30 enero 2023
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¿Informar sobre los antecedentes?

24 ene 2023 / 03:00 H.

    El último caso de violencia machista en Valladolid nos obliga a plantearnos muy seriamente un conflicto de nuestra propia sociedad.

    Entendemos que la voluntad de la Justicia, a través de las penas que imponen los tribunales, es la de reconducir a las personas que cometen los delitos, para poder devolverlas a la sociedad. La prisión debería servir para reformar los comportamientos..., pero no siempre lo consigue.

    Más allá de que haya quien asegure que en las cárceles se forma a los delincuentes y que lo son más cuando salen de ellas; lo cierto es que son muchos los que logran abandonarlas y reinsertarse en la sociedad con normalidad. Pero no suele ser el caso de muchos agresores sexuales.

    No incidiré hoy en la ley del ‘solo sí es sí’ y en esa espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas por obra y gracia de un error del Ministerio de Igualdad que lleva doscientos y pico beneficios de condena y unas cuantas excarcelaciones; de eso se habla todos los días y parece no solo que de lo mismo, sino que la ministra Irene Montero y sus secuaces son incapaces de reconocer su error y reparar a dónde nos está llevando (el Gobierno no debe de tener herramientas para parar este desaguisado... si no, no se entiende).

    Me quiero referir a otro asunto que también atañe a este momento de cada vez mayor violencia machista en nuestro país.

    El presunto autor de los hechos de la madrugada del lunes en Valladolid, que apareció con heridas de arma blanca, junto a los cuerpos sin vida de la mujer y la niña asesinadas tenía antecedentes de violencia de género. No con esta mujer que ahora era su pareja, sino con una anterior... La pregunta es ¿lo sabía la víctima?

    Cabe la posibilidad de que él sí se lo hubiera contado y de que ella, como tantas mujeres, pensara que en su caso él sería distinto, que podría cambiarlo y redimirlo.

    Es una creencia muy habitual entre las mujeres desde el propio mito de Don Juan; pero también puede ser que ella no supiera nada de sus agresiones previas y, por tanto, no hubiera tenido la oportunidad de decidir si quería jugar a la ruleta rusa o no.

    ¿Debería ser obligatorio informar sobre los antecedentes?

    El asunto es delicado y muy discutible, porque realmente tambalea la esencia de nuestro Estado de Derecho y su vocación de rehabilitación, pero en tiempos de tantos asesinatos de mujeres y tanta impotencia para evitarlos es imprescindible plantearse la cuestión.

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