que no tienen un teléfono móvil inteligente, sino uno normal, que solo sirve para hacer llamadas. Me pregunto cómo se arreglarán estas personas, un colectivo que todavía es muy numeroso, para solucionar sus asuntos bancarios o los burocráticos relacionados con la Administración y especialmente algo de vital importancia para ellos, como son todas las cuestiones relacionadas con la salud y la sanidad. Como no tengan algún hijo, familiar más o menos cercano, amigo o simplemente alguna persona que ayude, no es que estén en riesgo de exclusión social, es que se encuentran en exclusión social.

    Me puso sobre la pista el compañero de este periódico, a la vez que amigo, Manuel Muiños, que está siempre tan preocupado por los problemas sociales. Recuerdo que hablábamos de los colectivos excluidos socialmente o en riesgo de exclusión social, de las personas desfavorecidas, de todos aquellos que sufren alcoholismo, drogas o graves problemas para llegar a fin de mes. Y, de pronto, Muiños me alertó sobre ese nuevo riesgo de exclusión social, por no disponer de los conocimientos o de los medios necesarios para enfrentarse a este nuevo mundo moderno, en el que se da por hecho que todos debemos tener un “chisme” a la última, una buena conexión a internet (algo de lo que se carece en muchos pueblos de nuestra provincia) o la sabiduría para manejarse en las nuevas tecnologías. Puede parecer un asunto menor, pero creo que no lo es, ni mucho menos. Se hace necesario buscar soluciones para estos colectivos. Y lo resumo en dos ejemplos: ni los bancos se pueden quedar sin atención presencial, ni las Administraciones pueden obligar a que las gestiones sean telemáticas.

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