31 octubre 2020
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La vuelta de la historia

    Hace unos días comentaba que España iba a contra-historia, citando a Fukuyama, cuyo famoso ensayo - titulado “¿El fin de la historia?”-, no digo que haya leído todo el mundo, pero muchos saben lo que sostuvo hace más de treinta años el conocido politólogo americano. Después de la guerra fría, se habían acabado las ideologías y decenas de países caminaron hacia la democracia liberal, la que había derrotado ya los vestigios del absolutismo, luego al bolchevismo y al fascismo, y, por último, había triunfado sobre el marxismo (Hoy nadie recuerda que el español Gonzalo Fernández de la Mora, había escrito antes “El crepúsculo de las ideologías”). Eso pasó también en España, desde la dictadura franquista, pasando por la transición, para alcanzar la “democracia burguesa”, tan odiada por los comunistas. Bueno, pues ahora, vamos a contracorriente. En Europa (Rusia aparte), tener en el gobierno a los comunistas es insólito, contra la historia. Y aquí padecemos a Pablo Iglesias, profesorcillo de tercera división, demagogo de primera, y políticamente una víbora. Es decir, los españoles hemos vuelto desde la concordia a los garrotazos del cuadro de Goya, que el llamado Régimen del 78 había superado. Lo ha hecho posible-entre otros factores -, la Ley de la Memoria Histórica de Zapatero, y ahora Pedro Sánchez, no solo metiendo a los comunistas en el gobierno y otros centros del poder, sino preparando otra Ley de Memoria - ahora llamada “Democrática” -, que nos tememos será una revisión torcida del pasado, por la que las siguientes generaciones llegarán a decir “¡Vae victoribus!” (ay de los vencedores).

    Cuando hablo de comunistas, no me refiero desgraciadamente a los históricos que regresaron a España cuando se legalizó el partido. En el exilio habían ofertado reconciliación, y en el 77 la hicimos posible. Ahí están su legalización, el ejemplar comportamiento en el entierro de los abogados de Atocha, la foto de Pasionaria y Alberti presidiendo provisionalmente el Congreso, su riguroso ponente constitucional Solé Tura, los históricos, emotivos discursos de Sánchez Montero y Marcelino Camacho llamando al olvido y el abrazo. Nadie me tiene que contar del deseo de todos los constituyentes de una “patria común e indivisible”, ni la correcta relación con los viejos comunistas– algunos ex condenados a muerte durante el franquismo, como Solé Barberá -, en comisiones, debates, pleno. Los historiadores de la tertulia de Bonilla trajeron a compartir un café con nosotros en el desaparecido Gran Hotel a Santiago Carrillo, que en su día había llenado “La Glorieta”. A la Plaza Mayor y al Novelty vino anciano aquel violinista que amenizaba el café en los años treinta; o el sastre López Raimundo, que quería conocer nuestra hermosa ciudad. Sin irse de la provincia, aquella candidata al Congreso, la bejarana Lucía García. Los cachorros de ahora, por el contrario, no han sufrido persecución alguna, ni tienen callos en las manos, pero las tienen en el alma, y alimentan el rencor histórico que sus abuelos y padres (con la excepción de los del coletas), habían olvidado. Van contra la concordia, contra sus correligionarios de la transición, la Constitución, la Monarquía... ¡pero desde el mismísimo gobierno! Y como los matones del 36, la víbora con moño amenaza chulescamente a la derecha con no volver a estar en el Consejo de Ministros. Todo permitido, si no alentado, por el sanchismo. (Tras la última foto del Gobierno, vean como el presidente coge afectuosamente por la espalda, por la cintura, a Pablo Iglesias para subir juntos la escalinata). Única esperanza – remota -, que el mismísimo Felipe González ha dicho que combatirá la republiqueta de Iglesias, que anhela hacer de España la Venezuela europea.

    El problema político es gravísimo y evidente. Pero no es menor el económico. Afecta a los pequeños, medianos y grandes empresarios, que se han esforzado -algunos toda una vida -, en prestigiar un negocio, que con frecuencia desde la nada, han creado riqueza y puestos de trabajo, y contemplan desolados como todo se viene abajo. Valgan dos ejemplos dolorosos de quienes, desde la pobreza, por méritos extraordinarios, se hicieron grandes. Con la supresión de los viajes del INSERSO, nuestro paisano Hidalgo, el “Halcón” de Villanueva del Conde, tendrá que cerrar 500 de sus 600 oficinas de viajes de toda España. Y con las circunstancias particulares de Barcelona, nuestro también querido paisano Silvestre, tendrá que despedir a varios cientos de trabajadores de sus empresas. ¡Cuanto dolor y cuanta pena! Se habían ganado a pulso una vejez próspera y pacífica. Les doy afectuosamente ánimos. Ambos han salido de momentos muy delicados, y espero que puedan hacerlo también ahora. Pero entre la pandemia mal gestionada y los comunistas en el gobierno, lo tenemos muy crudo.

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