13 junio 2021
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Galbana y modorros/as

11 jun 2021 / 03:00 H.

    Según el Diccionario de la RAE, fuente inagotable de información, galbana es “pereza, desidia o poca gana de hacer algo”. Se trata de una palabra que fue muy habitual en tiempos pasados por nuestra tierra y que, poco a poco, sobre todo en el caso de las generaciones más jóvenes, está cayendo en desuso. Y bien podría decirse que galbana es lo que han tenido los sucesivos Gobiernos españoles, incluido el actual, a la hora de defender nuestro idioma en Bruselas. En los últimos días, el Ejecutivo de París ha pedido en la capital comunitaria que, a la vista de que el Reino Unido se ha marchado de la UE, se hace necesario, no eliminar el inglés como lengua de trabajo, pero sí reducir su peso e importancia favoreciendo, en su caso, el francés. Recuerdo que, cuando comencé a ir a Bruselas, a principios de la década de los ochenta, en aquel momento con España fuera de la UE, el francés era lo dominante, tanto en las conversaciones en los pasillos de las Instituciones comunitarias como en los documentos que se utilizaban. El primer papel que salía siempre estaba redactado en francés y no en inglés, a pesar de que el Reino Unido llevaba ya unos cuantos años como miembro de pleno derecho del club comunitario. Sin embargo, con el paso del tiempo se ha ido imponiendo este último y ahora la mayor parte de las conversaciones son en inglés y las primeras versiones de los documentos de trabajo también están redactados en este idioma.

    Han insistido los de París, con toda la razón del mundo, en que, puesto que los británicos se han ido por su voluntad, se dé más importancia al francés. Me pregunto, por qué el Gobierno de Sánchez no aprovecha la ocasión para reinvicar un mayor uso del español en el funcionamiento de las Instituciones comunitarias. Ya sé que por mucho que nos empeñemos no se va a desbancar al inglés, pero digo yo que será necesario plantear batalla y no darla por perdida de antemano. Nos tenemos que creer de una vez por todas que el principal patrimonio de nuestro país es el español, que hablan cerca de 550 millones de personas, más del doble que el francés. Además, sin ir a Bruselas, habrá que empezar aquí mismo a reivindicar lo nuestro. Y lo explico con un ejemplo de ayer mismo. La llamada Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), presidida por Tomás Pascual, de Leche Pascual, y dirigida por un tal Mauricio García de Quevedo, organizó un evento denominado, y pido perdón con antelación, “Food and Drink Summit”. Como dirían en mi pueblo, hace falta estar modorros, otra palabra en desuso que significa “inadvertido, ignorante, que no distingue las cosas”. Pues eso.

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