05 diciembre 2022
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Londres, un río de lágrimas

26 sep 2022 / 03:00 H.

    Hemos vivido dos semanas lacrimógenas en Londres desde el día de la muerte de la reina Isabel II al de la despedida de Roger Federer. Admito que son acontecimientos bien distintos en fondo y forma, aunque convendremos en que, en ambos casos, rebosantes de emoción. Los fastos conmemorativos por la muerte de la monarca han ocupado más de diez días y han terminado por generar más memes que lágrimas en las redes sociales, debido, en gran medida, a la desproporción de las celebraciones, los viajes del féretro de un país a otro y la enormidad de los homenajes. En su favor, el respeto y cariño de su gente, así como el reconocimiento general recibido por la práctica totalidad de los países en todo el globo.

    No deja de sorprenderme que alguien que se va deje escrito, preparado y hasta ensayado su interminable funeral, digno, eso sí, de la largura del reinado. Como español, reconozco cierta envidia por ese respeto a la monarquía en aquel país, cuyo formato es el mismo que tenemos en España: una monarquía parlamentaria. Se han recordado muchas cosas, como que la casa real inglesa no paga impuestos, que la reina tenía varios negocios y que su fortuna es incalculable, aunque se han dado muchas cifras seguro que acertadas ¿Se imaginan el panorama, si trasladásemos esas mismas cuestiones a la Casa del Rey?

    Para mí, el mayor de los memes ha sido ver a los presentadores de los noticiarios y de los programas magacines de riguroso luto. O sea que a los de aquí hay que tratarlos a patadas, poner en duda sus vidas, sus sueldos, su dedicación, sus agendas, sus aciertos y sus errores, que eso me parece no solo bien sino necesario, mientras guardamos el rigor protocolario ante una señora, Dios tenga en su Gloria, que poco o nada ha tenido que ver con nosotros. Pasaré por ser un insensible o cosas peores, qué le vamos a hacer. Cuando no entiendo nada, así lo expreso, reconociendo, eso sí, el hueco innegable en la historia que deja su figura.

    Y cuando habíamos dejado de llorar, Federer y Nadal rebosaron de lágrimas Londres, en una especie de fin de fiestas de los fastos. Qué quieren que les diga, respeto total a las derramadas por su majestad, aunque me quedo con el ejemplo de los tenistas: su esfuerzo indescriptible, renunciado también a una vida común por llegar a ser los mejores; su lucha por ganar, respetando siempre a sus rivales, al juego, a las reglas y hasta a la amistad y a la familia. Rafa Nadal fue a Londres a perder un partido con su rival Roger Federer, porque sabe que parte de su grandeza tiene que ver con que él haya existido, y que eso le ha ayudado a convertirse en el tenista que es hoy. Lágrimas de emoción como esas me gustan más que las otras, que solo rinden homenaje a un estatus regalado, de dudoso gusto, lucro personal y apego a unas tradiciones que yo revisaría, por si acaso.

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