19 febrero 2020
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Golazos del Unionistas

27 ene 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Así es, más allá del resultado final, el gran gol del Unionistas y por la escuadra lo ha marcado su gente, su afición. Esa familia entregada, fiel y leal a sus principios y valores. Sentados se quedaron muchos, sobretodo los interesados, cuando vieron la negativa del Unionistas para aceptar la publicidad de las casas de apuestas y del ámbito de la prostitución. Está bien que en el deporte queden almas con corazón y sentimientos, capaces de posicionarse en defensa de aquellos valores en los que creen sin prostituirse abriéndose de piernas al mejor pagador, algo que últimamente está muy de moda en muchos sectores de la sociedad.

El segundo golazo del Unionistas lo marcaron al aguantar la presión de quienes trataban de sembrar la semilla de la cizaña, y el vinagre de la envidia que todos tenemos en nuestro granero y en nuestra bodega. La familia del Unionistas fue capaz de saltar al terreno de juego con su equipo, como siempre hace, para compartir su ilusión, su esperanza, su pundonor,... su nobleza. La nobleza propia de la raza castellana en general y del salmantino lígrimo en particular.

“Sensacional el club, la imagen y la afición” eran algunos de los elogios que los comentaristas hacían ante la actitud y comportamientos del equipo en el terreno de juego y de sus seguidores en las gradas. Que cunda el ejemplo en esta Salamanca nuestra, tan necesitada de hacer equipo y sudar la camiseta, para no salir derrotada en este momento histórico que nos toca vivir.

Ojalá ese entusiasmo con el que vibraba la afición unionista antes, durante y después del partido se convirtiese en una especie de gripe contagiosa para toda Salamanca, capital y provincia. Sería estupendo que todos estornudáramos expulsando la tontería y la necedad que nos impide ver que vamos camino de la UVI. Aunque no sé de qué hospital, porque lo que es del de esta ciudad cada vez es más complicado y al paso que vamos tendremos UVI moderna y hospital moderno, pero sin médicos ni enfermos. Los primeros porque se habrán ido, no habrán llegado o estarán discutiendo entre ellos para ver a quien nombran jefe de servicio, mientras los segundos se habrán muerto esperando a que se pongan de acuerdo y les atiendan. Lástima que con tan buenos profesionales estemos perdiendo posiciones en la capacidad de respuesta sanitaria y, en lugar de darlo todo en el campo de la salud, muchos se dediquen a echar balones fuera o a dejar que grandes profesionales se queden fuera de juego, mirando solo por sus propios intereses, ajenos o cuando menos alejados de un código deontológico digno de todo galeno que se precie. No todo en la vida se arregla a golpe de talonario, ni la prostitución es exclusiva de ciertos locales.