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Opinión

Sin noticias de Gurb

Era el paródico y satírico diario de un extraterrestre aterrizado en la Barcelona preolímpica que tomaba notas sobre sus absurdos y grotescos personajes

Lunes, 22 de abril 2024, 05:30

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Me divirtió tanto aquella novela de Eduardo Mendoza que todavía sonrío, un acto reflejo, al descubrir su lomo polvoriento aparcado en segunda o tercera fila, agazapado en esa biblioteca personal que quizá nunca llegue a ordenar del todo. A cierta edad, empieza uno a resignarse. Sin noticias de Gurb, se titula. Era el paródico y satírico diario de un extraterrestre aterrizado en la Barcelona preolímpica y que, desde el punto de vista aséptico del observador ajeno a la realidad de España, casi como en un cuaderno de campo, iba tomando notas sobre sus absurdos y grotescos personajes. Entonces una bocanada fresca y lúcida. Hoy ya un clásico. Me pregunto qué escribiría Gurb en su libreta si hoy echase de nuevo un vistazo. No, no sería posible hoy esa novela porque la realidad de España está tan pasada de rosca que el argumento carecería de credibilidad. Sería como una de esas series que, tras una brillante primera temporada, son retorcidas en las siguientes hasta el disparate, por guionistas obligados a seguir inyectando giros, a cual más delirante, con el sólo objetivo de mantener a los adictos pegados a la pantalla. Así es hoy nuestra actualidad. Me levanto por la mañana, ojeo los portales de los periódicos españoles y no se bien si me están intentando vender un relato distópico de serie B o si los chicos se dejaron encendida la Play anoche y se trata de algún enloquecido escape room en el que el reto consiste en encontrar la salida. Y lo peor es que no la hay. No al menos cuando se trata de la política. Nos gobierna un presidente que no ha ganado unas elecciones en su vida, aunque quiénes en realidad mandan son unos micropartidos cuya meta es desmantelar el país que supuestamente dirigen. Lean hoy los titulares y comprueben por sí mismos cómo las bombas lapa y los tiros en la nuca cosechan votos democráticos. ¿Y los votantes? Pues soportando la mayor carga fiscal de la Unión Europea en proporción a los salarios, pero ya se encarga el gobierno de repartir prebendas si votan como dios manda, que es como manda él. Si las calles no están ardiendo en manifestaciones diarias de protesta es por la lógica del ciego del Lazarillo: «¿Sabes en qué veo que las comiste de tres en tres?, en que comía yo de dos en dos y callabas». No han inventado nada los magistrados del Constitucional. Así es también como llegan a altos cargos de Exteriores desafortunados funcionarios que sacan al presidente de España de gira a hacer el ridículo, a pedir apoyos para los palestinos precisamente en vísperas del ataque de Irán, que obliga a todo líder del mundo libre a hacer declaraciones a favor de Israel. El don de la inoportunidd hecho diplomacia. Y si nadie se revuelve contra la estatalización de las grandes empresas, un atraco a mano armada al orden económico liberal, es porque se van a repartir puestazos megapagados a mansalva y nadie quiere quedarse fuera del sorteo. Porque si Sánchez sigue ahí, como Puigdemont sigue en su escaparate, es con el consentimiento de las élites económicas española y catalana. No lo pudo decir más claro Garamendi en 2021: «Si las cosas se normalizan, bienvenidos sean los indultos». Así que podemos darnos por vendidos. Llegados a este punto, nos queda la ficción. Zambullirse en la última novela del vallisoletano Gellida y descansar así de la realidad. Evadirse en crudos relatos cuya más indiscutible virtud es que son sólo una invención. Para, al cerrar el libro, gozar de la necesaria serenidad para aquilatar el propio proceder. Quizá dentro de otros cuarenta años leamos la hemeroteca de esta trémula actualidad con una sonrisa, con la perspectiva alienígena de quien se sabe ajeno a todo este embrollo de años veinte. Con la sola idea de que sigamos leyendo ya me conformo. A cierta edad, empieza uno a resignarse.

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